Economía y pobreza

Editorial 14 de octubre Por
Editorial

Que los indicadores de la economía comiencen a reflejar una recuperación de los sectores productivos no significa, lamentablemente, que la situación social de millones de pobres, indigentes y excluidos mejore. En la Argentina y en cualquier país del mundo, no se pueden realizar los deberes que no hicieron durante décadas los sucesivos gobiernos ni hizo la sociedad en general. 
La desigual distribución de la riqueza que caracteriza gran parte de la historia nacional constituye el resultado de la falta de políticas de estado a larguísimo plazo y la imposibilidad de alcanzar acuerdos básicos, algo así como una concertación, entre las clases dirigentes de derecha, centro o izquierda. Como el fútbol proporciona ejemplos con los que establecer analogías con situaciones particulares de personas, instituciones o inclusive países, podría decirse que la Argentina vivió cambiando técnicos porque nunca logró los resultados deseados -objetivos- ni encontró un sistema de juego, una identidad de equipo. En definitiva, las divisiones marcaron el ADN del equipo que, en estas condiciones, solo pudo cosechar fracasos y decepciones.
En este contexto histórico, el interrogante es si el cambio llegó para quedarse y si podrá mejorar la calidad de vida de los argentinos, en especial de 12 o más millones de pobres y también de miles de trabajadores que a pesar de que se esfuerzan no tienen ingresos suficientes para escaparle a la pobreza.
Mientras la realidad cotidiana sigue siendo difícil para muchas familias, surgen informes que hablan de bonanza de la economía global pero también del hambre. Veamos. 
En su encuentro en Nueva York, tanto el Fondo Monetario Internacional como el Banco Mundial destacan la recuperación de la economía global, más allá de que advierten sobre riesgos latentes como falta de reformas o creciente endeudamiento de los países -como la Argentina-.
En tanto, esta semana la Comisión Económica para América Latina y el Caribe (CEPAL) revisó al alza las proyecciones de crecimiento de la región para este año a un 1,2% y a un 2,2% para el próximo, la mayor desde hace cinco años. Sin embargo, por países, destaca la contracción de Venezuela, que será este año del 8% y del 4% el próximo.
Este dato lastra el promedio del crecimiento de las economías de América del Sur, especializadas en la producción de bienes primarios, en especial petróleo, minerales y alimentos, que crecerán este año un 0,7%, luego de dos años de contracción, agrega. En tanto para el 2018, se espera un crecimiento en esta subregión del 2%.
De acuerdo a la CEPAL, Bolivia y Paraguay liderarán el crecimiento éste y el próximo año con un 4%, seguidas por Uruguay, con el 3% y el 3,2%, respectivamente. Perú también mejorará el crecimiento el próximo año al 3,5% frente al 2,5% esperado este año.
A contramano de las proyecciones económicas, la FAO alertó que después de una década de celebrar avances en su erradicación, el número total de personas que padecen hambre creció en América Latina en 2016 al tiempo que se expandió la obesidad, un fenómeno que está "desbocado" en la región.
El estudio presentado esta semana, bajo el nombre "Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe", sostiene que el año pasado, alrededor de 42,5 millones de latinoamericanos (el 6,6% de la población total) no contaron con la cantidad suficiente de alimentos para cubrir sus necesidades calóricas diarias, lo que representó un aumento de 2,4 millones de personas, un 6% más en relación al año anterior. a el 
Sudamérica, una de las regiones más ricas en la producción de alimentos, sufrió el mayor incremento de la subalimentación, al crecer el hambre de un 5 a un 5,6%.
Para el director general de la agencia de Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura, FAO, José Graziano, el incremento del hambre en América Latina "se relaciona principalmente con la desaceleración económica, las crecientes tasas de desempleo, la disminución del salario mínimo y el deterioro de las redes de protección social".
De acuerdo al trabajo, Argentina y Perú registraron un aumento de 0,1 millones de personas, mientras Bolivia, Chile, Ecuador y Paraguay mantuvieron sus cifras. 
Con estas cifras, que revierten décadas de progreso, es muy difícil que la región alcance el Objetivo de Desarrollo Sostenible 2 de hambre cero, que compromete poner fin al hambre, lograr a seguridad alimentaria y la mejora de la nutrición y promover la agricultura sostenible al año 2030. 
En la Argentina, los datos oficiales exhiben una caída de la pobreza en el último año, aunque la tarea por hacer aún es titánica. La consigna "pobreza cero" instalada desde el Gobierno es un poco un objetivo como una utopía considerando nuestro pasado y presente, aunque eso no quita pelear por alcanzarla. 






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