La ambición china

Notas de Opinión 01 de noviembre Por
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 Por Felipe de la Balze (*)

El XIX Congreso del Partido Comunista Chino concluyó días pasados con la reelección de Xi Jinping como líder supremo de su país. El Congreso fue una virtual coronación del presidente y reforzó su control sobre el Partido, las fuerzas armadas y el aparato de seguridad. El nombramiento de sus lugartenientes en posiciones claves y la incorporación formal de “sus pensamientos” en la Constitución (como lo hizo Mao en su momento) vaticinan un proyecto de poder ambicioso y de largo aliento.
El presidente Xi es quizás el líder más poderoso en el escenario internacional actual. Es un hombre del Partido. En su discurso inaugural sostuvo: “Solo el socialismo puede salvar a China y solo la reforma puede desarrollar a China, el socialismo y el marxismo”. Es también un nacionalista tradicional. Concluyó su discurso con un llamado “a la gran revitalización de la nación china”, “a la modernización y reunificación de la Patria” y “a China como gran potencia mundial”.
Durante su primer quinquenio en el poder (2012-2017) el Sr. Xi afianzó y centralizó el mando, purgó a sus principales rivales y promovió alrededor de su persona un culto a la personalidad que no tiene precedentes después del fallecimiento de Mao en 1976. Su vigorosa y popular campaña contra la corrupción llevó a la cárcel a más de 150 altos líderes del Partido, incluso a varios de sus principales competidores.
Xi Jinping se propone ahora profundizar las políticas iniciadas durante los últimos años. En lo económico, fortalecer aún más el rol del Estado. La empresa privada y el mercado son promovidos pero en el marco de un planeamiento estatal de largo plazo, de un rol creciente para las empresas públicas y de una participación extensa del Partido en la gestión privada de los negocios. Vale la pena mencionar que la mayoría de los empresarios más ricos del país son, o han sido, miembros activos del Partido Comunista y a menudo forman parte de sus órganos decisorios.
En lo político, Xi enfatiza el rol del Partido como “la columna vertebral de la Nación que debe liderar el gobierno, las fuerzas armadas, la sociedad, la educación y todos los aspectos de la vida social”. El régimen se volvió más “leninista” y autoritario respecto al control que ejerce sobre la sociedad. El lento proceso de liberalización político y extensión de las libertades personales iniciados durante la década de 1990 se revirtió.
Silenciar a los críticos, perseguir oponentes y controlar el acceso y la difusión de la información que circula por Internet se han vuelto moneda corriente. La libertad de opinión, la protección de los derechos humanos y el derecho a ejercer la oposición están severamente regulados.
En el campo de la política internacional habrá que acostumbrarse a una China activa y vigorosa en la defensa de sus intereses y ambiciones internacionales. El presidente Xi promueve la modernización y fortalecimiento del Ejército Popular Chino así como la expansión de los intereses territoriales chinos en los casos de Taiwán (considerada por el régimen como una provincia irredenta) y en los mares del Este y Sur de China. En ambos casos sus objetivos entran en conflicto con los intereses de otros países ribereños y con los de Estados Unidos, cuya Séptima Flota garantizó durante los últimos 70 años la libre navegación regional.
En el campo del comercio internacional, China sostendrá el statu quo actual que abrió las puertas al crecimiento dinámico de su economía durante las últimas tres décadas. Simultáneamente, se propone extender su influencia económica mundial a través de un ambicioso programa de inversiones en infraestructura. Esto le facilita la integración física y económica con sus vecinos asiáticos (la Ruta de la Seda), provee trabajo a sus grandes empresas constructoras y asegura el acceso a materias primas (petróleo, cobre, mineral de hierro, soja, etc.) provenientes de Rusia y varios países de Africa y América Latina, (inclusive de la Argentina).
Su gobierno tendrá que resolver durante los próximos años desafíos económicos, políticos y diplomáticos de envergadura. Su economía se está desacelerando y los niveles de endeudamiento total (casi 300 % del PBI) son claramente excesivos. Impedir la ocurrencia de una grave crisis financiera requiere introducir profundas reformas estructurales que van a contramano de la ideología y los intereses del Partido gobernante.
En el campo internacional, las tensiones con los Estados Unidos irán en aumento tanto en el área del comercio como en los temas estratégicos/militares (Corea del Norte, tensiones en los mares del Sur y Este de China, etc.).
Para consolidar su posición económica y política, China ha elegido el camino de un gobierno centralizado, ideológicamente unificado y gestionado por un líder fuerte. La experiencia histórica de los últimos doscientos años muestra que en el largo plazo la modernidad y el autoritarismo no conviven con facilidad. La travesía inicial del autoritarismo suele ser gloriosa pero los finales –marcados por la convulsión interna o por la guerra externa- suelen ser traumáticos y dolorosos.

(*) Analista internacional.

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