A las madres

Editorial 15 de octubre Por
Las madres serán hoy el centro de recepción del amor familiar.

De todas las fechas conmemorativas del calendario, este tercer domingo de octubre es seguramente la más trascendente de todas, pues tiene como figura central a la Madre, el núcleo central de la composición familiar, que es justamente donde recalan todos los mejores y más legítimos sentimientos. Vaya entonces si se trata de un día especial, donde todos tendremos una razón más que valedera para la celebración, de inmenso gozo cuando se trata de la madre presente, o bien cuando sea la memoria la encargada de rendir el homenaje del recuerdo.
Sobre la madre se ha dicho todo, y aún así seguro que queda muchísimo por decir, pero de todos modos acudiremos a algunas instancias no tan frecuentes, pero que hacen a la centralidad del festejo. Es que aunque haya muchos que supongan que este Día de la Madre responda a una estrategia de mercado comercial, como en realidad sucede con algunas otras conmemoraciones similares, ajustadas a las fechas de cobro de haberes para facilitar e incrementar las ventas, el origen de esta fecha tuvo muy diferente sentido. Es que estas celebraciones  se iniciaron en la Grecia antigua, en las festividades en honor a Rhea, la madre de Júpiter, Neptuno y Plutón, con origen que se remonta al siglo XVII, en Inglaterra. En ese tiempo, debido a la pobreza, una forma de trabajar era emplearse en las grandes casas o palacios, donde también se daba techo y comida. Un domingo del año, denominado Domingo de la Madre, a los siervos y empleados se les daba el día libre para que fueran a visitar a sus madres, y se les permitía hornear un pastel (conocido como "tarta de madres") para llevarlo como regalo.
Tal celebración se desarrollaba colectivamente, en bosques y praderas. Aunque algunos colonos ingleses en América conservaron la tradición del británico Domingo de las Madres, en Estados Unidos la primera celebración pública del Día de la Madre se realizó en el otoño de 1872, en Boston, por iniciativa de la escritora Julia Ward Howe (creadora del Himno a la república). Organizó una gran manifestación pacífica y una celebración religiosa, invitando a todas las madres de familia que resultaron víctimas de la guerra por ceder a sus hijos para la milicia. Tras varias fiestas bostonianas organizadas por Ward Howe, ese pacifista Día de la Madre cayó en el olvido. Fue hasta la primavera de 1907, en Grafton, al oeste de Virginia, cuando se reinstauró con nueva fuerza el Día de la Madre en Estados Unidos, siendo Ana Jarvis, ama de casa, quien comenzó una campaña a escala nacional para establecer un día dedicado íntegramente a las madres estadounidenses.
Continuando con estas citas históricas sobre este día tan especial, luego de la muerte de su madre en 1905, Jarvis decidió escribir a maestros, religiosos, políticos, abogados y otras personalidades para que la apoyaran en su proyecto de celebrar el Día de la Madre, en el aniversario de la muerte de su propia progenitora, el segundo domingo de mayo. Tuvo muchas respuestas, y en 1910 esta fecha ya era celebrada en casi todo Estados Unidos. En 1914, el presidente Woodrow Wilson firmó la proclamación del Día de la Madre como fiesta nacional, que debía ser celebrada el segundo domingo del mes de mayo. La primera celebración oficial tuvo lugar un día 10 de mayo, por lo que este día fue adoptado por muchos otros países del mundo como la fecha del Día de las Madres.
Aunque en la mayoría de países, incluso iberoamericanos, esta fecha tiene lugar a mediados de mayo -como queda señalado-, aquí en la Argentina el festejo es el tercer domingo del mes de octubre, exactamente hoy.
Que sea entonces mamá la gran agasajada de la familia este domingo, y aunque seguramente recibirá todo el amor y afecto que de costumbre, es una buena ocasión para reiterarle todo lo que inspira su figura. El amor, el cariño, la paciencia, la comprensión, la solidaridad, la aceptación y el acompañamiento, entre otras de las muchas virtudes que la distinguen. Y aquellos que ya no la tengan en presencia, aunque fuertemente prendida en el recuerdo de su memoria, que sigan ofreciendo todo el amor que ella volcó en su existencia.
Levantemos nuestra copa, pero más que eso nuestro corazón, para brindar por el amor de mamá!


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