La fuerza de pensar

Deportes 12/01/2018 Por
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Una vez me propuse desmitificar mitos. La lectura deportiva había cambiado en su variedad y mi propósito fue convertir este apartado en un lugar de verdades encontradas y mentiras surgidas a la luz. Recuerdo: “mis primeros procedimientos eran otorgarle al lector un argumento sencillo para tal tarea, por ejemplo, “el abdomen es un fuelle y no existe alto medio e inferior sino darle variantes de contracción a ese bandoneón humano”. También intenté desarrollar con afirmaciones cuales eran los ejercicios buenos de los superfluos, porque cambiar un ejercicio o, suplantarlo sí es más eficaz (y ahí es donde no me daba cuenta cómo los jóvenes actuales iban rumbo a nuevos pensamientos, donde su tiempo vale oro, escribo oro y me doy demasiada cuenta de ser de otra generación, dejo la sonrisa que me provoca y continúo. Los nuevos jóvenes tienen la variedad por insignia mientras nosotros presenciábamos la costumbre) tampoco creí saludable cambiar los hábitos, porque como un péndulo, el hábito tira más para su posición confortable hasta el mismo reposo. Ideé frases para la desmitificación, como “uno es lo que come”, “como las ruedas de una bicicleta el entrenamiento y la nutrición deben ir”, “el secreto es comer adecuadamente, entrenar como Hércules y descansar como un oso”. Entre estas frases siempre me dije: de tanto leer, ¿qué saqué en conclusión inmediata?… que somos argentinos, no podemos ir en detrimento, nuestras costumbres deben aflorar, cambiar carencias pero no importar costumbres”. Nosotros somos mates y salame, somos siesta y trasnoche, somos amigos y luego compañeros, somos vistos por los demás y halagados si no nos la creemos, porque para creídos estamos también.
Cambié la técnica por biomecánica, insistí en mi método como único e inigualable, en momentos de joven me creí la grúa de Arquímedes de Siracusa para convertirme en la palanca de él. Los deportes de levantamiento tienen demasiado de física para no recordarlo: Arquímedes decía: “denme un punto de apoyo y moveré el mundo” y siento cuánta razón tuvo.
En fin, podría escribir cientos de hojas donde la frase primordial sería “zapatero a su zapato” y a quien desee leerme, y, desde mi humilde ubicación y su verdadero sentido, demostrarle con esfuerzo que el deporte tiene más de empírico que de tanto libro y método, para eso está la física, y que si todos nos trabajamos podemos crear a un nuevo deportista, mejorado desde su cabeza y escuchándonos.

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