Sensaciones y sentimientos

Sociales 02/12/2017 Por
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EL IDIOMA POBRECITO
Nadie lo defiende.
O pocos, cuando sienten que se ha pasado con él la raya de lo permitido.
El problema viene de lejos en nuestro país. Desde el ya tradicional “delivery” para darle categoría al de poco estatus “reparto”, hasta los muy recientes “black friday” y “blessing party”, el idioma, severo padre a veces y, siempre, orientador de nuestras palabras, está siendo agredido por todos los costados.
Una de las fuentes más abundantes, actualmente, es el inglés, que con la vanguardia del “sale” y del “off”, ganó el espacio simple y cotidiano de comprar los productos de uso habitual.
Otra vertiente que deja sus aguas en una confusa desembocadura es la de las palabras mal usadas, es decir dándole un significado distinto del que tienen. Hay ejemplos ya históricos del uso de “evento” y de “sofisticación”: “Juan Juanez, organizador de eventos” en tarjetas de presentación o, en la enunciación de noticias “Se le secuestraron armas sofisticadas”. Nunca se puede organizar un evento, ya que con ese solo hecho, deja de serlo, y un arma, por su parte, difícilmente pueda ser sofisticada.
Dentro de los usos incorrectos, está el de inventar verbos. Colocar algo en el freezer, se ha convertido, insólitamente, en “frizar” y, descansar en una hamaca paraguaya (del audio de una publicidad televisiva), resulta, sin lógica ni fundamento, en “hamacaparaguayándose”.
Como estrellas de esta nueva superproducción que es la vida cotidiana, tienen un cartel especial, posiblemente por frecuentar altos espacios de gestión política, los modos de decir “violencia de género” y “femicidio”. Lo primero es una construcción gramatical que sugiere que una prenda de vestir (o un género) atacan a alguien y la segunda un agregado innecesario, ya que la tipificación del siempre lamentable hecho es “homicidio”, cuando se trata de nombrar un asesinato que sufre un ser humano. La palabra femicidio no existe en nuestra lengua.
Asimismo, merecen un párrafo aparte los nombres genéricos, esos que aluden a todas las personas, independientemente de su sexo. “Alumnos”, “chicos”, “niños”, “escritores”, “cumpleañeros” son ejemplos de abuso de significado cuando se les agrega seguidamente el modo femenino. Se argumenta a veces que agregarles el femenino a continuación implica la inclusión, pero no es así: contrariamente, se establece una segregación. Si la escuela, grupo o entidad es mixta en cuanto a quienes van a cursar estudios (o concurren y /o participan), la tan nombrada “inclusión” ya está sobreentendida y sus participantes indudablemente insertados, y configura un abuso innecesario del idioma, al sugerir que se precisa la variante de mencionar explícitamente el género femenino.
Para todos los casos y órdenes y circunstancias de la vida, la generalización en el uso de vocablos y expresiones de lenguaje por personajes mediáticos (“niños y niñas”, “ciudadanos y ciudadanas”, “violencia de género”), no les otorga legitimidad y, en el caso de los medios de comunicación, ellos deben ejercer la docencia en el uso del idioma.
Si no se tienen en cuenta estos requisitos para el buen decir, esas variantes que se proponen diariamente son sólo innovaciones caprichosas que no aportan ningún beneficio y solamente satisfacen al oído de quien las pronuncia. Teniéndolas presente conseguiremos un modo cabal y seguro de comunicarnos sin que se haga necesario pensar en qué es lo que se nos ha querido decir con todo ese conjunto de palabras supuestamente nuevas.



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