Grieta más profunda

Notas de Opinión 03 de septiembre Por
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VIOLENCIA EXTREMA. Bombas Molotov sobre cuartel de Gendarmería.
VIOLENCIA EXTREMA. Bombas Molotov sobre cuartel de Gendarmería.
La desaparición de Santiago Maldonado pegó fuerte en la grieta, pues aún cuando unificó el reclamo aunque con muy distintas metodologías, en cambio profundizó aún más la división. Es que, se puede salir a decir que son varios miles las personas las que están desaparecidas y se recuerde el caso de Julio López, y cada vida debe preocupar y ser custodiada por igual, son distintas las circunstancias. Nadie puede afirmar con certeza cómo, donde, quién y cuando provocó esta desaparición que la justicia calificó de "forzada", en una decisión que al parecer también tuvo bastante de inducción de esa naturaleza, aunque también aquí aparezca en toda su magnitud el abismo que separa las partes. La Gendarmería, fuerza actuante, quedó en el centro de la sospecha, ubicada allí por uno de los sectores casi como indubitable, en tanto el otro aguarda por pruebas que sostiene no existen en la magnitud que se dice. Aunque más allá de la polémica planteada, los procedimientos no fueron lo claros y contundentes que debían ser, dejándose grandes márgenes de sospecha.
Si los gendarmes fueron enviados a disuadir una movilización de un grupo tan violento como el RAM (Resistencia Ancestral Mapuche, con más de 70 atentados en los últimos años), debieron tomarse absolutamente todas las precauciones, como la filmación completa del procedimiento, que no la hubo. Tampoco correspondía la presencia en el lugar de Pablo Noceti, el jefe de Gabinete de Patricia Bullrich. ¿Qué hacía allí? hubo explicaciones de escaso sustento, que contribuyeron a enturbiar y confundir más todavía la cuestión.
Los argumentos de la ministra Bullrich fueron débiles, y además, expresados con balbuceos, más allá del acompoañamiento de algunas lágrimas. Se convirtió el caso en bola de nieve, cuando desde un primer momento se debió disponer el apartamiento de todo el escuadrón de gendarmes que actuó en el operativo para que la justicia actúe, avance, y si podía, que finalmente aclare. Aunque esto último, a veces, o casi siempre, un objetivo de muy improbable alcance. No es necesario retroceder nada, lo hemos visto en este mismo caso. No hubo ruidos ni tampoco nueces. Ni falta hace que miremos hacia atrás, el panorama es desolador, pues entre leyes llenas de huecos e interpretaciones que van de uno a otro extremo, la fuerte división que existe en el sistema judicial entre legítimos e ilegítimos, y la venalidad que no reconoce colores ni muros separadores sino grandes fortunas sostenidas con hilachas, tenemos a este poder no como el único, pero si de los grandes responsables de la decadencia argentina.
Todos tienen el derecho y la posibilidad de expresarse como lo consideren sobre el caso, partiendo de la coincidencia irrefutable del rechazo o la negativa, o bien del más exacerbado repudio, sea en movilizaciones públicas, en organizaciones sociales o bien en los más íntimos ámbitos familiares, pero llevarlo a las escuelas de la manera que se lo hizo, a través de una decisión de los gremios docentes es muy diferente. Si bien se parte de una coincidencia, y de un reclamo legítimo, se hace un aprovechamiento político, y más aún dentro de un marco de diversidad, con intenciones más que claras. Pretender una instalación de esa naturaleza es de una desmesura absoluta, que deja entrever la intencionalidad, y sobre todo mal uso de una causa justa, que incluso puede llegar a desvirtuarla.
Querer dar uso pedagógico a una cartilla aconsejando ver la cadena chavista Telesur, o dar clases sobre dictadura y represión -entre otras muchas cuestiones de similar contenido- constituye un despropósito. Consultado sobre el tema el ministro del área Alejandro Finocchiaro ¿saben que dijo? "prefiero no opinar". Así andamos, si no opina él, ¿qué queda para el resto? Después, seguramente advertido que no es tiempo para la política de Pilatos, salió a decir algunas nimiedades.
Se está tratando de instalar un temible vale todo, con una muestra clara de la violencia expuesta en algunas movilizaciones del viernes, tanto en Plaza de Mayo como en El Bolsón, siendo atacado el cuartel de Gendarmería con bombas Molotov. De ahí a otros avances muchísimo más peligrosos, queda sólo una finísima línea.

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