La salud para el desarrollo humano

Notas de Opinión 05/12/2017 Por
Leer mas ...
MANES. El autor de la nota. FOTO ARCHIVO
MANES. El autor de la nota. FOTO ARCHIVO
Por Facundo Manes (*)

Las transformaciones en los sistemas de salud a nivel global en el último siglo contribuyeron a duplicar la esperanza de vida y, asimismo, mejorar la calidad de vida de los seres humanos a nivel mundial. Por todo eso, la salud ha dejado de asociarse exclusivamente a la lucha contra enfermedades y cobró una relevancia central en aspectos fundamentales del desarrollo humano como la prosperidad, el crecimiento económico, la calidad educativa, el futuro del trabajo, la cohesión social y la calidad de vida.
Un buen ejemplo del círculo virtuoso que surge de la integración de la salud con otros campos se da con la educación. Por un lado, un mayor nivel educativo se asocia a mejores niveles de salud; estas mejoras se reflejan en una mayor adopción de hábitos saludables, una reducción de conductas riesgosas, una mejora en los niveles de salud sexual, reducción en la mortalidad infantil y una mayor utilización preventiva de los sistemas de salud, entre otros. Y por el otro, la salud también tiene un considerable impacto sobre la educación; la salud durante la niñez y la adolescencia juega un importante rol en el desarrollo cognitivo y la capacidad de aprendizaje, así como en la reducción de los niveles de ausentismo y abandono escolar.
Otro ejemplo de esta retroalimentación positiva se da entre la salud y la justicia. Estudios internacionales muestran que aquellas personas privadas de su libertad que gozan de buena salud física y mental durante el cumplimiento de su condena presentan menores tasas de reincidencia tras su liberación. Una buena salud favorece los procesos de rehabilitación y readaptación y mejora la interacción entre personal penitenciario y los internos. Como en el caso de la educación, las políticas sanitarias cumplen un rol fundamental en las personas en contexto de encierro, como por ejemplo aquellas orientadas a reducir el abuso de sustancias.
La salud obviamente está ligada fuertemente al mundo del trabajo. Las enfermedades crónicas no transmisibles -la enfermedad vascular, el cáncer, la enfermedad respiratoria crónica y la diabetes- impactan sobre las oportunidades laborales a las que puede acceder una persona, así como sobre su productividad y su decisión sobre la edad de jubilación.
Por esto y, principalmente, por su bienestar se debe trabajar en programas de salud para los trabajadores, brindando información nutricional, considerando el tiempo y facilidades para hacer ejercicio, concientizando en la toma de presión arterial, estableciendo el plato económico como el más saludable, entre otras actividades. A pesar de un avance a nivel mundial, existen inequidades persistentes en materia de acceso y calidad de los servicios de salud. Dichas inequidades no solo se manifiestan entre países, sino también entre grupos poblacionales dentro de los mismos. De acuerdo al Informe Nacional sobre Desarrollo Humano 2017, elaborado por el Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), en la Argentina “conviven sectores de altos niveles de ingreso, salud y educación, con amplios sectores de niveles bajos y muy bajos de ingresos y de acceso a la salud y la educación, que padecen alta informalidad laboral y habitacional”.
La responsabilidad de reducir estas desigualdades no puede recaer de manera unívoca sobre un área o actor determinado. Los esfuerzos tendientes a reducir las brechas deben necesariamente integrar los diferentes componentes que hacen al desarrollo humano. La vivienda y el medio ambiente, por ejemplo, son elementos que afectan a poblaciones vulnerables y que impactan directamente sobre la salud humana. La evidencia señala que los niños en hogares temporarios o con déficit habitacional estructural presentan diferencias en la prevalencia de patologías físicas y mentales, así como en su expectativa de vida. Entre los mecanismos a través de los cuales el medio ambiente puede impactar sobre nuestra salud se encuentran la alteración de la disponibilidad de agua y aire limpios, las temperaturas extremas o el cambio en los patrones de contagio de las enfermedades. Existen opiniones que promueven la idea equivocada de que primero se debe lograr el crecimiento económico y, una vez alcanzado, debemos esperar que suceda el desarrollo humano. Existe vasta evidencia que contradice estas ideas, y da cuenta del impacto positivo de una buena salud sobre el crecimiento del producto bruto interno (PBI) per cápita en países de ingresos medios y bajos. Es decir: las mejoras en la salud de un país traccionan el crecimiento económico y están asociadas a un beneficio en otras áreas fundamentales (por ejemplo, seguridad y educación). Por el contrario, una mala salud es un obstáculo para el crecimiento. El desarrollo económico sin priorizar en la inversión efectiva en las personas no es sostenible y no logra un crecimiento equitativo.Todos estos ejemplos nos muestran la importancia que la salud tiene en el desarrollo humano y nos impulsan a pensar soluciones a problemas públicos que se nutran de un diálogo sostenido y consistente entre diversas disciplinas, actores e instituciones. Solo el trabajo colaborativo nos va a permitir construir un sistema de salud fuerte, accesible y sustentable que brinde prevención y asistencia adecuada a todas las personas sin discriminación y para hacer frente a los desafíos de salud persistentes y emergentes. Solo así podremos garantizar una vida plena y una verdadera promoción del bienestar general para el presente y para el futuro.
(*) Doctor en Ciencias de la Universidad de Cambridge, neurólogo y neurocientífico. Rector de la Universidad Favaloro e investigador del CONICET.

Te puede interesar