Pensar el futuro

Notas de Opinión 30 de agosto Por
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FUTURO. Planificar no es uno de nuestros puntos fuertes. FOTO ARCHIVO
FUTURO. Planificar no es uno de nuestros puntos fuertes. FOTO ARCHIVO

Un joven dirigente le llevó una propuesta al ministro de Educación de una provincia. Un mes después, el joven ve al ministro para preguntarle acerca de su proyecto.” ¡Sabes, le dice el funcionario, es tal el vértigo de todos los días que no hay tiempo para pensar! No lo pude ni siquiera leer”. Eso es lo que pasa. No se piensa. Se obra casi mecánicamente. Sobre todo en el Estado grandote y disfuncional que sufrimos y por ende muy débil como herramienta de los objetivos nacionales. A esto hay que adunarle que nosotros somos adictos de la improvisación y propensos al despilfarro. Hasta tenemos viejos puentes construidos hace 60 años que no llevan a ningún lado pues la ruta que enlazaría nunca se hizo. Planificar no es uno de nuestros fuertes. La foto ya vale mucho más que la película.
El futuro está llegando y nosotros no oímos el insistente timbre que toca a nuestras puertas. En general, el debate -si es que se produce- ronda en torno de antiquísimos asuntos. Así seguimos anclados en la idea de sustituir importaciones, impulsar sectores industriales que sólo prosperan con un paraguas protector estilo mediados del siglo pasado. En las paritarias sólo se discute el salario siempre pujando con la inflación que lo devora. Si alguien plantea que debemos encontrar el rumbo de la competitividad y del incremento de la productividad, no falta el gremialista de ATE que diga que eso es sinónimo de explotación. Si se propone un sistema de evaluación por mérito, la reacción es airada. Pareciera que premiar el esfuerzo y el buen trabajo es una ominosa modalidad de la injusticia porque consagraría la desigualdad. Daría la impresión que somos felices si todos nos igualamos cada vez más para abajo. Es lo que acaece con seis millones de jubilados, cuatro de los cuales aportaron al sistema previsional y dos no. El resultado: todos equiparados con un haber miserable ¿No podría haberse separado aportantes y no aportantes de forma que éstos cobraran un subsidio por Desarrollo Social y así no se comprometiese a ANSeS? Para peor, queremos que mermen los impuestos, pero que aumente el gasto público, esto último a raíz de que cada vez le pedimos más al Estado.
A pocos se les ocurre, por caso, que la ciencia y la investigación no puede ser sólo inversión estatal. La iniciativa privada debe contribuir porque teóricamente debe innovar para preservar su lozanía. Pero, ¡para qué innovar si se goza de blindaje arancelario! La Universidad, ¿seguirá produciendo sociólogos y psicólogos -que respetamos- o se enfilará a las ciencias duras, asociada al desarrollo argentino y regional?
El futuro exige que pensemos una política exterior centrada en Asia y África, además de nuestra América. Demanda un ejercicio contracultural complejo, pero ineludible. Estamos impelidos a pensar cómo será el empleo cuando irrumpa definitivamente la robotización y la inteligencia artificial. Qué destino tendrá el sistema previsional si no somos capaces de menguar los 4 millones y medio de trabajadores informales y hacer crecer la economía. Que será de nuestra madre Tierra si no hacemos algo serio para neutralizar el calentamiento global. ¿Cómo iremos al automóvil eléctrico y a las energías limpias y renovables? ¿Qué derrotero tendrá la integración? ¿Seremos capaces de ceder soberanía en aras de engrandecer nuestro poder? ¿El mundo será de posverdades -es decir prejuicios y falacias- o de valores? O, lo que es lo mismo, ¿se deshumanizará a horcajadas de los robots o el hombre recobrará su centralidad? ¿La seguridad le torcerá el brazo a la libertad o se hallará un equilibrio? Porque hoy por hoy todos estamos vigilados hasta cuando escribimos un mensaje privado ¿Renacerá el anarquismo a caballo de la crisis de la política representativa y de los partidos o podremos encaminar la Política como arte del bien común? ¿El orden volverá a ser socio del progreso o las ideologías arcaicas impondrán el espejismo de que cuanto peor vayamos mejor para lograr un país sin “explotadores”? En suma, ¿retornaremos al conflicto permanente y sistemático o apostaremos a la armonía social? ¿El futuro será para creadores en equipo o para destructores individuales o reunidos para el terror? ¿Lograremos inhumar la violencia social e individual o sobrellevaremos una guerra continua, una sinrazón descomunal?La idea es no dejar el futuro para el futuro, sino traerlo ahora mismo, asirlo entre nosotros y pensarlo. Necesitamos un puñado de estrategias pergeñadas a larguísimo plazo. Treinta/cincuenta años. Para quienes objetan que hay que abocarse a lo acuciante e inmediato se les debe contestar que obviamente es menester hacerlo, pero apartar y arrinconar el pensamiento estratégico nos ha deparado un sinfín de problemas en el presente que se van complejizando hasta devenir en insolubles. Además, podemos gestionar bien lo cotidiano y pensar lo mediato. Es imperiosa la necesidad de encarar Políticas de fondo, grandes reformas, trascendentes transformaciones. Los parches, el ir tirando, el postergar para mañana no sirve más.
(*) Diputado del Mercosur.

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