"Las escuelas agrarias pueden ser un motor productivo..."

SUPLEMENTO RURAL 19 de octubre Por
La importancia estratégica de la educación en sectores rurales, según la visión de Victoria Zorraquín, a cargo de la Dirección de Escuelas Secundarias Agrarias y Rurales del Ministerio de Agroindustria de la Nación.
FOTO LA NACION ZORRAQUIN./ Es promotora de escuelas rurales de excelencia.
FOTO LA NACION ZORRAQUIN./ Es promotora de escuelas rurales de excelencia.

Por Laura María Bestani. - "Creo que el mundo educativo necesita gestos concretos que valoren al docente. Tengo la certeza de que un maestro puede cambiar la vida de una sociedad y si trabaja en equipo, una esa escuela puede cambiar al pueblo entero”, dice Victoria Zorraquín, a cargo de la Dirección de Escuelas Secundarias Agrarias y Rurales desde enero de 2016.
Cuenta como la entidad, que depende del Ministerio de Agroindustria de la Nación, tiene la mira puesta en adaptar el modelo de escuela agraria para que responda las necesidades de innovación de los alumnos y del país. “Sin arraigo, sin gente que quiera vivir en las comunidades donde hay agroindustria, es decir, en todo el interior del país, no hay desarrollo posible. Y esto no ocurrirá sin escuelas de calidad”, insiste Zorraquín.
Es responsable de Escuelagro, un programa que busca acortar la brecha entre la explosión de las nuevas tecnologías agropecuarias y lo que se enseña concretamente en las escuelas, pero sobre todo que los alumnos puedan conseguir un empleo y generarlo también.
- ¿Qué situación es prioritaria hoy?
- Nos preocupa transmitir la urgencia de que el mundo productivo y el educativo caminen más juntos. No se puede pensar un país que quiere ser “el supermercado del mundo” si en nuestras escuelas se da el mensaje de que la producción es nociva, que contamina y que agrede a la ciudad. Hay una campaña que muestra que un organismo genéticamente modificado no hace mal a la salud per se, y que contamina de un fitosanitario y que no. Pero en los colegios los manuales dicen que solo hay que consumir productos orgánicos. Yo prefiero hablar de la ciudad y de la agroindustria (y no del campo), porque detrás de cada establecimiento agropecuario muchas veces hay miles de camiones que transportan la cosecha, hojalateras que hacen conservas o bioetanol fabricándose a partir del maíz o la caña de azúcar, por poner algunos ejemplos.
- ¿En qué se basa Escuelagro?
- Es un programa que sale al encuentro de verdaderos innovadores del sector, empresarios, pequeños productores y cooperativas que están haciendo una diferencia en el mundo agroindustrial, y que quieren contar su experiencia -por medio de talleres, paneles y mesas de trabajo- a docentes, directivos y alumnos de las escuelas agrarias y rurales. Allí mismo las escuelas pueden acordar prácticas profesionalizantes intercambios para sus alumnos. Se invita también a miembros del municipio, que pasan a ser actores fundamentales cuando trabajan junto a las escuelas, detectado las iniciativas y necesidades de capacitación que tiene su población específica. Es maravilloso ver lo que pueden hacer cuando trabajan juntos.
- ¿Alguna experiencia para destacar?
- A fines de 2016 hicimos una Escuelagro en Balcarce, provincia de Buenos Aires, en una escuela que supuestamente tenía producción porcina, pero donde no había chanchos; que tenía un biodigestor con capacidad para producir energía, pero que no funcionaba (un elemento que produce en este caso energía a partir de la bosta de chanchos). Meses después recibí fotos de la escuela con el biodigestor funcionando perfectamente y la paridera llena de chanchos. ¿Tuvimos algo que ver? Nosotros estamos convencidos de que nadie puede desear lo que no conoce y lo que hacemos con Escuelagro justamente es mostrar el horizonte de posibilidades de la agroindustria, que va mucho más allá de engordar un par de vacas o hacer una huerta. Nuestro granito de arena está en poner a disposición de las escuelas la innovación productiva de la zona.
- ¿Qué otras innovaciones promovieron?
- En Corrientes, por ejemplo, también a fines de 2016 llevamos biocontrol, que permite producir tomates y morrones sin fitosanitarios, y usando en cambio unos bichitos que se comen las otras pestes.
- ¿Y qué papel juega Agroinventos?
- Con el Instituto Nacional de Propiedad Industrial (INPI) estamos lanzando este programa en Mendoza como prueba piloto para dar continuidad a lo que deja iniciado Escuelagro. Queremos que la mentalidad creadora se ponga en juego en cada escuela agraria para lograr inventos que subsanen problemas de la producción local. El INPI daría el primer registro de propiedad y nuestra gente de Biotecnología sugeriría ideas de qué tipo de inventos se pueden dar en el área. Estamos muy entusiasmados con el proyecto y la gente del Ministerio de Educación de Mendoza, también.
- Con respecto a las evaluaciones PISA y Aprender, ¿qué diferencia notaron entre las escuelas rurales y urbanas?
- Una buena noticia es que en el nivel primario no hubo diferencias. Sin embargo, en secundaria hubo 10 puntos de diferencia en perjuicio de la ruralidad. Cuando un 50% de los chicos no termina la secundaria, y esto se ve mejor en el ámbito rural porque muchos alumnos y docentes tienen que viajar para ir a clase, hay entonces mucho ausentismo y la escuela no sirve. Tiene que haber otros formatos de escuela rural y ojalá algunas provincias se animen a largarlos. Hay pedidos en distintos rincones del país rogando por una escuela diferente. En el distrito de Ayacucho, en la localidad de Urdaquiola, Ema Sosa se atrevió e inventó un sistema distinto. Enseña cooperativismo, los alumnos están a cargo de la cooperativa. Les pide además a los docentes que agrupen horas de clase para poder asumir otras funciones. Es evidente que con copiar el modelo urbano para el ámbito rural se hizo agua en todos lados. No hay más que ver cómo son los sistemas educativos rurales que sí funcionan, que atraen a chicos a una escuela más flexible, donde profesores y alumnos se mueven y van armando su día.
- ¿Las escuelas agrarias tienen desafíos que les son propios?
- En el país más de 500, en pleno ámbito rural, pero también en ámbitos urbanos y periurbanos. Por ejemplo, hay en Florencio Varela y en Quilmes, lugares originalmente periurbanos que se han vuelto urbanos. Enseñan agro en todas sus versiones (con sistemas de alternancia, de internado), pero una gran mayoría está lejos de estar en la vanguardia y éste es uno de los factores que explica por qué no convocan a los chicos. Estas escuelas también necesitan flexibilizarse. Quizá sería mejor proponer un formato de seis horas obligatorias y dos en las que los chicos elijan proyecto y se involucren en prácticas profesionalizantes con empresas. Las escuelas agrarias tienen que convertirse en faros de innovación productiva.
Un instrumento crucial es ver a qué distancia está la escuela del índice de innovación productiva de su región y con qué frecuencia van los productores a aportar y encontrar soluciones. Solamente en una escuela así los alumnos van a encontrar el trampolín para poder desarrollarse en el mundo productivo agroindustrial. (Fuente: suplemento "LN colegios y jardines", diario La Nación, 12 de octubre de 2017).

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