El viaje con fin

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TATAN./ El protagonista de esta historia.
TATAN./ El protagonista de esta historia.

por Raúl Vigini - [email protected]

Cuando se abrió la puerta de la oficina donde lo atienden como rey, salió como tantas veces, pero ese día no estaba la madrina que lo controlaba. Otras jornadas solían ir a pasear por la cuadra para hacer ejercicio y mover un poco las tabas que venían resentidas por los años y la salud precaria. Pero ese viernes desapareció y estuvo todo el fin de semana extraviado, hasta que el lunes pudieron dar con él.

Parece ser que había tomado un rumbo desconocido por las vías muertas hacia el sur, y su confusión lo llevó a lugares insospechados. Claro que varios días sin agua y sin comida privilegiada como recibía siempre, no era lo mismo. El sobrepeso de la masa física y de la edad, con residuos del ACV, no le jugaban a favor. Y un tumor que no se podía extirpar lo complicaba más.

Y así fue que cruzó calles, avenidas, lo esquivaron decenas de vehículos de este sobrecargado paisaje rafaelino, hasta que cayó extenuado en el medio de la avenida Aristóbulo del Valle. Ahí se salvó una vez más como en tantas anteriores. Quedó tendido en el pavimento hasta que una joven -Roxana- se interesó por él y trató de quitarlo del lugar peligroso.

Lo arrastró hasta la vereda, situación no tan sencilla por su porte, pero lo logró. De ahí en más se puso en marcha el operativo rescate y se pudo comunicar con Neda, una abnegada defensora de los animales que la ciudad debe reconocer por su trabajo y entrega humana.

Pudieron cargarlo en el mismo auto de la buena samaritana para llevarlo hasta la casa de la sensible persona que lo encontró ese día. Así fue que lo dejaron en el barrio Esperanza, no sin padecer las vicisitudes de ese cuerpo casi inmóvil, que se cayó de la ambulancia improvisada pero por fortuna sin resultados que agravaran la situación.

Ahí se quedó acostado, acompañado, protegido como pudo hacerlo esa gente valiosa, que ante el panorama desolador que el individualismo nos permite en una población como la que nos ocupa, ellos sí saben cómo se puede actuar cuando no existe la indiferencia en plena calle.

Pero había que encontrar a la familia adoptiva. Y eso era muy importante. Eso fue posible porque Neda le había tomado una foto a “Tatán” y la publicó en las redes sociales. Esos lugares en el mundo virtual que a veces son perversos y otras tantas nobles y valiosos. Esta vez fue a favor del destino.

Liliana, la que había adoptado aquella vez a Tatán cuando sus dueños originales ya no se ocupaban de él, se enteró por su vecina Mary -que venía rastreando ansiosamente información con sus medios electrónicos- que el animal extraviado estaba protegido y esperándolos. Y con un vecino que ofició de chofer de su camioneta, los tres lo fueron a buscar.

La bienvenida de los dos niños pequeños de la joven que había encontrado al nuevo vagabundo justificó la historia cuando el mayor corrió con los brazos abiertos a abrazar a los recién llegados y se fundieron apretando sus manitas pequeñas a las piernas de los adultos demostrando todo el cariño.

Después siguieron las emociones a granel. Se contaron los episodios de los largos días que habían transcurrido. Y el llanto se apropió de los visitantes. No había lugar para otra cosa. Eran muchos sentimientos encontrados, pero todos disparadores del desequilibrio emocional.

Ahora Tatán está de nuevo en su casa. Volvió a su rutina. Fue atendido por su veterinaria. Recuperó las fuerzas. Tiene a diario su comida con la ración controlada. Pero por sobre todas las cosas, el tipo sirvió para reunir a vecinos de la ciudad que nunca se habrían conocido. Como tampoco algunos de ellos se habrían dado cuenta, como le sucede a la mayoría de la población, de que a pocas cuadras del pavimento viven familias con la precariedad más absoluta que podamos imaginar, si es que nos da la imaginación para eso.

Lo importante es la sabia lección que nos deja un perro que tuvo como vida propia casi las mismas idas y vueltas de la joven que lo levantó de la calle, así como de esas familias que alguna vez tuvieron que radicarse en terrenos donde apenas podían levantar un techo vulnerable, sin otro aporte que el que cada uno podía sustentarse. Donde la negación es casi una ley. Donde la visibilización recién aparece. Donde los estigmas nunca se van del todo. Aunque Tatán por dentro sabe de los valores más profundos que su nueva familia protectora es capaz de demostrar en los hechos. ¡Se ha formado una amistad! ¡Tatán lo hizo! Como diría su popular colega Mendieta: ¡Criaturita de Dios! ¡Qué lo parió!

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