Ecoganadería: equilibrio de producción y ambiente

SUPLEMENTO RURAL 07 de septiembre Por
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FOTO ARCHIVO GANADERIA. La producción es 400 kilos por hectárea.
FOTO ARCHIVO GANADERIA. La producción es 400 kilos por hectárea.
En el establecimiento “Don Pedro” en Ayacucho, Buenos Aires, producen 400 kilos de carne por hectárea, sin insumos sintéticos. Además, generan sus propios microorganismos nativos, biofertilizantes, entre otros. Los desafíos que plantea la asociación con el INTA.
“Escuchemos al suelo”, le propuso Esteban a su padre Mario Martiarena -productor ganadero y propietario del establecimiento “Don Pedro” en Ayacucho, Buenos Aires-, hace cuatro años, convencido de que, si este recurso se encontraba en buen estado, los resultados serían los esperados. “Mi hijo tuvo una injerencia importante en el cambio de enfoque que potencia un compromiso social que yo ya traía”, aseguró Mario Martiarena quien detalló: “Decidimos cambiar el paradigma: sacarle peso a la competitividad para darle valor a lo social y lo ambiental”.
Con este objetivo claro, desde hace 4 años, en su campo de 840 hectáreas, de las cuales arrenda 110, Mario produce carne de manera agroecológica, libre de insumos y con mano de obra intensiva. Así, a partir de la recría de vaquillonas que compran al destete y venden preñadas, alcanzaron los 400 kilos de carne por hectárea -4 veces más que el promedio de la zona-. Esteban fue más allá y explicitó: “Apostamos a la ganadería como parte del esquema de desarrollo para la zona y, para esto, producimos vaquillona preñada general, la cual es perfecta para repoblar la zona y recuperar establecimientos que fueron abatidos por la agricultura”.
“Trabajamos con la idea de promover el desarrollo local con un enfoque territorial distribuyendo el capital o sus márgenes de la manera más equitativa posible”, indicó. Es que, de acuerdo con el productor, “a lo largo de la historia los sistemas productivos de la zona pusieron el foco en las necesidades del animal o del cultivo, simplificando el sistema y haciéndolo rico en individualidades”, sintetizó Esteban quien aseguró sentirse encerrado en ese paradigma que, junto a su padre, decidieron transformar". Al principio mi padre se resistió al cambio –recordó Esteban–, pero al ver que había buenos resultados, se sumó con gran entusiasmo al proyecto que se basa en tres componentes: lo productivo, lo ambiental y lo social”. Y argumentó: “Nuestro objetivo es producir alimentos sanos en sí mismos y para el entorno donde se generan y, para esto, alimentamos a los microorganismos para que ellos alimenten a nuestro agro ecosistema”.
“Todo está interrelacionado”, aseguró, al tiempo que agregó: “La microbiología presente en el suelo se relaciona con los animales que lo transitan, quienes -a su vez- dependen de todo ese sistema”.
“Creemos que este es el camino, vivimos y sentimos lo que hacemos con mucha intensidad”, subrayó Esteban quien argumentó: “Apelamos a profundizar en los procesos naturales del sistema suelo-planta-animal propios de la fisonomía local de Ayacucho”. “Para esto, -agregó- respetamos, valoramos y aprendemos a manejar los pastoreos y cultivos por ambientes, como así también las especies forrajeras nativas, al tiempo que desarrollamos los ecosistemas para que sean abundantes y biodiversos. Pensamos los sistemas complejos y difíciles de explicar a fin de intervenir lo menos posible con eventos drásticos”.

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