Achicar el Estado

Editorial 15 de agosto Por
Economistas coinciden que sin achicar el Estado es imposible el crecimiento.

Entre muchos otros por cierto, uno de los temas centrales de la discusión del momento, es el nivel de actividad y el crecimiento económico, ya que de ello depende prácticamente todo, en especial y como prioridad la situación socioeconómica, que hoy está en el debate, tanto por la realidad como por las cuestiones electorales, que ahora se intensificará mirando a octubre.
Un especialista en esta clase de temas como Diego Giacomini, profesor de la UBA y director de E&R, al analizar lo dicho en el párrafo anterior, sostiene que ambas cosas no van en paralelo, pues el PBI  puede experimentar alza anual positiva sin que en cambio se produzca crecimiento de la economía, tal como viene ocurriendo desde una media docena de años a esta parte, ya que así pasó en 2011, 2013, 2015 y 2017. Es que, según apunta el economista "nivel de actividad y crecimiento económico son dos conceptos diferentes, ya que el nivel de actividad es una foto de cortísimo plazo. En ese sentido, el nivel de actividad puede mejorar con sólo reducir (en parte) la capacidad ociosa. En pocas palabras, rebotando se mejora el nivel de actividad como sucedió en 2013, 2015 y 2017". Ampliando que en cambio "el crecimiento económica es una película de largo plazo".
Una cuestión central y decisiva para volver a crecer es reducir al Estado, pues de lo contrario, tal asevera Giacomini no existe esa posibilidad. En tal sentido apunta que la inversión es un factor determinante, pues se invierte menos de la necesario y lo que se invierte se invierte mal. Así de claro y contundente, recordándose que en el período 2004-2008 se invirtió bien, y por sobre todo con un Estado menor que no asfixiaba al sector privado, invirtiendo más y mejor las empresas con lo cual se propiciaba el aumento relativo del stock de capital y de la productividad. Consecuencia: la economía se expandía, la producción  crecía y también el empleo con salarios en ascenso.
Este panorama comenzó a modificarse sustancialmente desde 2009 en adelante, con el sobredimensionamiento del sector público, que paulatina,mente fue ahogando al sector privado, con una consecuencia muy directa: fueron cayendo los niveles de inversión y el crecimiento.
En otras palabras y para simplificarlo, el exceso del Estado, ampliado en todas sus áreas y sobredimensionado, es la explicación de la falta de crecimiento económico, afectando a dos puntas: ahoga a las empresas impidiéndoles hacer negocios y ganar dinero, y atenta contra el ahorro y el financiamiento de la inversión. Es que muy pocos van a arriesgar a invertir y la mayor parte del producto que puede obtenerse finalmente se lo llevará el Estado, cayéndose aquí en el elevada presión tributaria que existe en todos los niveles, nacional, provincial y municipal, que terminan por desalentar la producción, impactando negativamente en la economía en general y en la creación de empleo en especial, perjudicando la situación socioeconómica, cuyo principal indicador es la caída del consumo,aunque ahora, aunque lentamente, esto ha comenzado a revertirse.
La posibilidad de una reforma tributaria integral, tal como sería encarada luego de las elecciones de octubre, es una buena noticia en caso de llegar a concretarse, ya que para ello deben dejarse de lado especulaciones demagógicas y provocar un absoluto sinceramiento de todos los resortes de la actividad económica, para que no haya exceptuados en el pago de impuestos -como ahora la renta financiera, o ganancias por parte del poder judicial-, pero por sobre todas las cosas que se paguen en la parte proporcional que corresponden los impuestos, es decir, en pocas palabras, que quienes más tienen sean los que más paguen, y no como sucede ahora.
En síntesis, la mala política fiscal es la que sumergió a la Argentina en el estancamiento económico, la falta de crecimiento y la carencia de creación de empleo. El PBI comenzó a caer en 2008, al romperse el equilibrio fiscal al combinarse el exceso del gasto público y la creciente presión tributaria.  Y eso se mantuvo, por lo cual con la actual sobre dimensión del Estado no estarían dadas las condiciones para que se provocara un proceso de inversión y crecimiento. Habrá que aguardar si en verdad se produce el cambio tan necesario. 

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