SENSACIONES Y SENTIMIENTOS

Sociales 25/11/2017 Por
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QUE BUENO ES SER HOMBRE

Aunque lejos de expresión emblemática de Isidoro Cañones (¡gracias Dios mío por hacerme tan vivo y tan hermoso!) el varón se siente gratificado día a día por las circunstancias de su agenda y de su entorno. Obviamente no es un play boy como el personaje de historieta, ni su trascendencia personal es tan notoria, pero sí tiene ventajas desde antes de su nacimiento, a partir del deseo de uno de sus progenitores (no hace falta aclarar cuál) de que sea varón y del temor de que nazca mujer.
Prejuicios e ideas instaladas aparte, se siente gratificado (“varón / pa’ quererte mucho / varón / pa’ desearte el bien”) de su condición, asumiendo que el beneficio implícito también incluye obligaciones de toda clase pero, haciendo un balance a fondo -en tres segundos- está satisfecho, entre otras cuestiones más fundamentales, porque al varón le resulta más fácil comprar vestimenta y calzado y, como tiene menos dudas que las mujeres, va directamente al preciso local donde está el exacto producto buscado; también porque puede ir al cine o al teatro solo sin que nadie suponga que se ha separado; sabe igualmente que es aceptada la costumbre de ir los viernes a la noche a cenar con amigos y, por ser masculino es naturalmente confiable para conducir automóviles.
Tiene además otros beneficios intrínsecos, que nacen de lo más profundo de su alma: predisposición natural para que le den empleo, con aceptación de su iniciativa; puede ser buen amigo y confesor, tanto de hombres como de mujeres; no pierde la condición de persona educada y sociable por el hecho (no tan frecuente) de expresarse con palabras ordinarias o tener algunas ocasionales actitudes agresivas; sabe de lo generosa que es la definición de que el hombre es como el oso y por lo tanto no lo afecta demasiado la falta de un poco (o de mucha) belleza, circunstancia esta que es asimilable a los kilos “de más” que puedan ampliar circularmente su anatomía; son reconocidos y apasionados cocineros se deciden a serlo, y esto vale no solo para su capacidad indiscutida de hacer asado (de eso sí presumen), sino también para preparar exquisitos platos sintiendo al hacerlo el placer de un buen gourmet, habilidad en la que profundizan casi tanto como cuando opinan de fútbol y de política.
Hay otros aspectos de tolerancia mayor, que los varones perciben aunque no presumen de ellos (para no llamar la atención sin necesidad ni beneficio): se parte de la idea de que la mujer sabe hacer mejor las tareas de limpieza del hogar, y por eso él debe esperarse que sea solo colaborador; no se le objeta que envíe mensajes eróticos de alto voltaje por whatsapp, porque se-entretienen-con-esas cosas- porque “ellos son así”, y tal vez esa tolerancia especial provenga de la base de responsabilidad que, salvo algunos ejemplares, los hombres tienen y están orgullosos de serlo, es decir de que se los considere -en primer análisis- confiables, atentos de su mujer, defensores de la idea de la amistad y directos en sus dichos y claros y estables en sus sentimientos
Contrariando una difundida corriente de opinión, también llegan a ser sensibles, y lo demuestran cuando están atentos a las fechas de cumpleaños de su pareja, de casamiento y/o de comienzo de la relación, de los hijos y, en cuanto a los nietos, sus actitudes pueden llegan a la adoración sin disimulos. No lloran, es cierto, pero ese es un punto no negociable para su dignidad porque, además, como tienen sentido práctico, hace mucho que descubrieron que en los tangos está la suficiente cantidad de lágrimas masculinas y no es necesario que él agregue las suyas.
Hugo Borgna - Sandra Cervellini

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