Ejes de reconversión

Editorial 29 de agosto Por
La agroindustria está impulsando un desarrollo científico y tecnológico decisivo para el futuro.
Este año tendremos la mayor cosecha de la historia, con una estimación que salvo imponderables, estará en el orden de los 137 millones de toneladas. Será el factor central para que la economía crezca este año 3,5%, aunque para el último trimestre podría estar en el orden del 5%, datos que se desprenden de la realidad y que resultan incontrastables.
La producción agroalimentaria ha convertido al campo y la agroindustria en el sector más competitivo de nuestra economía, al punto que explican más de dos tercios del total de las ventas argentinas al exterior. Este rol principal se posiciona desde el mismo momento en que la nueva revolución industrial convierte a la manufactura y los servicios en el mundo, y entre ellos a la agricultura bajo la forma de bioeconomía. De ahí entonces que la misma se haya convertido en la etapa más avanzada de la reconversión industrial, consecuencia de las reformas experimentadas por la producción agroalimentaria de estas dos últimas décadas, que han subordinado la renta agrícola-territorial a un sistema de numerosos impulsos de productividad, en especial muy intenso en la inversión de capital.
Una de las principales productoras como es Bioceres, surgida de una alianza entre productores de punta y que dispone de su planta central en Rosario, cuenta con aprobación de la patente internacional por el primer trigo transgénico del mundo. Un hecho realmente notable, que habla por el avance tecnológico alcanzado por esta área de producción en la Argentina.
Algo que tiene aún mayor trascendencia, al conocerse que la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos ha reconocido la combinación de genes de biotecnología para hacer frente al estrés hídrico de la soja. Toda una cuestión que no tiene absolutamente nada que ver con la riqueza de los recursos naturales, o con disponer de la pampa húmeda, considerada entre las tierras más fértiles del planeta. Lo que se destaca es el avance tecnológico que apuntala todo este proceso y lo ubica a la vanguardia del mundo.
Tal lo expone el analista internacional Jorge Castro, la compañía Bioceres toma sustento de los tres premios Nobel de biología/química que cuenta nuestro país: Bernardo Houssay, Luis Leloir y César Milstein. La trayectoria de todos ellos forma parte constitutiva del Adn argentino, plasmado en estos logros de la compañía. Según se avizora, el paso siguiente, sosteniendo esta tónica, es conseguir el cuarto Nobel argentino, lo que afianzaría definitivamente el camino del desarrollo nacional en cuanto a la producción agroalimentaria, tanto en el ámbito tecnológico como el científico.
Según sostiene el articulista "para la producción agroalimentaria argentina es preciso advertir que su mercado está constituido por más de 300 millones de integrantes de la nueva clase media de la República Popular China, con ingresos comparables a los estadounidenses". Debe tenerse en cuenta que el gigante asiático es responsable del 40% de la expansión que tendrá la economía este año, donde la India explica el 19%. Es que la nueva clase media china se estima que en 2020, apenas dentro de tres años, contará con 400 millones de personas, y si avanzamos algo más en esta proyección basa en la evolución de los últimos años, en 2030 se ampliará a 1.000 millones de individuos, cubriendo además el 70% de su población total.
Consecuencia del crecimiento económico que ha venido teniendo la China, esta franja de clase media incrementó sus preferencias alimentarias en especial en carnes y lácteos, lo cual hizo que se debiera aumentar notablemente la importación de soja, como así también otros granos forrajeros, principalmente con el destino de alimentación de animales para producir carne, en especial la de porcinos. Estas son, algunas de las razones que imponen la mayor especialización posible de la industria agroalimentaria de la Argentina, al tener un mercado asegurado para la colocación de su producción.
Las perspectivas argentinas están entonces aseguradas para su desarrollo inmediato, debiendo por lo tanto afianzar y sacar provecho de todas las ventajas tecnológicas.

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