Cuando los argentinos estamos ante el espejo

Notas de Opinión 14 de octubre Por
"Cómo decimos que somos y cómo pensamos que son los demás" es el título de un relevamiento que indaga el comportamiento frente a la corrupción, la mentira, la sinceridad y más.

Por Sergio Doval (*)

Los seres humanos hemos decidido vivir en sociedad, apostando a la construcción colectiva por encima de las conquistas individuales; dando por resultado una mirada homogénea donde conviven las disidencias.
Ahora, ¿cómo podemos esperar un país más justo cuando 1 de cada 2 habitantes piensa que la corrupción es inevitable?, más aún cuando también 1 de cada 2 piensa que la principal causa de la corrupción es la deshonestidad de la sociedad en general. Al respecto de lo que implica hacer convivir estas visiones distintas, está claro que no todas las personas tienen la capacidad de afinar cuando cantan, pero ¿alguna vez han escuchado una muchedumbre desafinar cuando entonan una canción miles de personas en un recital o cantan un himno en un acto?
Todas las voces se superponen, limando las asperezas y dejando un sonido homogéneo. Ahora, si todos afinaran ¿sonaría mejor?
Lo cierto es que la autopercepción de los habitantes de CABA y GBA respecto a su propio nivel de corruptibilidad es muy distinta de su percepción respecto a lo que opina que haría el resto de sus conciudadanos ante la misma situación.
El presente trabajo, denominado "Cómo decimos que somos y cómo pensamos que son los demás", ha sido el resultado de una colaboración técnica entre Taquión, la Universidad Abierta Interamericana (UAI) y la firma de Auditoría y Consultoría BDO. Estas organizaciones unidas detrás de la investigación han realizado el este estudio aportando visiones multidisciplinarias desde el mundo privado, académico y de la investigación buscando por fin aportar luz sobre temas de preocupación e interés general. La investigación se realizó durante del 19 al 29 de septiembre a 800 personas habitantes de la Ciudad de Buenos Aires y la Provincia de Buenos Aires mayores de 18 años y lo que sigue son sus aspectos salientes.
¿Es la falta de presencia del estado o su degradación?
Ante la posibilidad de sobornar a un policía para evitar una multa, el 76% de la gente declara que acepta la multa sin intentar el soborno, mientras que consultados respecto de qué piensa que haría el común de la gente, esas mismas personas dicen que 8 de cada 10 de sus conciudadanos sobornarían al policía.
Lo mismo sucede cuando se le plantea a la gente la posibilidad de estar llegando a una reunión importante y no encontrar lugar para estacionar. Solo el 25% de la gente dice que accedería estacionarlo en la esquina por indicación de un “trapito”, siendo que creen que el 75% de la gente no tendría problema en hacerlo.
¿Será que somos demasiado “políticamente correctos”?
Ante una situación violenta de un hombre hacia una mujer en la calle, solo el 7% de los entrevistados dijo que no haría nada. Sin embargo, piensan que el 64% de la sociedad no se metería.
¿Un simple mal entendido? No lo creemos. Ante el error de un mozo en una cuenta a favor de ellos, nuevamente el 75% declaró que le avisaría al mozo para que corrija la cuenta incluyendo lo omitido, mientras que de nuevo creen que casi 8 de cada 10 personas no diría nada.
¿Tenemos miedo al qué dirán?
En el único caso en el que no encontramos tanta diferencia entre lo que haría el entrevistado respecto a lo que piensa que haría el conjunto de la sociedad, es cuando le preguntamos por la posibilidad de colarse en un evento (la mirada de los otros, claro, está presente).
El 13% se colaría pero aquí los entrevistados creen que, en general, solo el 56% de la gente se colaría.
¿Y si no podemos ser sinceros ante los nuestros?
El 17% de la gente si necesitara pagar algo y no tuviese con que, le sacaría a sus hijos (si tuvieran ahorros) sin decírselo, esperando poder devolverlo más adelante. Ahora, respecto a la sociedad creen que esto sucedería en 3 de cada 10 casos.
¿Los jóvenes son más corruptos o más sinceros?
En todos aquellos casos en los que los entrevistados admitieron que cometerían una actitud socialmente reprobable, la mayoría son jóvenes. ¿Hablará de un cambio generacional? ¿O de una condición de “sincericidio” por falta de madurez? Entendemos que es lo primero. Las redes sociales y la cercanía a la realidad, el fin de los tabúes en los términos conocidos anteriormente construyen definiciones más reales de relación con la verdad, en un mundo cada vez más virtual. Las instituciones en el seno de la problemática.
Es claro que las instituciones representan la conformación orgánica de una sociedad y estas son, en definitiva, las que dan vida al orden público establecido por un estado.
Así como hemos detectado en el nivel de confianza medido hace no poco tiempo, existe el mismo problema en el nivel de percepción que se tiene de las mismas instituciones.
Lo más preocupante de todo es que el 70,4% de la población cree que la justicia es corrupta o muy corrupta.
A partir de aquí, el derrame en el resto de la sociedad.’
¿Un Gobierno percibido como menos corrupto que toda la sociedad misma?
Es un dato interesante que el Gobierno Nacional muestre una imagen de Corrupto o Muy Corrupto 7 puntos menos que el puntaje obtenido por la propia sociedad. Una posible lectura de esto es que las formas adoptadas desde el Gobierno respecto de la transparencia y lucha anti-corrupción está teniendo efectos positivos en la consideración popular, lo que deja en evidencia que la sociedad entiende que la misma es un flagelo que se debe combatir

SIN IMPORTAR EL COSTO
Llama la atención que el 30% de la población, por estar mejor esté dispuesta a tolerar la corrupción. Nos hace suponer que existe aún un largo camino por recorrer en la concientización de la población respecto a los efectos nocivos que la corrupción tiene en la sociedad como un todo.

UNA LUZ AL FINAL DEL TÚNEL
Por último, encontramos similitud en la percepción de solidaridad de nuestra población. El 76,4% se autopercibe como solidario o muy solidario y a su vez los entrevistados consideran que el 73,6% de la población así lo es.
El 66% de los entrevistados declara que realiza actividades solidarias, y en un 40% dice que lo realiza a través de donaciones.

CONCLUSIONES
La conformación de una sociedad que se evalúa tan diferente desde su autopercepción respecto del conjunto de quienes la componen, es positivo porque habla de la pluralidad de voces o negativo porque habla de una disociación entre la persona individual y ese conjunto social en el que habita.
Expertos en análisis del comportamiento, explican que como humanos somos “cortos de vista”, nos cuesta pensar a largo plazo. Incluso, tendemos más al autoengaño que a engañar a los demás. Todos pensamos que conducimos mejor que los demás, que un infarto es algo que le va a suceder a otro; todos mentimos diariamente sin que eso nos lleve a pensar que somos mentirosos o sencillamente malas personas. Las personas engañan ahorrando algo al pagar los impuestos, falseando con cuidado su perfil en redes sociales, por solo citar algunos ejemplos.
Desde niño la mentira forma parte de la diversión, y es sabido que estimula su imaginación y aumenta su creatividad. La gran frase “todos lo hacen” es habilitadora de las primeras mentiras, y una vez que se ha mentido, la probabilidad de que vuelvas a incurrir en ella aumenta. Sucede que cuando uno miente, el cerebro emite una respuesta de “incomodidad ética”.
Cuando la mentira ha ocurrido decenas de veces, la incomodidad va menguando hasta desaparecer. Poco a poco el honesto puede encuadrar en el perfil del típico defraudador, o lo que es peor: el mentiroso que se cree sus propias mentiras y convive con ellas naturalmente.
Por otra parte científicos de dicha universidad concluyen que la mentira es contagiosa y que los países donde hay más confianza en el vecino (Noruega podría ser un buen ejemplo), logran mayor desarrollo económico. Esto no es otra cosa que la llamada “confianza social”, a la que pareciera que hoy, los argentinos estamos lejos.

(*) Director de Opinión Pública de UAI.



Te puede interesar