Un Hueco lleno de profunda poesía

Información General 12/09/2017 Por
LIBROS Y AUTORES
“Hueco en el mundo”, poesía, de Santiago Alassia (Editora Baltasara, 92 páginas), configura una obra que conmociona. Presentada y claramente ordenada en tres sectores (Serie de la maleza, Serie de ciertos hombres, Serie de elementos) conmueve al lector desde el primer verso y lo invita a participar de un ámbito diverso, complejo, que arrojó por la borda antes de empezar el viaje hasta el más pequeño y aceptado de los convencionalismos.
Es necesario, para la interpretación cabal del mensaje propuesto, ubicar dos sectores claramente definidos: el literario y el humano; ellos se muestran e interactúan simultáneamente en el transcurso de la obra configurando una unidad naturalmente cohesionada, donde tienen mucho mérito los recursos literarios que aporta Alassia, con dominio y conocimiento acabado, al servicio de mostrar profundas sensaciones y pensamientos.
“Ceremonias pequeñas, la escucha compartida / y el abrazo: anidábamos. La hora mínima y precisa / del guijarro cayendo hasta el arroyo”, “Con desapego de sí, un hombre mira / espantado la distancia del sol que lo abandona. Ese hueco”. “No soy un niño, me doy mi propio cáncer” “El fuego trepa, yo lo escucho. Su pasión / no alcanza a llenar la blancura aparecida”.
La adjetivación áspera, cruda y dolorosa, impacta profundamente (“Fanto”). Múltiples metáforas de excelente concepción, imágenes contundentes, figuras literarias con admirable contenido, síntesis para expresar la sustancia del concepto, uso creativo de los signos de puntuación, construcción gramatical libre dentro de lo “permitido”, repeticiones expresadas para agregar -teniendo a la vista los riesgos del exceso- y capacidad para sugerir; todo abre ingresos a un ámbito donde Alassia logra la tan difícil de concretar originalidad.
Santiago Alassia abre un ángulo hacia siempre sin señal de convencionalismos limitativos. Practica un realismo subjetivo: buen narrador en prosa, en la poesía alcanza niveles insospechados, la palabra cursa con admirable naturalidad, sugiriendo y eludiendo al mismo tiempo, y todo compone un ámbito de versos intensos que consiguen profundizar la idea.
“Ahora el mundo está más nuevo, dispuesto / como un amante apenas conocido”, “Punto en el que algo es una plaga, yunque y tigre, / la parte incompleta de lo que soy / o todo lo que mirando pierdo”
“Este hueco intocable como un sótano: veníamos / con la boca seca después de correr / por toda la casa, tragando pelusas…”.
Dentro de lo que es esencialmente el enfoque humano -el génesis de toda obra literaria- surge en principio la idea de negación, de pesimismo básico, que no llega a ser un camino para el nihilismo; sostiene la idea de abandonar la belleza formal y convencional con la intención de convocar al lector para que complete lo que él no dice expresamente en el texto. A pesar de que parece querer consagrar la negatividad, es posible advertir un pedido de auxilio para hacer que exista ese nuevo ámbito donde lo ya constituido no es obstáculo para la libre expresión, sin implícitos “prohibidos” mediante un contacto absolutamente cabal.
Se hace necesario entonces encontrar el objeto que represente el modelo nuevo, resultado de la mutación, una verdad que sea como una casa surgida de raíces aún no localizadas, pero con fuerza tal que su nuevo color no pueda ser ignorado, una espera de que llegue esa rama a la cual podrá asirse con fuerza para que no lo alcance el naufragio.
Los poetas siempre intentarán estremecer, coherentes con lo que sienten y quieren compartir.
Los poetas siempre buscarán a su modo la llegada de una luz sonoramente impactante y propia.
Santiago Alassia, esperanzado poeta y ser humano, también.

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