Sensaciones y Sentimientos

Información General 12 de noviembre Por
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ENSEÑANZA IMPRESCINDIBLE

 ¿Para qué sirven los valores? ¿Qué y cuáles son?
¿Cuál es la función de la escuela? ¿Y de la familia?
Y, en definitiva ¿es la sociedad la que tiene que enseñarlos, cuando algunos no los han aprendido?
Para empezar, tenemos que definir claramente a qué se llama valores. Se trata de pautas que determinan qué grado de influencia debe tener en la sociedad cada hecho o actitud, tendiente a conseguir una equilibrada y armonizada relación entre personas entre sí y con las instituciones. Para decirlo en pocas palabras, son modelos de conducta a ese fin.
Honestidad, respeto y sinceridad son, básicamente, algunos de ellos. Los valores son virtuosos modelos de vida y marcan una diferencia positiva respecto de las actitudes egoístas, que implican sin duda disvalores, o una falta de ellos. La “avivada” no es un mérito sino una falla.
Ser honesto implica, entre otras actitudes, no tomar ni parcial ni totalmente lo ajeno, e incluye el ejemplo diario de devolver lo que se ha encontrado. ¿Por qué debe hacerse? Porque -debe-ser-así y porque no-nos-corresponde-guardarlo.
Ser respetuoso excluye implícitamente las agresiones verbales, siempre innecesarias e injustas hacia los demás; lo ideal es ser participativo y considerarse en plano de igualdad y con voluntad de colaboración respecto de lo que nos rodea. Es la condición indispensable de los alumnos respecto de los profesores, ya que ellos están capacitados y ejercen la función de enseñar y formar.
Los valores no caen del cielo espontáneamente sobre las personas. Se deben, imprescindiblemente, inculcar, momento a momento y en forma sistemática. Si en las escuelas se enseñara en forma sistemática la aceptación de los que nos rodean, no existiría el acoso conocido como bullying; igualmente vale aplicarlo a la enseñanza del acatamiento a las normas de tránsito: si es esporádica muchos pensarán que esa obligación no es para su generación y, menos aún, para ellos. Si los buenos principios no se enseñan no hay posibilidad de que alguien los aprenda.
Existe una nueva cultura de considerar como normal el consumo de alcohol, y hasta sin control, entre los adolescentes. Se olvida intencionalmente el daño que produce, en todas las edades y que es necesario controlar su consumo ya que, además, no ayuda a la buena salud. Las familias de adolescentes deben concientizar de que su consumo excesivo la perjudica y dejar en claro que es mejor y mayor la diversión en estado de lucidez. Párrafo necesario para el consumo de drogas: debe enseñarse repetitivamente que su consumo es nefasto, que provoca daños irreparables y que verdaderamente una forma de “paraíso” es gozar de la vida con plena conciencia de los actos.
La docencia, en todas sus formas y de todos los sectores, es irrenunciable y enseñar las formas positivas de vida debería ser una consigna. La felicidad no llega dañando al cuerpo o al alma. A los valores se los debe defender y practicar, simple y definitivamente, porque-así-debe-ser.
El momento para aprender las bases de las buenas actitudes no es “cada tanto”: es siempre. Aprender de los castigos sociales es la peor opción y además solo alcanza a pocos. Son las entidades puestas a ese efecto, y fundamentalmente la familia, las que deben formar día a día a las personas. Solo de esa forma llegarán a ser buenos, satisfechos, realizados y positivos ciudadanos sin que conseguir ese objetivo sea traumático: formarán parte de la mejor sociedad, esa que está compuesta por las personas educadas, capaces, participativas y verdaderamente inclusivas.

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