La Selección, hasta las manos

Deportes 07 de octubre Por
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OSVALDO WEHBE. "Es una situación muy triste", le dijo el periodista riocuartense a LA OPINION.
OSVALDO WEHBE. "Es una situación muy triste", le dijo el periodista riocuartense a LA OPINION.
Es difícil apelar con algún suceso a la creatividad, para describir lo que nos viene pasando como sociedad futbolera desde hace algunos años y que ha encontrado un espacio de confort generoso en el ámbito de la Selección Mayor; fui y vine varias veces por las frases de Arturo Jauretche como disparadores de esta tarea post traumática, de contar lo que se siente cuando la frustración desafía toda lógica y promete otros capítulos. Aquello del “medio pelo argentino” me sobresaltó y cuando parecía que me iluminaba el camino para darle vida a estas líneas, caí en la cuenta que todavía no está todo dicho y que el martes, desde Quito, podría estar frente al análisis de una clasificación que aún indecorosa como lo sería, podría correr la línea del horizonte una vez más y postergar así, el retiro espiritual que necesita urgente el fútbol de nuestro país.
No es la idea hacer un análisis sociológico de un tema deportivo, pero como no lo es estrictamente, se precisan algunas herramientas que lo enriquezcan para acercarnos más a estas manifestaciones. Lo primero que hay que marcar, es que no hubo “efecto” Bombonera y que en todo caso, lo que sí hubo, fue una colosal puesta en escena para la cual trabajaron en complicidad la AFA, Boca y ese gigantesco brazo armado de La 12, para espetarles al resto, cómo se debe preparar un espectáculo de esta envergadura, qué colores hay que lucir, qué repertorio se debe interpretar desde las tribunas como aliento incondicional, a que futbolistas hay que mimar y como el negocio es de una dimensión oprobiosa, quiénes no deben estar contemplados en los reproches si la mano viene mal.
Con buen razonamiento, un colega me dice al oído (de otra manera podría haberse complicado), “si en River le habilitaban la zona a Los Borrachos del Tablón, seguramente, el clima de fervor y arenga tribunera hubiera sido diferente a los anteriores”; en consecuencia y más allá de ese contexto impostado, la influencia de esa presión, una vez más volvió a jugar para los rivales, y el equipo argentino se convirtió en un triste rehén de esas tradiciones.
La apelación exagerada a que la mística de un estadio va a cooperar para maquillar el verdadero déficit operativo no tiene demasiado que ver con esta generación de jugadores; esto no es un juicio de valor, pretende ser descriptivo de una realidad que nos acompaña hace más de 10 años; claro está, el tiempo lo ha ido deteriorando a ese tejido de convivencia y hoy, a las puertas de un fracaso estrepitoso, las distancias se hacen irremontables para restaurar la convivencia.
Los jugadores se fueron del estadio sin comunicarse con la gente, pensándolo bien, no deja de ser una buena estrategia la de prolongar el bozal, hay tan poco para decir cuando en la cancha la modestia y la inoperancia son más poderosas que las palabras y sino, pregúntenle a Sampaoli, que obligado por su cargo a dar la cara y sentarse en la conferencia de prensa, le habló al mundo desde un relato ficcionado para no admitir que lo mejor hubiera sido balearse en un rincón.

“ES MUY TRISTE”
Todos los periodistas en la zona de prensa portábamos mala onda y tensión después del empate ante los peruanos; pero encontrarse con Osvaldo Wehbe, de alguna manera, fue un lenitivo para recuperar cierta moral con una pizca de optimismo: “Me voy como hace un mes en cancha de River, la impotencia de un equipo que acumula méritos, genera situaciones claras, pero después te deja sin nada con el agravante de no poder acomodarse para conseguir de una vez por todas la clasificación. Es una situación muy triste porque tengo la impresión que si no vamos al mundial, los que vamos a pagar la cuenta somos los hinchas, aquellos que nos gusta el fútbol desde siempre y lo vivimos con intensidad; esto no se verá reflejado en los que dirigen la AFA, ellos sí van a estar en Rusia como invitados especiales”.
Esa sentencia, permitió una ampliación respecto de la conducción política en nuestro medio: “Cómo estaremos de mal en el campo de los valores que en estos días escuché argumentos en defensa de la gestión de Julio Grondona, y claro, si los que están ahora son una mala copia, pero cuidado todos son egresados de una escuela que le ha hecho mucho daño al fútbol argentino, la diferencia es que antes las órdenes y el juego lo repartía una sola persona y ahora hay varios mediocres”.
En relación al partido y a la definición de estas eliminatorias, el Maestro de Río Cuarto, agregó: “Sampaoli está haciendo un fuerte aporte a la confusión, se lo nota demasiado desbordado emocionalmente y esto no coopera para nada; además, no ligamos nada, se desperdician situaciones increíbles y es lógico que la ansiedad te lleve por los caminos menos aconsejables. De cualquier manera y ante semejante coyuntura, las oportunidades todavía están intactas y todo aquello que no se recibe como beneficio propio, lo están aportando los de afuera; por ejemplo, la victoria de Paraguay sobre la hora en Colombia fue una bendición para los intereses de Argentina; si ganamos en Quito estoy seguro que nos clasificamos y ese resultado, terminará de ser el más influyente en la cuenta final”.
El martes, este sainete criollo promete otro capítulo no menos tenso que el vivido a orillas del Riachuelo; en Ecuador, Argentina cargará con todo el peso de la historia y sus actuales complejos de inferioridad. Parece un cuento decirlo pero es así, cayéndosele los goles de los bolsillos a la mayoría de sus jugadores en sus clubes, deben llamar a licitación, para convertir uno con la casa albiceleste.
Nos vemos en Quito…

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