Un cuento de Navidad

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ESPERAN./ Que una familia humana sepa incluirlos.
ESPERAN./ Que una familia humana sepa incluirlos.
¡Regalar un perro para Navidad…! ¿Y de la calle? Haceme el favor, querés… No me van a negar que alguna vez escucharon esta egoísta reflexión. Yo respeto a quienes no les gustan los perros, y los gatos, las mascotas en general… Hay quienes ni quieren tener plantas porque dan trabajo… En fin, los respeto. Y existimos quienes amamos la vida en todas sus manifestaciones. Me permito incluirme. Esto me motiva para contarles que los cuatro que aparecen en la fotografía, esta Navidad la van a pasar así… ¡esperando! A los dos de adelante los llaman “Los melli”. Son rubios, machos adolescentes si se me permite el término. Ya no son cachorros, son muy jovencitos. La vida les dio la espalda cuando recién nacieron porque su mamá murió cuando todavía los amamantaba. Junto a sus tres hermanitos fueron levantados en un baldío de un barrio de nuestra ciudad. El cuadro era desolador. El bicherío los cubría por entero, sus cuerpitos resistían sólo Dios sabe cómo. Los tres hermanitos fueron adoptados. Los Melli todavía no. La tercera en la foto es “Frida”. Una hembra joven, de buen porte, que vaya a saber quién la depositó en un pozo en medio del campo. Había terminado de parir sus cachorros. Víctima del desprecio de su familia ¿humana…? Quedó en manos de la intemperie, y yo agrego, en manos de Dios. Quién dio aviso no lo sé, pero se venía una tormenta brava. Meli y los ángeles que siempre aparecen para ayudarla fueron hasta el pozo. La sacaron con sus cachorros apenas antes de que la furia del viento suelto en el campo se los llevara volando o los ahogara la lluvia. Sus cachorros lograron la adopción de familias, de las buenas familias, de las que están seguras de lo que hacen y no se ponen a devolver a los adoptados porque lloran, ladran, o hacen caca donde no deben. Ellos fueron felizmente adoptados. Frida todavía no. “Chizo” es el cuarto en la foto. Permanece echado, no le gusta posar, parece desilusionado. Es un macho adulto, grandote. Se me ocurre el protagonista del tango “Desencuentro”, ¿se acuerdan? “Estás desorientado y no sabés Que trole hay que tomar para seguir Y en ese desencuentro con la fe Querés cruzar el mar y no podes… El hombre que ayudaste Te hizo mal dale que va … Que desencuentro Si hasta Dios está lejano Lloras por dentro …Todo es cuento, todo es vil…” Meli con el imponderable equipo que responde al bien, lo levantaron un sábado a la mañana de un cantero en pleno bulevar Santa Fe de nuestra querida Rafaela. Lleno de gente el centro, nadie se paró a ayudarlo. ¡Nadie lo vio! Era cerca del mediodía y apuraba el vermú y el almuerzo… Alguien se va a encargar de este bicho habrán pensado mientras lo saltaban para no pisarlo. Quiero imaginar que no lo miraron bien. El animal en el suelo (no el que lo saltaba) tenía el cuello abierto y se estaba desangrando. Urgente en una veterinaria le cerraron la herida, le colocaron antibiótico y suero, y le hicieron todo lo que había que hacerle. ¡Sobrevivió! Pasó a la lista de espera para adopción responsable. Nadie lo reclamó como suyo. Callada la canallada de dejarlo tirado, lo que les debe haber preocupado antes que la salud de la mascota, era cuánto podía llegar a costar la Veterinaria… Explico que en estos y casi todos los casos, armamos “una vaquita”. Ponemos lo que cada uno puede y se realizan ventas de comida, de tortas, bingos, pastelitos. Menos la madre vendemos todo y se logra pagar el trabajo de los médicos veterinarios que pacientemente, muchas veces nos hacen precio, y esperan. Hay mucha gente que no participa de los rescates pero alcanza la ayuda que se precisa para cerrar los casos. En la lista de adoptables muchos ya lograron partir. Chizo todavía no. Esto pretendía ser un cuento de Navidad pero la realidad me superó. Todos los cuentos tradicionales de esta época navideña terminan con un final feliz. Para los Melli, Frida, y Chizo la Nochebuena seguirá siendo solitaria. Tendrán agua y comida y un poco de mimos que les lleva Meli, pero después solo la luz de las estrellas los alumbrará en el patio de la casa prestada y deshabitada donde por ahora pueden vivir. Muchas mascotas compartirán con sus familias humanas el buen deseo de ¡Feliz Navidad! Los Melli, Frida y Chizo todavía no. Mis lectores amigos pueden darle un final feliz a esta historia. No es un apriete, no es una obligación, estas cosas sólo se hacen de corazón. ¡Una luminosa Navidad para todos ustedes!

 

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