Mar de confusiones

Notas de Opinión 26/11/2017 Por
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FOTO ARCHIVO NA SITUACION. Los familiares de los submarinistas en la base naval de Mar del Plata.
FOTO ARCHIVO NA SITUACION. Los familiares de los submarinistas en la base naval de Mar del Plata.

(Desde Mar del Plata).- El estar en la ciudad balnearia durante estos días de tanta convulsión, para lo estrictamente informativo es algo puramente circunstancial, que no agrega ni suma más a lo que se conoce tan profusamente por los medios nacionales sobre este caso del submarino ARA San Juan que nos tiene en vilo estos días, no sólo a los argentinos, sino a buena parte del mundo, por todo lo extraño y hasta grotesco, de este nuevo desenlace fatal para 44 seres que, como antes fue el incendio de Cromagnon o el tren que se estrelló en Retiro, no tienen o sencillamente cuesta encontrarlas, explicaciones con cierto ajuste a la realidad. De todos modos, el estar aquí si permite estar cerca de la tensión que se vivió todos estos días, donde el tema excluyendo fue el del submarino y la conmoción producida.
Poco por agregar a lo conocido, aunque por cierto quedan algunas cuestiones. ¿Por qué le costó tanto trabajo y fueron tan rebuscadas las explicaciones de la Armada? "Un evento anómalo singular corto violento no nuclear", nos terminamos anoticiando que se trata ni más ni menos que de una explosión. Porque entonces no decirlo de esa manera. Si no lo fue dio entonces toda la sensación de un manejo de la información, es decir, una manipulación que terminó en lo previsible: la mayoría, con el impulso comprensible y doloroso de los familiares, terminó por ponerse en contra de la Armada.
Es que si no hubo esa expuesta manipulación, al menos debemos convenir que se careció de profesionalización en algo tan sensible como el control de un submarino -y para más de tan endeble potencialidad-, sobre el cual se ignoró que la explosión que lo dejó incomunicado ocurrió el primer día de producirse ese silencio de enlace, perdiéndose el tiempo en todos los siguientes con planteos inexistentes, escuchas de ruidos, de intentos de comunicación que sólo lograron encender una esperanza que tenía destino sellado.
Después de estos cruentos episodios, como sucedió con Cromagnón y Retiro citados arriba, comienzan a aparecer los entretelones, las dudas, las sospechas que dentro de un escenario de improvisaciones y corruptelas, son más que justificadas. Veamos la reparación del submarino San Juan que según se dice "se hizo a nuevo" en 2014, los trabajos debieron comenzar en 2005 pero recién se pudo en 2008, con serios problemas de la asignación de recursos, y donde las 946 baterías fueron reacondicionadas por un precio mucho mayor al asignado en el presupuesto y aparentemente no adjudicada la tarea a la empresa de mejores antecedentes. Incluso ya algunos están diciendo que los usaron en el concurso de precios. Puede ser o no, sos trascendidos, pero ¿deberían llamar la atención? Para nada, pudo haber sido.
Trascienden también dichos de familiares de los submarinistas, objetando las condiciones de la nave, incluso llegando a decir "bien pintada por fuera, pero atada con alambre por dentro". Es probable sea producto del dolor, de la bronca, pero también puede ser el principio que lleve a una certeza. Ardua tarea para la jueza que tiene a su cargo la investigación, pues todo esto está al alcance, sin necesidad de recuperar el submarino.
Este desgraciado hecho pone también en juego la existencia de las fuerzas armadas. La Marina tiene un presupuesto que viene en baja constante desde hace 3 años, del cual el 85% es asignado a sueldos, el 10% a funcionamiento y el 5% a equipamiento. Por eso los buques se hunden, los aviones se caen y los tanques no pueden andar más que en los desfiles.
Que nada de esto quede en el olvido, sería lo peor. Para tener en cuenta si nos encaminamos a ser un país en serio.



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