En busca de… Lucas Molfino, médico sin fronteras

La Palabra 02/12/2017 Por
Lo humanitario como cruzada Nació en Rafaela, Santa Fe, en 1977. Es médico egresado en la UBA como especialista de medicina interna. Su actividad actual es la de Coordinador General de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Mozambique, Africa, institución a la que ingresó en 2006 trabajando en distintos contextos y problemáticas. Su experiencia, como la de tantos que integran este movimiento solidario universal, sirve como demostración del aporte que la gestión puede hacer para mejorar la calidad de vida de semejantes. De algunos aspectos de su trabajo conversó con LA PALABRA.
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1 / 2 - archivo Médicos Sin Fronteras - Bandera en alto: La de Médicos Sin Fronteras desde que llegó a la institución

LP - ¿Qué hecho relevante en tu vida permitió que decidieras tu ingreso a Médicos Sin Fronteras?

L.M. - No recuerdo hechos concretos que hayan decidido mi ingreso a Médicos Sin Fronteras. Tal vez pequeñas cosas, algunas coincidencias y muchas conjunciones que me fueron llevando a esto que hago hoy en día. Lo que sí creo como hecho relevante es que trabajar en el contexto humanitario y particularmente con esta organización me ayudó a tener una nueva forma de ver el mundo en que vivimos, quizás más realista, tratando siempre de ponerme en el lugar del otro y ser solidario con los que tienen más necesidades.

LP - ¿Cuál es tu actividad cotidiana en la organización?

L.M. - Mis primeros trabajos en Médicos Sin Fronteras consistieron en ser uno de los médicos del equipo en el terreno, donde el tiempo transcurría mayoritariamente asistiendo a los pacientes, gestionando los recursos de nuestro centro, compilando información y datos epidemiológicos, intercambiando información y capacitando al personal local. Luego, ya con experiencia en distintos contextos y posiciones dentro del equipo médico, fui pasando a puestos de gestión o coordinación, donde uno incorpora otros aspectos al día a día cotidiano. Ya como coordinador general actúo como responsable de la ONG en Mozambique, y trabajo articulando las  actividades de MSF con otras ONG y con el Ministerio de Salud, participando en los grupos técnicos donde discutimos distintos abordajes de salud pública, en este caso relacionados con el VIH y la tuberculosis. Ya no veo tantos pacientes como en otros roles que he tenido dentro de MSF, sino que ahora mi trabajo está mucho más enfocado en salud pública. Creo que los principales desafíos que tenemos hoy en día es consolidar nuestras actividades en lo que respecta a la tuberculosis (TB) resistente (TB DR) y a la tuberculosis extremadamente resistente (XDRTB), por lo que hay que fortalecer esas actividades, incorporando los nuevos medicamentos disponibles. Al mismo tiempo nos gustaría avanzar en el tema de las infecciones oportunistas en pacientes con VIH/Sida y garantizar un mejor y precoz diagnóstico de las falencias terapéuticas del tratamiento antirretroviral. Este año empezamos nuevas actividades relacionadas con las hepatitis virales, fundamentalmente garantizando el acceso a tratamiento con los nuevos antivirales a los infectados por hepatitis C, problemática que en Mozambique está centralizada en los usuarios de drogas inyectables.

LP - Lo que más te ha sorprendido de los pueblos con los que estás trabajando.

L.M. - Quizás lo que más me sorprendió y me sigue sorprendiendo es la capacidad de adaptación o de sobreponerse a la adversidad que tienen algunas personas. La entereza con que una familia huye de la guerra cruzando el Mediterráneo, o los que cruzan América Central escapando de la violencia cotidiana. O los que siguen tomando su medicamento contra la tuberculosis resistente a pesar de los numerosos efectos adversos que estos tienen. Todo eso no deja de sorprenderme

LP - Una anécdota sin fronteras con final feliz de las tantas que tendrás en tu memoria.

L.M. - De hace solo unos días: Sidney es un paciente de uno de nuestros centros de salud en Maputo, que llegó a nosotros después de transitar por varios centros de salud y hospitales. Finalmente pudimos diagnosticarle una hepatitis C en estadío avanzado, y fue el primer caso tratado con los nuevos antivirales de acción directa (DAA’s) en Mozambique. Sidney hoy está curado, pero hay millones de personas en el mundo viviendo con HCV que no tienen acceso a estos nuevos medicamentos, porque las compañías farmacéuticas bloquean el acceso a medicamentos genéricos a través del sistema de patentes. Con estas patentes bloqueando la producción de genéricos, millones de personas no podrán tener acceso a este tratamiento ya que los mismos permanecerán extremadamente caros en muchos países. Sidney hoy es el abanderado de la lucha contra la hepatitis C en Mozambique.

LP - Si tuvieras que hacer un balance de estos años en la institución ¿A qué resultados llegarías?

L.M. - ¡¡¡Que todavía queda mucho por hacer!!! 

Acerca de Médicos Sin Fronteras (MSF) en Mozambique:

Mozambique sigue luchando contra el VIH y ha puesto en marcha ambiciosos programas de diagnóstico y tratamiento temprano; no obstante, la epidemia aún afecta al 11,5% de los adultos. En Maputo, MSF atiende a pacientes con VIH en tratamiento con antirretrovirales de segunda o tercera línea y con enfermedades oportunistas específicas (como el sarcoma de Kaposi o la hepatitis vírica). También ofrece atención integral a personas con tuberculosis multi y extrarresistente a los medicamentos. Además, en 2016 lanzó un nuevo programa centrado en la hepatitis C y tres pacientes pudieron iniciar su tratamiento dentro de la Sanidad pública.

 

Acerca de Médicos Sin Fronteras (MSF):

Médicos Sin Fronteras (MSF) es una organización humanitaria internacional que brinda asistencia médica a poblaciones víctimas de catástrofes de origen natural o humano, de conflictos armados, de epidemias y de enfermedades olvidadas; sin ninguna discriminación por raza, religión o ideología política. Actualmente MSF cuenta con 468 proyectos de acción médica y humanitaria en 71 países, y con más de 6,1 millones de socios, donantes y colaboradores en todo el mundo. En 2016, MSF envió a terreno a más de 3.200 profesionales, que colaboraron con más de 32.000 trabajadores contratados localmente por la organización. En reconocimiento a su labor humanitaria, MSF recibió el Premio Nobel de la Paz 1999.

por Raúl Vigini

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