Una fecha peronista

Editorial 17 de octubre Por
El peronismo recuerda hoy el Día de la Lealtad, hecho histórico surgido un día como hoy de 1945.

La de hoy es una fecha no sólo cara y trascendente para los peronistas, sino también para la vida institucional de la Argentina. Es que hace exactamente 72 años, cuando una enorme multitud de trabajadores se movilizaron en la Plaza de Mayo con la intención de reclamar la liberación del entonces coronel Juan Domingo Perón, quien justamente ese 17 de octubre del año referido, pasaría a ser el indiscutido conductor de un movimiento político que posibilitaría la conquista de numerosos e importantes derechos sociales por parte de sectores populares.
Es necesario recordar que dos años antes de ese singular e histórico episodio, calificado de tal manera pues trazó un antes y un después en el historia argentina del siglo XX, cuando un golpe de Estado encabezado por el general Arturo Rawson en junio de 1943 ponía fin al gobierno de Ramón Castillo, el cual había surgido del fraude electoral. De tal manera concluía la denominada Década Infame, período negro de la vida institucional que comenzó en 1930 cuando una asonada militar desalojó del poder al presidente Hipólito Yrigoyen, iniciando un ciclo de gobierno de fachada democrática que se legitimaba mediante elecciones fraudulentas.
El movimiento obrero se encontraba dividido en cuatro centrales sindicales al momento de comenzar el gobierno de Rawson, siendo una de las primeras medidas intervenir los sindicatos. Cierta parte de la dirigencia sindical inició contactos con oficiales del Ejército entre quienes se contaban Perón y Domingo Mercante, con el objetivo de propiciar leyes sociales. Así surgió el Departamento de Trabajo, que aceitó las relaciones con el gobierno, por lo cual la iniciativa de Perón se convierte prontamente en Secretaría de Trabajo, dependencia desde la cual se crean los tribunales de trabajo, la indemnización por despido, el estatuto del peón rural y también de los periodistas. Sólo en 1944 se sancionaron 123 convenios colectivos de trabajo, y al año siguiente otros 347, siendo alcanzados más de dos millones de trabajadores. Perón logra un enorme e incondicional apoyo de parte de los sindicatos y los trabajadores, comenzando a surgir su postulación presidencial, generándose recelos en el Ejército que ocupaba el gobierno.
El malestar con Perón fue creciendo hasta que el ministro de Guerra de entonces, general Eduardo Avalos, un fiel representante de los sectores conservadores, propicia la detención de Perón, no pudiendo resistir la presión el presidente Edelmiro Farrell, quien el 12 de octubre de 1945 dispone hacer efectiva esas órdenes, siendo trasladado Perón a la isla Martín García.
La mecha de la resistencia obrera no tardó en encenderse, sumando adhesiones y ordenándose detrás de la CGT unificada, convocándose a una huelga general para el 18 de octubre, aunque los episodios comenzaron a precipitarse, luego que Perón acusara un malestar de salud siendo trasladado al Hospital Militar, al cual llega el 17 por la mañana, generándose una tremenda presión desde las bases populares, que provocan el pase a retiro del general Avalos, la renuncia del gabinete y la convocatoria a elecciones generales para los primeros meses de 1946.
Los obreros empezaron a llegar desde la zona sur de la Ciudad de Buenos Aires y más tarde del conurbano bonaerense. Miles de personas empezaron a cruzar el Riachuelo en bote, dado que la policía había cortado los puentes que conectan con la Capital para evitar el arribo de los manifestantes. Pedían sin cesar que apareciera el general Perón a dar su palabra, lo que finalmente ocurrió alrededor de las 23. La movilización masiva alcanzó para que la cúpula decidiera liberarlo e, incluso, unirse a él de cara al nacimiento de su campaña política. Todo parecía indicar que Perón se retiraría de la política, pero tras ese 17 de octubre se decidió a lanzarse como candidato a presidente, puesto que ganaría al año siguiente tras arrasar en las elecciones nacionales. 
El 17 de octubre pasaría a ser conocido como el Día de la Lealtad en la tradición peronista, pero sin dudas lo más trascendente de esa jornada fue la incorporación de la clase trabajadora como factor de poder de un movimiento que durante más de una década garantizaría derechos a los más humildes.

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