Encrucijada española

Notas de Opinión 18 de octubre Por
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MOVILIZACION. Contra el separatismo. FOTO RJA
MOVILIZACION. Contra el separatismo. FOTO RJA
¿Declaró Carles Puigdemont la independencia de Catalunia? Una pregunta de sencilla respuesta, pero que sin embargo tiene en vilo a España y a los españoles, en este tiempo inmersos en una grieta que, no podemos decir sea exactamente a la cual tenemos en la Argentina, pero tiene bastante coincidencias. Es que cuando el jefe de gobierno catalán salió a pronunciarse en tal sentido, dijo algo así como "ni", al menos en la interpretación. Es que primero declaró la independencia y paso seguido la suspendió. Una clara y contundente muestra de quedar bien con dios y con el diablo, aunque esta clase de actitudes irremediablemente terminen mal, pues llega el momento que hay que definirse. El gobierno de España le fijó plazo -después de estirarlo en dos ocasiones- a Puigdemont para mañana jueves. De lo contrario, advierten, podría determinarse la intervención de su gobierno, lo que sería algo así como que la sangre llegue al río. Es aparentemente una de esas amenazas que difícilmente lleguen a concretarse, pues para graficarlo, sería como tratar de apagar el fuego echándole nafta. Aunque claro, todos los acontecimientos posteriores, impredecibles a la luz de los hechos, serán dependientes de la respuesta del mandamás catalán, ignorándose al momento cuál será su contenido. Sólo anticipó que su respuesta se basará en valores "cívicos y democráticos", en "las horas difíciles y a la vez esperanzadas que vive Catalunia". Es decir, pasando en limpio, no dijo absolutamente nada. 
Habrá que esperar entonces una horas para ver si Puigdemont da marcha atrás con el proyecto secesionista que desembocaría en el diálogo con el gobierno de Rajoy y seguramente elecciones anticipadas, o bien sigue adelante con el plan independentista. De darse esto último sería poco menos que inevitable la intervención a su gobierno, abriendo la puerta a acontecimientos imprevisibles.
Todo esto, poco más poco menos, puede seguirse en detalle a través de las informaciones. Poco de nuevo. En cambio, el haber estado en Barcelona la semana pasada, durante cuatro días, justo en el momento de las dos movilizaciones contra el separatismo, estando el conflicto en uno de sus puntos máximos de ebullición, dan la posibilidad de recorrer algunos otros recovecos del asunto, como por caso lo que piensa la gente, de ambos bandos.
Conviene antes recordar que este conflicto no es de ahora, aún habiendo alcanzado un giro realmente notable estas jornadas. Viene de muy lejos y siempre tuvo Catalunia aspiraciones secesionistas. Esta vez se metió fuerte la izquierda en el medio, y con el empuje de la juventud, Puigdemont no tiene claro si dar marcha atrás o seguir avanzando.
"Antes puede haber sido cuestión de identidad y del sentir por la tierra, pero ahora es un tema totalmente económico. En esta disputa lo que está en juego es el dinero pues Catalunia no quiere seguir dando más gran parte de su renta a España", fue un resumen bastante cercano a la realidad que pocos dicen, o se atreven a hacerlo, expresado por Javier, un trabajador del área turismo. Mucho más drásticos fueron otros comentarios de laburantes gastronómicos: "los políticos son todos unos corruptos, están armando todo este lío seguro para quedarse con una gran tajada, a nuestro costo".
Pero no todos anduvieron por ese andarivel, también hubo otras visiones: "Ustedes también tuvieron lo suyo con los Kirchner -dijo alguien más informado, tras enterarse de nuestro origen argentino-, aquí han provocado una enorme división en la sociedad, y hoy pocos se quedaron sin tomar partido. Se declare o no la independencia, para nosotros todo será igual, aunque un poco más complicado, porque los problemas en lugar de solucionarse se profundizarán".
Tras la última movilización enviamos desde Barcelona una nota titulada "Catalunia con K", buscando la semejanza con lo sucedido en la Argentina. Así se percibe la grieta, o la fractura como prefieren identificarla los españoles. Lo cierto es que los balcones de los edificios de departamentos, aparecen con banderas españolas los que se oponen a la separación y con
las catalanas los que alientan ser una república.
Todo esto sucede, con definición en cuestión de horas, aunque de ninguna manera será el punto final sino tal vez el inició de hechos mucho más contundentes, cuando en Italia también han comenzado a sonar voces secesionistas de parte de Lombardía el Véneto. Algo extraño viene ocurriendo en la institucionalidad del mundo, y no de ahora, ya fueron varios los hechos que de esa manera lo vienen marcando.

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