La poda de los árboles

Editorial 09 de octubre Por
Leer mas ...
Sin ser uno de los temas que pueden ser considerados de política mayor, la poda de árboles suele ser motivo de polémica en la ciudad por la forma en la que se realiza y porque además cada vecino aporta una opinión, generalmente crítica, sobre el asunto. Así, cada vez que la flota de empleados municipales efectúa estas tareas de mantenimiento del arbolado urbano emerge una corriente en la que los cuestionamientos sobre la tarea efectuada y los criterios utilizados para la misma se impone claramente sobre los elogios. 
Hasta hace algunos años el debate giraba en torno si la poda que se practica en las especies son útiles y favorecen su salud o se produce una mutilación sin justificación técnica que condiciona el futuro de esa planta. La pregunta es ¿cada empleado poda como le parece o detrás de sus acciones hay un protocolo que establece ciertas reglas básicas para llevar a cabo la tarea?
Y ahora también se agrega en la discusión los cada vez más intensos temporales de viento que sacuden a la región. Es decir, cuando se ejecuta la poda hay que pensar cómo dejamos a una planta para enfrentar las ráfagas de viento, sobrevivir y no caerse, lo que puede ser un riesgo para la salud de la población y sus bienes.
Pero la polémica no es exclusiva de los rafaelinos. Recientemente docentes de la UBA advirtieron sobre la falta de criterio técnico con el cual a su juicio se realizan las podas de árboles en las calles porteñas y señalaron que las malas prácticas aumentan el riesgo de caída de ramas y troncos. Entre otros puntos, se cuestionó que "desde el Gobierno bajan la orden de comenzar a podar 70.000 árboles a partir del 1º de mayo, por ejemplo, como si todos caducaran en el mismo momento", y se señaló al respecto que "algunas especies se podan fuera de época, como sucede con las tipas y los jacarandás".
En un artículo de la agencia NA, se destacan las declaraciones de la jefa de trabajos prácticos de la cátedra de Jardinería y docente de la materia Arbolado Urbano, Gabriela Benito, quien explicó que cerca de 30 técnicos egresados de la tecnicatura en Jardinería de la UBA fueron empleados por el área de arbolado urbano del Gobierno de la Ciudad como parte del plantel de inspectores. En ese organismo, los especialistas "hacen un diagnóstico del estado de los árboles y proponen un determinado tipo de intervención, pero luego las empresas contratadas que llevan a cabo las podas no están a cargo de profesionales idóneos, no tienen cuadrillas capacitadas y cortan sin un criterio técnico". Cualquier parecido con la realidad de Rafaela ¿es pura coincidencia?
Benito se refirió a las intervenciones en diferentes espacios verdes de la ciudad, donde junto a otros docentes y estudiantes que realizan actividades prácticas observó cómo la maquinaria trabajaba rompiendo las raíces y dañando troncos, acciones que también ponen en riesgo a los árboles. Al respecto, consideró que "una buena gestión y planificación debe anticipar un momento de riesgo, debe evaluar el estado mecánico y sanitario del árbol".
Además, sostuvo que desde el Gobierno bajan la orden de comenzar a podar 70.000 árboles a partir del 1º de mayo "como si todos caducaran en el mismo momento" por lo que aquí se advierte una suerte de pecado original en la materia. Para Benito, algunas especies "se podan fuera de época, como sucede con las tipas y los jacarandás, que caducan en septiembre u octubre pero se intervienen en junio, con ello les quitan masa verde y aceleran su decrepitud". Asimismo, alertó que "una mala poda desequilibra copas, cargando los pesos sobre follajes y ramas que no están fortalecidas".
Por eso no dudó en sostener que esta mala intervención hace que la arquitectura vegetal no esté en equilibrio y cuando hay episodios de tornados o lluvias violentas los árboles se quiebran. Otro punto de vista para tener en cuenta en la discusión doméstica de los rafaelinos. 
Por último, resaltó la importancia de una política de renovación de los ejemplares de mayor edad. En el caso de la Ciudad de Buenos Aires, "también tenemos un arbolado antiguo, en muchos casos con senectud, que comenzó a plantarse masivamente a comienzos del siglo XX, por eso hay ejemplares que deben ir renovándose".
Benito explicó que la existencia del bosque urbano en cada ciudad disminuye las altas temperaturas, atempera el ruido y los vientos, capta el polvillo atmosférico y atrae la fauna silvestre, entre otras ventajas que, en definitiva, mejoran la calidad de vida de las personas. Pero para que esa vegetación cumpla estas funciones debería estar gestionada por profesionales capacitados, que conozcan sus ventajas y las maneras de administrarlo.





Te puede interesar