Economía global

Editorial 25 de septiembre Por
La nueva revolución industrial es la informatización completa de las manufacturas y los servicios.

Debido a los seis años de estancamiento que experimentó la economía en el mundo, entre 2010 y 2016, una de sus principales consecuencias -entre otras- fue que la tasa de expansión de los países más altamente desarrollados se contrajo a la mitad, pasando de 2 a 1 punto anual, siendo Estados Unidos el más perjudicado del grupo referido, ya que se encuentra en promedio de crecimiento de 0,5%, aún menos que Japón, que es el otro de los grandes que tiene su actividad económica restringida. 
La situación que tienen los países más avanzados, se contrapone claramente con lo que sucedió en el primer semestre de 2017, cuando la economía volvió a expandirse 3,5%, aunque así y todo no se pudo evitar el debilitamiento de la productividad que se redujo al 0,5% anual durante dicho período. 
Según lo expone el analista internacional Jorge Castro, el cálculo realizado por la Organización de Cooperación y Desarrollo Económico (OCDE) es que por cada 2 puntos de aceleración de la productividad de todos los factores en los países avanzados, hay un crecimiento de 0,3 puntos porcentuales en el resto del sistema mundial que comercia con ellos.
El aumento de la productividad, en el presente, depende casi exclusivamente del alza de la innovación, ya que la fuerza de trabajo se encuentra en declinación en todo el mundo consecuencia del envejecimiento generalizado de la población y su disminución en términos absolutos, por lo cual será central lo que suceda en avance y cambio tecnológico en los dos países centrales del momento: Estados Unidos y China.
Para el sistema capitalista no existe nada más importante en las dos primeras décadas del siglo actual, que lo que ocurra en cuanto al cambio tecnológico, ya que de eso depende en gran medida la recuperación sostenida de la economía en el mundo, o bien su fracaso. Es por esa razón que uno de los riesgos mayores es que haya una ruptura entre las dos superpotencias mencionadas, que son justamente las que encabezan la nueva revolución tecnológica, lo cual hasta puede llegar a interpretarse como una especie de guerra comercial.
De registrarse algunas de estas alternativas diferentes al crecimiento, la economía en el mundo entero se volcaría a un proceso de proteccionismo generalizado, con la consabida ruptura de las lazos y relaciones internacionales, lo cual de darse de esa manera, indefectiblemente postergaría la recuperación que se viene dando en el presente año.
El PBI mundial es de 67 billones de dólares, del cual explican casi la mitad Estados Unidos con 18 billones y China con 12, por lo cual una confrontación comercial entre ambas potencias significaría la ruptura del proceso de integración mundial del capitalismo, que es el real significado de la globalización.
Es por estas razones que, según lo sostiene el articulista Castro, tuvo una importancia fundamental el pacto logrado en abril pasado entre Estados Unidos y China durante el encuentro de sus presidentes en Palm Beach (Florida), surgiendo un completo acuerdo relativo al comercio y las inversiones. convirtiéndose por lo tanto en la principal y más importante decisión política y estratégica de 2017.
Esta nueva revolución industrial que alcanza a la informatización completa de las manufacturas y los servicio, constituye la combinación de tres tecnologías esenciales como la Inteligencia Artificial, Internet de las cosas y Robotización. Precisamente, se anticipa que Estados Unidos ya contaría con 5,2 robots cada 1.000 trabajadores en 2025, lo cual equivaldría a un crecimiento de la productividad del 30%.
Se asegura que el mundo está frente a la posibilidad de un extraordinario excedente de productividad, quedando por resolver cómo será distribuido en caso de concretarse. Remarcándose además que la recuperación de la economía en lo que va del año constituye un fenómeno real, no exclusivamente monetario, lo cual incrementará el producto potencial merced al sostenido auge de la productividad de todos los factores. Es que, más allá de todas las argumentaciones que se utilicen, la realidad siempre tiene la razón.

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