Espejo del prócer

Editorial 17 de agosto Por
A 167 años de la muerte de San Martín, es cada vez el más fiel espejo donde tomar el ejemplo.

Hace exactamente 167 años murió José de San Martín, libertador de América y máximo prócer de la Argentina, tanto por su acción como por su ejemplo, el que tal vez no se transmitió con la suficiente energía para impregnar el sentido ciudadano y patriótico que tuvo a lo largo de toda su vida. Fue un 17 de agosto a las 3 de la tarde cuando ocurrió la expiración del prócer, contándose que aunque su salud estaba resentida en los últimos tiempos, para su médico personal, su hija Mercedes y su yerno Mariano Balcarce su fallecimiento fue sorpresivo. Esa misma mañana se había levantado y hasta había almorzado con ellos. Pero repentinamente se sintió muy mal. El desenlace fue muy rápido. ¿Qué había pasado? El certificado de defunción nada dice de las causas de su fallecimiento; tampoco se han conservado constancias médicas de los profesionales que lo atendieron a lo largo de su vida, en América y en Europa. Por otra parte, el estado de la ciencia médica en aquellos tiempos hace que las deducciones sobre las enfermedades que padeció deban basarse en los testimonios -los del propio San Martín y los de terceros- sobre sus síntomas. No existía la radiografía ni el estudio bacteriológico. 
Esta es parte de la historia de los últimos momentos de la vida de San Martín, menos difundida que su trayectoria de vida, desde su nacimiento el 24 de febrero de 1778 en la correntina localidad de Yapeyú, hijo de Gregoria Matorras y Juan de San Martín. Fueron 72 años intensos, transcurridos en la austeridad y el pensamiento enaltecido por los grandes objetivos que fueron dándose en toda su existencia. Sobrellevó enfermedades, renunció a honores, a premios, a sueldos y ascensos, privilegiando los intereses colectivos por sobre los personales. Su causa permanente e irrenunciable era la independencia, por ello tras alcanzar el objetivo optó por el retiro, el silencio, evitando conflictos que terminaran empañando o reduciendo los efectos de lo conseguido.
San Martín fue el fundador de los bases del ideal a libertad, que desparramó por toda América, convirtiéndose en el indiscutible gran prócer de nuestra historia.
Hoy a más de 16 décadas de su instalación definitiva en la inmortalidad, la figura y la personalidad del general José de San Martín, tienen más valor que nunca, pues su recuerdo se agiganta junto al transcurrir del tiempo, más aún cuando su ejemplo de hace tan necesario de difundir, pero mucho más que eso de seguirlo, pudiendo ser tal vez una de las formas en que la Argentina vaya cicatrizando definitivamente heridas que a veces suelen sangrar como producto de diferencias que son llevadas a un ámbito poco menos que irreconciliable, pero que en definitiva, y más allá de todos los hechos aleatorios que nada tienen que ver con la realidad, tienen la búsqueda de un objetivo parecido, aunque recorriendo diferentes caminos.
San Martín fue sin dudas el enorme y transparente espejo en el cual debemos mirarnos todos los argentinos, para tratar de encontrar el sendero de la reconciliación, de la superación individual y colectiva, iniciando de una vez por todas y para siempre el tránsito hacia un objetivo común, que puede mantener diferencias, pero que establece el objetivo primordial de una vida mejor, en paz, en solidaridad y con la tranquilidad de estar haciendo lo correcto, con el respeto absoluto por los demás, principio básico para la convivencia.
Existen algunas máxima que el Libertador de América dejó para la posteridad y que describen con absoluta fidelidad su pensamiento. Una de ellas dice por caso "Mi nombre es lo bastante célebre para que yo lo manche con una infracción a mis promesas".  O bien, otro pensamiento muy aplicable a estos tiempos: "La soberbia es una discapacidad que suele afectar a pobres infelices mortales que se encuentran de golpe con una miserable cuota de poder". 
Que la herencia sanmartiniana nos ilumine, y que no sea una simple expresión que luego es olvidada, pues es una de las formas más directas para que de una vez por todas la Argentina alcance a plasmar su destino de grandeza, tantas veces mancillado y frustrado por los egoísmos personales.

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