El rojo comercial

Editorial 28/11/2017 Por
La balanza de exportaciones e importaciones cerrará el año con déficit de 8.000 millones de dólares.

Queda sólo un mes para cerrar el balance comercial del año y las perspectivas son más que comprometidas, pues todo indica que se terminará diciembre con un rojo de cerca los 8.000 millones de dólares, duplicando lo que había imaginado el Ministerio de Hacienda y encaminándose a convertirse en récord, es decir, el mayor déficit de la balanza comercial de toda la historia argentina. Como señal, por cierto que no es poco.
Es que el aumento de las importaciones no tiene techo, pues crecen tanto por cantidad como por el precio, mientras que con las exportaciones ocurre exactamente lo contrario: vendemos menos cantidad y con precios en baja. Las consecuencias son obvias y quedan expresadas en esa abultada cifra de 8.000 millones de dólares, que pasará a convertirse en récord, teniendo un manto de dudas sobre el futuro de la economía, y más que ello de las finanzas, pues se sigue tomando deuda para financiar los gastos corrientes, mientras todas las cuentas están en rojo. Y además, los altísimos gastos del Estado no se reducen en el medida esperada, quedando entonces a la vista una combinación explosiva, que por ahora será contenida con el financiamiento externo, pero que tiene un final y no muy extendido en el tiempo, por lo cual serán necesarias medidas de recorte realmente importante.
Volviendo a la balanza comercial, nuestro país importa más, especialmente automotores, como así también otros bienes durables, intermedios, equipos y de capital. Hasta fines de septiembre las importaciones habían crecido 17,7%, de acuerdo al siguiente detalle: automotores de pasajeros 43,1%, bienes de capital 26%, bienes de consumo alimenticios y durables 18,3%, bienes intermedios 11,7%, piezas y accesorios para bienes de capital 11,7% y combustibles y lubricantes 7,3%. "Esta suba, según se analiza, está muy relacionada con el atraso cambiario que abarata las compras en el exterior en términos de precios internos y a la recuperación económica que traiciona la demanda de insumos y bienes de capital para la producción", según lo señala el Instituto Argentino para el Análisis Fiscal (IARAF), la organización que dirige Nadin Argañaráz.
Estos datos son realmente preocupantes, pues en definitiva se trata de divisas que salen del país, cuando en realidad necesitamos exactamente lo contrario, que ingresen por esta vía, es decir, de manera genuina. Es que más del 80% de los dólares que están viniendo ahora, están direccionados hacia la especulación, convirtiéndose en pesos para cobrar elevados intereses y volviendo a convertirse en dólares. Poco y nada para la producción.
Una gran parte de las compras en el exterior vienen de Brasil, nuestro principal socio del Mercosur, donde ya fue puntualizado en esta misma sección electoral que en el año tendremos déficit récord en el comercio bilateral. Pero además de estos desequilibrios, se agrega el deterioro de los términos de intercambio porque los precios de las importaciones crecen más que los de las exportaciones, teniéndose clara comprobación con los datos oficiales publicados por el INDEC sobre el comercio desde enero a septiembre, cuando el rojo total fue de 5.200 millones, aunque si los precios hubiesen mantenido el nivel de 2016 el déficit hubiese sido de 2.997 millones de dólares. Es decir, la diferencia e los precios nos perjudicó en 2.200 millones de dólares, cantidad más que importante por ese solo factor.
Otra consultora sostiene que "el déficit externo observado en la actualidad podría deberse en partea una mayor demanda de insumos básicos para la producción, que se produce luego de una reapertura gradual del comercio exterior. De hecho se evidencia que la demanda de bienes de capital se profundiza en los primeros nueve meses del año creciendo a un ritmo de 26%, cuando en el mismo período de 2016 cedía 2,8%".
Existen algunos atenuantes, pues si bien el aumento de importaciones puede significar este rojo en lo inmediato, en cambio puede convertirse en un incentivo determinante para el afianzamiento de la suba de la producción local, aunque claro, sus efectos se verán recién el año que viene. Y aquí lo que se necesitan son resultados inmediatos. 

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