Sudamérica en su laberinto político

Notas de Opinión 24 de agosto Por
Si en octubre se confirman los resultados de las PASO se cerrará el ciclo K.
ODEBRECHT. Causó un tembladeral en toda la región. FOTO ARCHIVO
ODEBRECHT. Causó un tembladeral en toda la región. FOTO ARCHIVO

Por Carlos Pérez Llana (*)


En Sudamérica, la agenda política está condicionada por la retirada del poder de los liderazgos populistas. En Venezuela el régimen de Nicolás Maduro parece decidido a abandonar definitivamente el camino de la democracia y de la república. La Asamblea Constituyente es el fin de un camino y el inicio de otro.
Por esa razón, la oposición delibera si es conveniente participar o no en las elecciones regionales que el régimen convocó. Un sector abstencionista no quiere conceder, otro quiere participar. Un dilema difícil, porque concurrir supone aceptar las reglas de juego de una estrategia que apunta a consagrar la autocracia.
No concurrir es una apuesta de espera sin tiempo: a la “revolución desde la calle” o a la fractura del sistema de poder. En el medio de ese debate, Maduro nuevamente tuvo a su lado el azar. En su momento la foto con el Papa le permitió ganar tiempo con una mediación frustrada que puso en evidencia la fragilidad de los diagnósticos y las contradicciones de la diplomacia vaticana “modo Francisco”.
Recientemente, las declaraciones de Donald Trump lo volvieron a salvar. Como era de esperar, no hubo voz en la región que no condenara la amenaza de uso de la fuerza por parte de Washington. La torpeza diplomática de la Casa Blanca no tiene límites: ignora el rechazo al pasado intervencionista que anida en la región.
En Ecuador se discute en el seno del propio régimen cómo abandonar el populismo. El ex-presidente Rafael Correa no pudo dejar una “transición atada”. Su sucesor, Lenin Moreno, parece decidido a no respetar el contrato continuista. Los números de la economía, condensados en el déficit y la deuda externa, forman parte de la pesada deuda de un modelo que supo presentarse como “prolijo”. Sin embargo, también en este país andino la viabilidad del distribucionismo se evaporó con la caída de la renta petrolera.
Además, cabe recordar que parte de las exportaciones de petróleo ecuatoriano están consagradas al pago de los compromisos con China por el adelanto de dólares a cuenta. Aquí el azar juega en favor del actual Presidente. La diplomacia privada de la empresa Odebrecht una vez más se hizo presente y el vicepresidente J. Glas, ligado a Correa, aparece involucrado junto al ex-ministro de Hidrocarburos C. Pareja, actualmente en prisión.
Decididamente, la privatización de la “cooperación regional vía infraestructura” fue el camino del dinero populista gestionado desde Brasilia. Las recientes declaraciones de Correa, instalado en Bélgica, son contundentes: “a rebelarnos pueblo ecuatoriano, no podemos perder lo ganado”. Para Correa, el actual jefe de estado, que supo ser también su vice, apuesta a la inhabilitación judicial para abortar el operativo retorno. Un designio manifiesto.
En Brasil, el populismo murió en funciones, atacado por el virus de la Justicia. Lula apuesta a volver y su único contrincante, al día de la fecha, es el Poder Judicial. La corrupción casi no dejó tejido sano en la clase política. Oficialismo y oposición están involucrados, salvo honrosas excepciones. Existe, sin embargo, un dato no menor: el cuestionado presidente Temer está tratando de ordenar la economía y de aprobar leyes con un Parlamento herido en su legitimidad. Una de estas leyes nos toca de cerca, la reforma laboral. A través de ella busca recuperar la competitividad del país, evitándole una tarea compleja al futuro Presidente. Si la Justicia inhabilita a Lula, el populismo perderá sustentabilidad. Un futuro político abierto.
Finalmente, en la Argentina si en octubre los datos electorales de las PASO se confirman, quedará cerrada “la era K”. En ese escenario, a través de nuevos formatos políticos que podrían sumar centro, derechas e izquierdas democráticas, será posible potenciar el valor de una región que desde el punto estratégico global ha quedado desvalorizada. En ese caso dos ciclos quedarán cerrados en simultáneo: el ciclo del castrismo y el del populismo chavista. Una nueva reconstrucción democrática se podrá poner en marcha en nuestra subregión. Es de esperar que nuevamente Brasil y la Argentina coincidan, como en los ‘80, en este nuevo tiempo. (Clarín).


(*) Profesor de Relaciones Internacionales (Universidades Di Tella y Siglo 21).

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