La deforestación

Editorial 03 de noviembre Por
En toda la amazonia brasileña y boliviana ha vuelto a aumentar la deforestación.

Una década después que el movimiento "Salven la selva tropical" lograra reducir de manera  dramática la deforestación en la mayor parte de la cuenca del Amazonas, la actividad ha vuelto a repuntar en algunos de los sectores más grandes de bosques. Es que los pequeños productores agrícolas se ven incentivados por la multinacional Cargill que prometió comprar toda la soja que por allí se produzca, lo cual ha llevado a que muchos ampliaron sus zonas productivas con deforestación, incluso llevada adelante con la quema de zonas boscosas.
En el Amazonas brasileño, la selva tropical más grande del planeta, la deforestación aumentó en 2015 luego de casi una década en que no sucedía tal situación, logrando registrarse 810.000 hectáreas en apenas un año, lo que significa un salto importante respecto a las 607.000 hectáreas de un año antes, y poco más de 485.000 hectáreas de dos años anteriores. Queda claro, el avance ha sido sistemático y el daño a los bosques también, extendiéndose la mancha que establece la desaparición de los mismos para dar lugar a campos de cultivo de soja.
Del otro lado de la frontera brasileña, en Bolivia, donde existen aún menos restricciones, la deforestación también está acelerándose, ya que allí desde 2011 en adelante fueron vaciadas de bosques 350.000 hectáreas anuales, tal lo dice la organización no gubernamental Centro de Documentación e Información de Bolivia. Este avance, en realidad viene dándose desde los años '90, cuando la cifra de hectáreas arrasadas avanzaba a un promedio de 148.000 hectáreas anuales, para luego a razón de 270.000 por año en la primera década del nuevo siglo.
Ahora, si bien se carece de estas cifras con precisión, se tiene conocimiento que tanto en Brasil como Bolivia se está haciendo un desmonte a gran escala, bajo el incentivo de comerciar el poroto de soja con la referida Cargill. Esa organización, la estadounidense Mighty Eart, se valió de imágenes satelitales e información de mapeo de cadenas de suministro del Instituto Ambiental de Estocolmo para identificar con mucha aproximación la deforestación en Brasil, país en el cual Cargill y Bunge son los dos gigantes alimenticios con sede en los Estados Unidos que comercian en el mismo. Mientras que en Bolivia, donde el mapeo de suministro no está disponible, la organización envió personal a áreas en las que opera Cargill, utilizando drones para grabar todo el desmonte como así también las sitios en los cuales Cargill tiene instalados silos.
Preocupado por el tema, que tiene alcance mundial por lo que significa toda la amazonia como más grande pulmón verde del planeta, el diario The New York Times realizó una investigación en las zonas más alejadas e ignotas de Bolivia, las que habían sido descriptas en los informes de los ambientalistas, llegando a entrevistas a granjeros involucrados en la deforestación, quienes confirmaron que le vendían su producto a Cargill.
Según lo puntualizó el diario estadounidense, en un informe firmado por tres de sus periodistas enviados "los reportes de nueva deforestación surgen pese a un trato firmado hace tres años por Cargill y otras empresas que incluía el objetivo de eliminar la deforestación de la producción de materias básicas agrícolas como aceite de palma, soja y productos de carne de res para 2020".
Los expertos en el tema sostuvieron que el plazo delineado en la declaración de Nueva York sobre bosques, exigía que las empresas comenzaran de inmediato para volverse fuentes de suministro más sustentables. Tanto Cargill como Bunge respondieron que el informe parecía "inflar" su rol en la deforestación de la región, y que la soja sólo es un cultivo detrás del desmonte.
Por su parte la Unión de Científicos Preocupados divulgó un informe según el cual el desmonte y los incendios que lo acompañan generan sólo una décima parte de todas las emisiones de calentamiento global, lo que convierte a la pérdida de bosques en uno de los factores más grandes que contribuyen al cambio climático. Es que apenas el 15% de la cubierta forestal del mundo permanece intacta, de acuerdo con el Instituto de Recursos Mundial, ya que el resto desmontado, degradado o está en fragmentos, eliminando ecosistemas.

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