Sindicatos y corrupción

Carta de Lectores 12 de octubre Por
Carta de Lectores
Sr. Director:

Me resulta al menos sorprendente escuchar las expresiones del sindicalista Héctor Daer, diciendo que van por la desaparición del sindicalismo cuando el gobierno denuncia a los jefes sindicales que hace rato que están robándole al trabajador que representan y que se han enriquecido en forma pornográfica mediante el lavado de dinero y la extorsión a los empresarios. Tan sorprendente como escuchar a un representante del oficialismo local, hoy en busca de la renovación de su banca, cuando dice que los que hablamos de la necesidad de bajar el “costo político” en el fondo vamos por la eliminación de la política.
Dos defensores de la cleptocracia que nos gobernó durante 12 años que creen defendible, el primero, que un delincuente esté a cargo de una organización que se supone existe para defender los derechos de los trabajadores y no para enriquecerse personalmente y el segundo, el aumento del peso del Estado que redunda en el esfuerzo histórico de los que pagamos impuestos para solventarlo.
El costo político está manifestado en las 2 veces y media que subieron los impuestos en los últimos 12 años para los que pagamos y que fueron a los bolsillos de unos pocos, en vez de volver en obras y bienestar y descenso de la pobreza de la gente de nuestro país.
El costo político es los $ 44 millones anuales que nos cuesta cada senador y los $ 26 millones que nos cuesta cada diputado de la provincia de Santa Fe.
El costo político es quizás los altos sueldos de los funcionarios locales comparados con los sueldos que cobra cualquier trabajador de nuestra ciudad.
Costo político es que los funcionarios políticos de la ciudad se hayan quedado con millones de pesos por devolución del impuesto a las ganancias, cuando cualquier otro mortal de la ciudad no pudo hacerlo.
El costo político es, por ejemplo, los 1.566 asesores de la Cámara de Senadores de la Nación, que implica más de 20 asesores por Senador.
El costo político es, también, los 23 ministerios, 88 secretarías, 208 subsecretarías y 305 direcciones del Gobierno Nacional.
El mismo funcionario que destrata al ciudadano que reclama un recorte urgente del costo político, habla livianamente de la carga impositiva de los empresarios argentinos, y se olvida que todo esto viene de años de hacer subir la carga de un Estado que hoy paga una asignación, jubilación con y sin aportes, desempleo, sueldo o simplemente “algo” a más de 20 millones de argentinos, y tiene en los funcionarios políticos entre los mejores pagos de la sociedad.
Como dije en enero de 2016, apenas asumió el nuevo gobierno, el problema económico de Argentina no está en su déficit fiscal, sino en su nivel de gasto público. Pero parece que los políticos de todos los colores y los sindicalistas solo miran cómo cuidar su quintita. Insinuar que se quiere la desaparición de la política o la del sindicalismo es una forma fácil y lastimosa de desligarse del problema real argentino, que es que muy pocos millones trabajen y paguen sus impuestos para que muchos más millones vivan a costa del Estado y que miles de políticos en funciones tanto en la Nación, en la Provincia y en la ciudad cobren un regio sueldo para que pocas soluciones, o ninguna, se le den a los problemas de la gente que se levanta todos los días para ver cómo zafa de una dirigencia que hace 70 años nos tiene en un tobogán de decadencia como país, como sociedad y como personas.

Lic. Lilián Koper
Rafaela

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