Naturalizar el horror

Notas de Opinión 15 de noviembre Por
HICIERON MUCHO. Nelson Mandela y Margarita Barrientos. FOTO ARCHIVO

Desde la cima de la escalera ascendente que es la vida, el repaso de las marcas en los peldaños inferiores, se impone. Obviando lo personal, lo profesional, lo laboral, quiero analizar lo que hemos hecho socialmente las personas de mi generación, para bregar por un mundo con equidad, paz, libertad y justicia. Honestamente, no me siento orgullosa de los resultados obtenidos. No debo colocar a todos en la misma bolsa ya que algunos no han hecho casi nada y otros han hecho mucho, como los Laureano Maradona, los Mandela, o las Margarita Barrientos. A las pruebas me remito. Entonces siento un poco de vergüenza. Nos llegan las noticias de corrupción, muertes de niños, de jóvenes, femicidios, asaltos, robos, y damos vuelta la página del diario, o hacemos un click relajante, en búsqueda del gol, del baile o la mediocridad de la farándula. Y no vemos, pero no por eso dejamos de saber, las atrocidades que suceden cada día, desde las más simples a las más graves, donde la falta de respeto, el deshonor y el desprecio por la vida llegan hasta límites extremos como el crimen solitario u organizado. Donde los jueces, nos asustan haciéndonos sentir que la justicia suele ser aplicada según los códigos personales de cada uno, donde los alumnos pretenden imponer a los maestros como debe ser la educación, donde la violencia es la respuesta de los incapaces, y la mayoría no sabe si respeto se escribe con z o con s. Los que sí sabemos qué es el respeto, llevamos implícito el compromiso de conservarlo. Nos queda la sensación, y esta vez sí es una sensación, de que no podemos hacer nada. De que todo es demasiado complejo y difícil para que podamos solucionarlo los ciudadanos de a pie.
Y resignados hacemos malabares para subsistir con magras jubilaciones, soportamos el maltrato de los PAMI del país, vemos morir nuestros niños y nuestros jóvenes, observamos que los corruptos integran los espacios de la izquierda, el centro y la derecha. Que la justicia es lenta a propósito, porque sino, tendría que ser justa. Retomo, y pregunto: ¿el horror se ha instalado entre nosotros y seguimos como si no existiera, cruzando los dedos para que no nos toque muy de cerca? La desdichada respuesta positiva abre paso a otra pregunta que se impone: ¿No podemos hacer nada?
Me niego a creer que estemos muertos en vida. Aún palpitan las ansias de libertad, paz y justicia por mis venas y seguramente por la mayoría de las de mis contemporáneos. Despertemos amigos de la generación de los 40 y los 50, la más maltratada de todas las que recuerdo. Convivir con el horror, no es normal. No permitamos que lo sea.

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