La partida en pleno juego

Notas de Opinión 18 de septiembre Por
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Por Daniel San Román. - El 1º de octubre podría ser un día inflexivo para Catalunya y para España. Para esa fecha el gobierno catalán y gran parte de su sociedad civil han convocado a un referéndum de autodeterminación. Este llamado a las urnas ha sido declarado ilegal por la justicia española y es políticamente combatido por el actual gobierno conservador del Partido Popular.
En los próximos días se continuará viendo la batalla política, judicial, social y mediática entre los que quieren constituir la República de Catalunya y los que desean mantener a estas tierras del oriente ibérico unidas al actual Reino de España.
La confrontación entre estas dos voluntades no es nueva. Se remonta, al menos, a tres siglos atrás, cuando el 11 de septiembre de 1714 (otro 11 de septiembre más para las efemérides geopolíticas) las tropas borbónicas toman Barcelona y sellan de esta forma la anexión de Catalunya a España.
Otro hito importante en la tensa relación entre estos pueblos ha sido la proclamación de la Segunda República Catalana, en 1931. Este intento independentista tuvo un trayecto muy corto y fue finalmente enterrado con el triunfo del bando nacional y el ascenso del Franco al gobierno de España.
Con la recuperación de la democracia, las comunidades históricas españolas (Catalunya, Euskadi y Galicia) obtuvieron un reconocimiento especial en la nueva constitución española. Particularmente, para regular el grado de autonomía catalana, en 1979 se aprueba el Estatuto de Autonomía, que durante más de 25 años permitió un encaje de las necesidades y expectativas catalanas en el marco político español.
Durante este siglo XXI, con el auge de los nacionalismos, gran parte del pueblo catalán intensificó su lucha por el reconocimiento de su identidad nacional y de su soberanía política. Hace poco más de 10 años, en el 2006, Catalunya aprueba un nuevo estatuto que sienta las bases de la nación catalana (o nacionalidad, según quien lo interprete). 
El sentimiento nacionalista e independentista se intensifica en estos últimos años, sobre todo en las tierras del interior de Catalunya. El poco reconocimiento a la lengua y cultura catalana y un supuesto bajo retorno de la contribución impositiva han sido dos de los argumentos impulsores de este movimiento soberanista.
El actual gobierno de Catalunya, en manos de una alianza de nacionalistas de derecha y de izquierdas, intentó negociar con el gobierno español un referéndum permita contar los votos de los que quieren la independencia y de los que no. Ante la constante negativa del actual gobierno de PP (Partido Popular) de sentarse siquiera a hablar el tema, las autoridades catalanas avanzaron con su hoja de ruta y convocaron de forma unilateral a esta consulta.
El Tribunal Constitucional español declaró ilegal el referéndum, pero el gobierno catalán ha llamado a la insumisión amparados en la “ley de transitoriedad jurídica y fundacional de la República de Catalunya”, recientemente proclamada por el Parlamento de Catalunya.
En estos últimos días se han visto movimientos judiciales y policiales como el allanamiento de imprentas en busca de boletas electorales o la citación a tribunales de alcaldes independentistas bajo el apercibimiento de prisión en caso de que no concurran. Estos y otros hechos similares han puesto en entredicho la formalidad democrática española.
Así las cosas, las cartas están echadas. La partida está en pleno juego y es muy probable que el resultado de esta contienda no se sepa ni el 1 de octubre ni en los días o semanas posteriores. En la era de la post-verdad, cualquier bando puede proclamarse vencedor de una elección.

El autor es rafaelino y está radicado en Barcelona.

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