Más cerca del final

Notas de Opinión 20 de agosto Por
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MADRUGADA. "He ganado", dijo CFK esperando hasta la madrugada. FOTO ARCHIVO
MADRUGADA. "He ganado", dijo CFK esperando hasta la madrugada. FOTO ARCHIVO

Se cumple hoy la primera semana de las elecciones primarias, y aún cuando casi todo fue dicho una y otra vez, analizado de un extremo a otro y viceversa, cada cual según sus conveniencias, lo cierto es que tanto los inobjetables resultados, como las si en cambio discutibles sensaciones, confluyen hacia un cono de opacidad en que ingresó decididamente la ex presidenta Cristina Kirchner, más allá de su destino judicial o del futuro político, incluso siendo en este caso la banca en el Senado.
"He ganado", dijo desde el escenario montado en el estadio de Arsenal, donde se quedó aguardando hasta las cuatro de la madrugada para enfrentar a sus seguidores más fanáticos. Esas dos palabras, alcanzan y sobran para exponer una personalidad impiadosa, cínica y absolutista, ignorando a todos los candidatos que la acompañaron, como así también a la militancia que se quedó allí teniendo la vela hasta que decidiera hacer su aparición, propia de alguien que se considera como una estrella. Nada de eso extraña demasiado por otra parte, pues esa fue la Cristina de todos estos años, ya que el único cambio había sido bajar el tono de voz y usar vestimenta menos ostentosa durante la campaña. El resto, lo interior y no la cáscara, siguió igual. Y tal vez en esta nueva parte de campaña hasta octubre, volvamos a verlo en toda su dimensión, haciendo realidad aquello de Maquiavelo: "Los hombres son tan simples, y se someten hasta tal punto a las necesidades presentes, que quien engaña encontrará siempre quien se deje engañar". 
De aquél "vamos por todo" de 2011 en Rosario pasaron apenas media docena de años, muchos o pocos según se los considere, pero suficientes para irse desintegrando. Allí tuvieron inicio los desaciertos y el camino que llevó a la situación actual del kirchnerismo, cada vez más concentrado en reductos cerrados, con objetivos personales que prevalecen sobre los colectivos, con una dirigencia raleada y donde la decisión se concentra sólo en la ex presidenta y su hijo Máximo. Que suelen equivocarse seguido, y feo. Sólo basta ver la decisión de no competir con Florencio Randazzo -"cómo hacerlo con él si fue mi empleado", típico arranque de CFK-, burlándose de este sistema que el mismo kirchnerismo había creado en 2009 luego de la derrota de Néstor Kirchner, Daniel Scioli y Sergio Massa ante Francisco De Narváez y Felipe Solá, cuando en cambio, de haber tenido un leve gesto de institucionalidad y sagacidad política, pero más que nada de humildad, sus discutidos 34 puntos del domingo a la noche hubiesen sido 40, y hoy todavía estarían festejando. 
Haber puesto en 2015 a Aníbal Fernández candidato a gobernador en Buenos Aires fue otro capricho de una conductora que de hábil, más allá de sus pintorescos y encendidos discursos, demostró bastante poco. Aún en una situación que parece más una retirada que otra cosa, con un desmembramiento visible, conserva una cantidad de seguidores notable por el número, pero no por los fundamentos. Es que haber gobernado en los años de mayores ingresos que tuvo el país -algunos informes los fijan en 900.000 millones de dólares- e irse con casi un tercio de la población en la pobreza, no es otra cosa que un tremendo fracaso. Sin embargo, esos mismos responsables son los que hoy ofrecen soluciones. 
¿Se agotó el kirchnerismo? Es muy probable que siga el destino del menemismo, pero aún no fue escrito el último capítulo, pues si bien estas primarias fueron trascendentes para que la gente respalde a un gobierno que no termina por encontrarle la vuelta a la economía, la verdadera y gran decisión se producirá en octubre. La contracara de este escenario fue la provincia de Santa Fe, donde ganó el kirchnerismo, y nada menos que con el ultra Agustín Rossi, que venía enhebrando derrotas. Flor de revoltijo le provocó al peronismo santafesino, que hasta octubre seguro no producirá novedades, pero después deberá volver a recorrer un camino que parecía había quedado definitivamente atrás.
La buena nueva sobre el fin de semana, fue el atajo que se debió transitar para finalmente poder suspender y enjuiciar al camarista millonario Eduardo Freiler, el que vino actuando en consonancia con el kirchnerismo al parar todas las causas de corrupción en la misma medida que aumentaba su fortuna, que no puede justificar. Tal vez otro abogado exitoso. Es como para que muchos jueces federales vayan poniendo las barbas en remojo, y que aún siendo mujer también lo haga la procuradora Gils Carbó, porque parece que por fin el cerco se irá cerrando.


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