Argentina triste

Editorial 20 de diciembre de 2017 Por
La Argentina tuvo el lunes una de sus peores y más lamentables imágenes.

Se puede estar de acuerdo o no con el proyecto, es más, desde esta sección y desde otras del Diario se ha señalado que esta iniciativa de recortarles fondos a los jubilados en absolutamente negativa, por donde se la analice. Es que ni siquiera algunos de los legisladores oficialistas, al igual que otros funcionarios del gobierno, pudieron explicar con claridad y convencimiento los efectos que tendrá esta ahora probado proyecto de reforma previsional, que más que reformista, es lisa y llanamente, sin más vueltas, una forma de limitar parte de los futuros ingresos de los jubilados, así se haya incorporado el bono que se entregará por única vez en el próximo mes de marzo.
Y volvemos al comienzo, en la introducción damos cuenta de la libertad de pensar y de actuar en consecuencia, pero siempre dentro de los límites, normas y convicciones que establece la convivencia, con aquella sencilla premisa que da cuenta que la libertad de uno termina donde empieza la del otro. Es legítimo el rechazo, y puede ser ejercido de las más diversas maneras, como fue con la postura clara y contundente de algunos legisladores durante la sesión, o bien con los cacerolazos de numerosos grupos de vecinos que manifestaron en Buenos Aires, o bien las movilizaciones que hubo en el interior del país, como ocurrió en Rafaela, donde gremios y organizaciones sociales marcharon y expresaron su disconformidad y rechazo.
Lo que no corresponde en cambio, son estas verdaderas tropelías a cargo de grupos violentos que destruyen absolutamente todo a su paso, decididos a enfrentarse con todo con las fuerzas de seguridad, con ataques desmedidos y provocaciones que exceden todo lo imaginable, para provocar la réplica y poder de esa manera victimizarse. Queda la sensación de estar buscando una situación extrema como es la de víctimas fatales, cuya historia lamentablemente conocemos, con epílogos que significaron bajarle el telón al gobierno.
Los enfrentamientos y choques entre manifestantes y fuerzas de seguridad no son una acción desconocida, mucho menos espaciada, pueden registrarse cuando se producen esta clase de situaciones, producto de posicionamientos tan distantes. Esta vez en cambio, existieron otros ingredientes que marcaron una enorme diferencia con anteriores confrontaciones de este tipo, ya que el grupo de vándalos y delincuentes que convirtió a la Plaza del Congreso en un campo de batalla, fue exactamente para eso, destruir, atacar con violencia extrema y arrasar con todo lo que encontraba a su paso, destrozando comercios, automóviles, vidrieras e incendiando todos los elementos posibles. 
Este grupo de choque -que algunos llegaron a decir que sus integrantes mantenían contacto con diputados que estaban en el interior de la Cámara para tratar el proyecto-, estaba equipado para una acción tan tremenda como la que pudo verse en las imágenes de la televisión, llegando con máscaras que les cubrían el rostro, palos, gomeras, masas -que utilizaron para destrozar monumentos, bancos y otras ornamentaciones de la plaza, convertidos en proyectiles que como una lluvia cayeron sobre los uniformados. Pero además todos esos activistas del desorden y de la violencia, llegaron con elementos punzantes y también con bombas incendiarias molotov, e incluso con un improvisado lanzador de bombas caseras utilizado por quien fue identificado como militante de la izquierda de Santa Fe -habiendo sido precandidato a diputado en 2015-, actuando de una manera que podría calificarse de sincronizada, con acciones estilo pinzas para acorralar a las fuerzas policiales, atacadas desde todos los frentes.
Este violentísimo accionar de estos grupos, como decimos, de improvisado o de reacciones inesperadas y generadas por el momento, no tuvo absolutamente nada. Llegó al lugar con equipamiento para causar el mayor destrozo y enfrentar decididamente a los uniformados. Que se mantuvieron sin replicar durante varias horas, tal dispuso esa insólita decisión de la jueza López Vergara del no uso de armas por parte de los policías, hasta que el choque se hizo inevitable.
¿Hasta cuándo se deberán soportar semejantes muestras de violencia? Y además, cuando hay detenidos, siendo liberados casi de inmediato. Acaso ¿estamos en el país del vale todo? Sin dudas, la Argentina está triste...

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