El adoquinado

Editorial 26 de agosto Por
Las 228 cuadras de la ciudad comenzaron a ser adoquinadas hace 90 años.

Pocos días atrás, más precisamente el domingo 20 del corriente mes -lo cual quedó reflejado en una nota periodística publicada por este Diario-, se cumplieron 90 años de haberse comenzado la colocación del adoquinado en Rafaela. Fue justamente en el año 1927, siendo la primera de las arterias que recibió ese afirmado el bulevar Guillermo Lehmann, el que rinde homenaje al formador o fundador de la entonces colonia, luego transformada en pujante tercera ciudad de la provincia, y además, convocada reiteradamente por empresarios, políticos, economistas e investigadores, como un ejemplo a seguir en materia de progreso y desarrollo.
El adoquinado de la ciudad, iniciado en la fecha indicada y durante varias etapas, cubrió 228 cuadras -aunque quedan en tal condición 217 en virtud de haberse cubierto con asfalto las calles Sarmiento y San Martín- del radio céntrico y los cuatro bulevares, convirtiéndose en un patrimonio ciudadano, y más aun que eso, en una característica esencial como identificación rafaelina, aunque claro, el paso del tiempo y la falta de trabajo de mantenimiento y reparación provocaron un deterioro más que evidente, y en especial en algunas calles mucho más que en otras, generándose una fuerte polémica -que aún hoy algunos tratan de sostenerla-, hasta que finalmente y prevaleciendo un criterio que LA OPINION acompañó desde un primer momento, se resolvió poner en marcha la reparación de este piso adoquinado. Tarea que comenzó en el año 2000, la cual con altibajos en su ritmo, se mantuvo de manera constante hasta el presente, habiéndose reparado desde entonces 132 de esas cuadras, las que quedaron en perfecto estado, teniendo una capacidad de duración que es mayor que la del pavimento o asfalto hormigonado.
De tal manera, con sus calles, Rafaela continúa conservando una de sus características más destacadas. Hoy podemos ver como en otras ciudades, especialmente de Europa -donde el conservacionismo se encuentra fuertemente instalado-, pero también de aquí en la Argentina, localidades que había decidido pavimentar sobre el adoquinado, han dado marcha atrás y están recuperando sus arterias con adoquines.
Volviendo un poco a la historia, recordemos que en 1927 cuando se inició la colocación del adoquinado en las calles rafaelinas, era intendente Octavio Zóbboli y presidente del entonces Concejo Deliberante (hoy Municipal) Juan Martegani, comenzando los trabajos en la mano oeste, desde Brasil y Salva avanzando hacia la plaza 25 de Mayo.
Las primeras 4.000 toneladas de adoquines, procedentes de canteras de Noruega y Suecia, llegaron al puerto de Santa Fe, y desde allí fueron trasladadas a nuestra ciudad por el Ferrocarril Provincial. En aquél entonces, los navíos europeos que venían a la Argentina a cargar cereales, venían con lastre para facilitar su navegación al cruzar el océano.
Transcurridos dos años desde el inicio del trabajo, es decir en 1929, se dispuso llevar adelante una segunda etapa de la tarea, esta vez para completar otras 92 cuadras, para llegar con posterioridad a las referidas 228 cuadras en total, aunque hoy -reiteramos- quedan algunas menos por haberse cubierto con asfalto 11 de esas cuadras en las calles mencionadas anteriormente.
“El adoquinado constituye la respuesta que las generaciones precedentes dieron al problema de la comunicación vial, para mejorar la calidad de vida de los habitantes de la ciudad”, se puede leer en “La Historia del adoquinado de Rafaela” (2002), editado por la entonces Secretaría de Cultura y Educación de la ciudad. Lo cierto es que los adoquines se originaron hace 1.500 millones de años en el magma que ascendió casi hasta la superficie de la tierra y que cuando se enfrió se alearon sus componentes: cuarzo cristalino, feldespato y mica. Así nació el granito de los adoquines duro como el acero. En 1924 nace la historia de un viaje que comenzó en las montañas de Jotunheimen, en el Reino de Noruega, y terminó en Rafaela. No fue fácil arrancar el granito de la montaña: 1.300 personas trabajaron 8 horas diarias durante 3 años, modelando millones de adoquines, cada uno de 9 centímetros de lado y 2 kilogramos de peso. 

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