Sensaciones y sentimientos

Información General 28 de octubre Por
Como en la guerra de las galaxias
Un caracterizado lector (mejor dicho un amigo que es consecuente lector) nos hizo la propuesta de tomar como tema “La guerra de las galaxias” “(Star wars”, en el nuevo castellano) declarando su encendida admiración por esa exitosa saga. El, como tantos, comprendió subliminalmente el mensaje: la necesidad de un lugar propio que tiene el hombre, el ser humano, conectado al sentir de pertenencia cósmica al universo.
En la secuencia la acción gira en torno a conflictos porque un sector, comandado por un ser galáctico dominador pretende dominar a otros generando así acciones bélicas en el bello escenario del firmamento infinito.
Y aquí aparece la palabra que nos conecta: espacio.
El mismo sitio astral, que es invadido y que era pertenencia de otro, tiene la misma significación para la persona habitante de la Tierra que convive con familia y amigos. En los dos casos es necesario “tener” ese espacio propio donde hacer una pausa, crear proyectos, simplemente descansar o sencillamente sentirse seguros.
En el que está en el infinito el riesgo se configura cuando una potencia celestial agrede a otra comunidad cósmica. En la accesible y cotidiana terrestre, en cambio, surge el peligro cuando un amigo o pariente de trato muy frecuente -o la pareja- intentan hacer cambiar alguna costumbre o crear una distinta a los otros.
Dejando debidamente en claro que las consecuencias concretas son muy distintas en cada caso, el estado de desestabilización -momentánea o prolongada- ocurre y da lugar a una pérdida de la armonía que, en las dos situaciones, se hace preciso solucionar.
De hecho que no es fácil tratándose del ámbito familiar; el que sugiere lo hace siempre con la mejor intención y con razones que suenan contundentes la mayoría de las veces.
Pero, ¿es siempre tan así? La supuesta contundencia choca en muchas oportunidades con algo impensado: la personalidad del que recibe el consejo (a veces disfrazando una orden) que también ha analizado la cuestión y ya tiene un punto de vista decidido diferente del propuesto (por su propio bien, por supuesto).
Si se pone voluntad (existe, no es costosa, no duele y además, produce buen acostumbramiento) será posible tener como norma escuchar, entender razones y apoyar lo que vaya de verdad en beneficio de todos, aunque haya sido muy distinta la opinión original de uno solo.
El resultado de esta terapia familiar se aprecia inmediatamente: se llegan a distinguir a simple vista los espacios comunes y los exclusivos, y no hace falta colocar alambres de púa (vivimos en el siglo 21, digamos mejor campos magnéticos) para que no haya invasiones. El resultado final será una enorme e impensada paz interior que tendrá como consecuencia la deseada feliz convivencia.
Si lo pensamos bien, estaremos de acuerdo en que las personas, como los astros celestes, necesitamos brillar y, si no es posible lograr tanto esplendor, al menos podremos experimentar que estamos transcurriendo las horas en un espacio físico y anímico valioso y propio -voluntariamente compartido a veces y en los momentos elegidos- dentro de la casa y/o del mundo, rodeados de afectos que brillan como estrellas, ésas mismas que previamente nos habrán enviado el nido para el rayo misterioso.

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