Sarmiento inagotable

Notas de Opinión 28 de septiembre Por
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Por Rogelio López Guillemain


NOTA III
Citas y anécdotas
: "Cuando los hombres honrados se van a su casa, los pillos entran en la de gobierno". "Es la práctica de todos los tiranos apoyarse en un sentimiento natural, pero irreflexivo, de los pueblos, para dominarlos". "El buen salario, la comida abundante, el buen vestir y la libertad educan a un adulto como la escuela a un niño". "Fui nombrado presidente de la República, y no de mis amigos". "Puede juzgarse el grado de civilización de un pueblo por la posición social de las mujeres". "No está prohibido que un hermano del presidente fuese ministro, pero la decencia lo impide". " Crear madres directoras de la educación de sus hijos… el medio de educar a los pueblos bien y barato, es hacerlo a través de la mujer". “La moral nace del trabajo; no se produce con rezos, sino con la educación y la aptitud para el trabajo...”.
En 1856 Sarmiento era Inspector general de escuelas, en una oportunidad llegó a un establecimiento y comprobó que los alumnos eran buenos en geografía, historia y matemáticas pero flojos en gramática y se lo hizo saber al maestro. Este, asombrado le dijo, “no creo que sean importantes los signos de puntuación”. –“Que no! Le daré un ejemplo”. Tomó una tiza y escribió en el pizarrón: El maestro dice, el inspector es un ignorante. –“Yo nunca diría eso de usted, señor Sarmiento”. –“Pues yo sí”, dijo tomando una tiza y cambiando de lugar la coma. La frase quedó así: El maestro, dice el inspector, es un ignorante.
Como presidente, Sarmiento solía visitar sorpresivamente los hospitales para ver cómo funcionaban y cómo atendían a la gente. Un día, visitando el hospital psiquiátrico notó que un grupo de internados charlaba en el patio. Se acercó a ellos y uno le dijo: "¡Bienvenido! Yo sabía que el loco Sarmiento iba a terminar entre nosotros!". En un debate parlamentario un diputado estanciero acusó a Sarmiento de ser pobre y que si se lo ponía patas para arriba no se le caería un sólo peso. Don Domingo le respondió: "Puede ser, pero a usted lo pongan como lo pongan nunca se le caerá una idea inteligente." Cuentan que un día Sarmiento se encuentra con un “enemigo” político, mientras caminaba por una vereda de Buenos Aires. Ante la sorpresa, el personaje le espeta: “yo no le cedo el paso a las bestias”. A lo cual Sarmiento respondió bajando a la calle: “yo sí”.
Un día, dando un discurso en el Congreso Nacional, pronunció “Shakespeare” como se escribe; ante la risita de algunos “intelectuales”, Sarmiento optó por continuar su discurso... todo en inglés! A los 34 años el gobierno de Chile lo envía a estudiar el sistema educativo de los países europeos. De este viaje quedaron documentados sus gastos en forma detallada en un libro aparecido en Chile titulado “Diario de gastos durante el viaje a Europa”. Entre los muchos gastos efectuados y minuciosamente registrados figuran la compra de camisas, pantalones, un gorro de dormir y servicios de peluquería, almuerzos, cenas, corbatas, cien tarjetas de visita, alquiler de caballo e imprevistamente se anotan 13 francos imputados en el rubro “orgía”.
En una reunión con representantes de todo el país, dijo Sarmiento mientras comía: "La verdad es que ninguna empanada en el mundo vale la empanada sanjuanina". Ante dicha afirmación, cada cual defendió las virtudes de las empanadas de su terruño desdeñando a las otras, cuando la conversación se torno en discusión, Sarmiento los interrumpió diciendo: "Señores, para hacer valer cada uno la empanada de su predilección, hemos hecho caso omiso de la empanada nacional. Esta discusión es un trozo de historia Argentina, pues mucha de la sangre que hemos derramado ha sido para defender cada uno su empanada”. En 1845 Sarmiento publicó Facundo, su libro más famoso, en Chile en plena época de Rosas. Hizo entrar decenas ejemplares a través de un paquete despachado por su amigo el Dr. Rawson. El paquete fue rociado con Azafétida, un medicamento de olor nauseabundo y acompañado con una carta en la que decía que contenía medicamentos contra el coqueluche. Ningún empleado del correo se atrevió a abrirlo y así comenzaron a circular los primeros ejemplares de Facundo en nuestro país.
A Sarmiento le gustaba tratar a sus adversarios con ironía. En ocasión de discutirse en el Senado la aprobación del presupuesto para la construcción de un ferrocarril, los senadores consideraron excesiva la suma de 800.000 pesos fuertes y demasiado generosa la garantía del 7% de ganancia. “No he de morirme sin ver empleados en ferrocarriles en este país ¡No digo 800.000 sino 800 millones de pesos!" Como los senadores se empezaron a reír, Sarmiento pidió que las risas constaran en las actas "Porque necesito que las generaciones venideras sepan que para ayudar al progreso de mi país, he debido adquirir inquebrantable confianza en su porvenir. Necesito que consten esas risas, para que se sepa con qué clase de necios he tenido que lidiar". Desde las páginas de "El Censor" se opuso a las concesiones excesivas a los ferrocarriles ingleses: "En los Estados Unidos son frecuentes las concesiones de terrenos a lo largo de los ferrocarriles; pero se hacen en lotes alternados, promediando entre los concedidos uno de igual extensión que retiene el propietario original. De este modo se consigue que no se entregue para siempre el dominio del territorio atravesado por la línea a los que la explotan con todas sus ventajas y hacer valer el propio terreno tanto en lo futuro como valga el vecino concedido. Conceder también centenares de leguas porque hoy valen poco, pero que valdrán millones, es prodigar irreflexiblemenente la fortuna".

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