Macri debe iniciar la austeridad por casa

Notas de Opinión 02 de noviembre Por
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CASA ROSADA. Desde aquí se debe comenzar. FOTO ARCHIVO
CASA ROSADA. Desde aquí se debe comenzar. FOTO ARCHIVO

Por Fernando Laborda (*)

Durante sus primeros 22 meses de gestión, el presidente Mauricio Macri pareció mostrarse temeroso de bajar el gasto público al imaginar que una de sus consecuencias podría haber sido una mayor reducción de la actividad económica. Tampoco exhibió firmeza para bajar con mayor determinación los impuestos al suponer que esta medida iba a aumentar el déficit fiscal. El tiempo dirá si, a partir del mensaje pronunciado el lunes por el primer mandatario ante gobernadores, empresarios y sindicalistas, se produce un verdadero cambio que aliente un achicamiento del excesivo gasto estatal y una expansión de la inversión privada.
El presidente Macri planteó una "agenda de reformas permanentes", cuyos ejes principales serían la responsabilidad fiscal, la disminución de la inflación y los impuestos, el aumento del empleo y la calidad institucional. Además de estos grandes lineamientos, hizo varias alusiones al gasto improductivo del Estado.
En tal sentido, puntualizó al menos siete importantes definiciones:
* "Tenemos que avanzar en reformas donde cada uno ceda un poco".
* "Tenemos que apuntar a la modernización del Estado, abierto, íntegro, transparente y democrático. Tenemos que jerarquizar el empleo público".
* "No tendría que haber jubilaciones de privilegio y regímenes especiales".
* "No podemos gastar más de lo que recaudamos. Tenemos que seguir bajando la inflación y comprometernos a que la inflación nunca más sea un instrumento de la política. Y tenemos que equiparar la carga tributaria".
* "Construir un Estado que no esté al servicio de la política, sus funcionarios o los gremios".
* "Hay casos de legisladores que tienen más de 80 empleados".
* "Hay repartidos por el Estado rincones y recovecos donde funcionarios de todos los gobiernos en todos los niveles logran ubicar amigos, parientes, militantes de sus agrupaciones. Un ejemplo es el de la Biblioteca del Congreso de la Nación, que tiene más empleados que las bibliotecas más grandes del mundo, 1700 empleados es un número escandaloso. Este tipo de estafas se tienen que terminar".
* "Nuestra generación tiene que poner en orden la cuentas públicas".
El diagnóstico de Macri parecería ser coincidente con el de no pocos economistas ortodoxos para quienes el excesivo gasto estatal termina ahogando con una presión impositiva cada vez mayor al crecimiento del sector privado y de la economía.
Según datos oficiales, el número de agentes públicos en todo el país supera los 3,5 millones, cuando hacia el año 2001 era de 2,3 millones. Sólo en el orden nacional, la gestión kirchnerista hizo aumentar la cantidad de empleados públicos desde los 266.000 hasta los 401.000 entre los años 2003 y 2015. La Argentina destina unos 14 puntos de su PBI al pago de salarios públicos en los niveles nacional, provincial y municipal, incluyendo las transferencias a las universidades.
No ha hecho mucho por revertir esta situación el gobierno de Macri en la primera mitad de su gestión. Según un estudio de la Fundación Libertad y Progreso, la estructura del Estado nacional en este período aumentó un 25%, pasando el número de ministerios de 16 a 21 (incluyendo la Jefatura de Gabinete), a los que deben sumarse 87 secretarías de Estado, 207 subsecretarías de Estado, 687 direcciones nacionales y generales y 122 institutos, sin contar universidades ni academias. Todo eso hace un total de 1124 unidades administrativas.En los últimos meses, el gobierno nacional intentó congelar la cantidad de empleados públicos, aunque su esfuerzo resultó insuficiente. Recientemente, el Ministerio de Modernización, a cargo de Andrés Ibarra, comenzó a instrumentar sistemas biométricos en distintos ministerios y organismos oficiales para controlar el horario de ingreso y egreso de quienes se desempeñan en oficinas del Estado nacional. También se anunció el establecimiento de premios por presentismo para aquellos agentes públicos con asistencia perfecta en el último cuatrimestre.
El problema que no resuelven directamente esas medidas es que en el Estado hay muchos empleados que sobran y que no son pocos los que, más allá de concurrir diariamente a una oficina pública, no tienen qué hacer o llevan a cabo tareas que no son imprescindibles.Ya en 1957, Cyril Northcote Parkinson, luego de su experiencia personal en el Servicio Civil Británico, enunció la llamada ley de Parkinson del empleado público. Según ella, el Estado se torna más ineficiente cuanto más obeso es, debido a que la burocracia se sigue creando tareas innecesarias para llenar su tiempo y justificar su presencia, y a que casi todo funcionario quiere multiplicar el número de sus subordinados para sentirse más importante y poderoso.En más de una ocasión, Macri ha hablado de la importancia de la productividad. Ahora tendrá que demostrar que la productividad puede empezar por casa, esto es, por el Estado. (La Nación).

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