Tito, el gran campeón

Deportes 11/08/2017 Por
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FOTO ARCHIVO NESTOR GIOVANNINI. En una de sus visitas a la Redación de LA OPINION.
FOTO ARCHIVO NESTOR GIOVANNINI. En una de sus visitas a la Redación de LA OPINION.

El 26 de junio de 1993 el rafaelino Néstor Hipólito Giovannini (83,500 ks.) se consagró Campeón Mundial de la categoría Crucero de la Organización Mundial de Boxeo.
En esa oportunidad derrotó por puntos al alemán Markus Bott en un combate que se desarrolló en el Sporhalle de Alsterdorf, en Hamburgo (Alemania) y de esa manera, Tito -como se lo conoce- se convirtió en el primer rafaelino (y único, hasta ahora) en alcanzar una corona mundial en el box, lo cual no fue el único aporte local: su técnico era Miguel “Quelo” Rosales y la publicidad en su pantalón era de “Rafaela Canal 2”.
El púgil local, ídolo de Villa Dominga, hincha de Sportivo y amigo de todos, había transitado hasta aquí una importante campaña como aficionado, donde sus enfrentamientos con Alberto “Nene” Barragán se convertían en batallas sangrientas e innecesarias, según el criterio de quien esto escribe, que dejaron huellas que se hicieron sentir en ambos púgiles con el correr de sus campañas.
Sus peleas en las jornadas del Club Quilmes (en España y Gutiérrez) eran seguidas por una multitud. Tiempos de gloria del boxeo local, con gladiadores de alto nivel como Hugo Villarruel y Luis Artigas, el primero un hombre que supo llegar a las puertas del título argentino.
Volviendo a Giovannini, digamos que nació el 7 de febrero de 1961, que debutó como profesional el 6 de julio de 1984 y que su campaña se completó con 51 combates, de ellos 37 triunfos, 10 derrotas y 4 empates. Curiosamente, la publicación de orden mundial Boxrec le otorga un triunfo más, en un detalle que aún permanece sin explicar. Tampoco agregaría mucho.
También hay que adicionar al historial, un hecho sin precedente para la ciudad como lo fue la realización de un combate por el título sudamericano. El mismo tuvo lugar el 12 de diciembre de 1986 en el estadio “Agustín Giuliani” de Argentino Quilmes (en la cancha de fútbol, sí, y al aire libre en el lugar que rinde tributo a un benefactor del deporte como el querido Agustín y al inolvidable Norberto “Ruso” Frenquelli que tiene la dicha de haber dejado sus cenizas en el campo que más amaba) y se calculó una asistencia de más de cuatro mil personas.
El oponente fue quien tenía el título continental, el cordobés Jorge “Violín” Salgado y la pelea, dura, fuerte, trabada, terminó con un empate que dejó - como es de estilo- el título para el poseedor.
El detalle de la pelea, aunque importante, es una referencia, ya que periodística y deportivamente, el hecho tuvo muchas aristas, una de ellas fue la presencia de Carlos Monzón (que el pasado 7 de agosto hubiese cumplido 75 años) como técnico de Tito y de su entonces mujer, la uruguaya Alicia Muñiz Calatayud, de visita a su primo Sergio Macías Calatayud, uruguayo que jugaba al fútbol por entonces en Peñarol del Villa Rosas.
En cuanto a la prensa, la pelea, además de la radio (Leonelo Bellezze y LT 28) y los medios gráficos, se televisaría al día siguiente por el canal local.
A esos efectos, los gerentes del sistema Julio Arribas y Mora Perretta dieron su apoyo al equipo de “Deportivamente Hablando”, y con la producción de Daniel Bernasconi (querido amigo, donde estés, seguro que te vas a reír) el que suscribe relataba, Víctor Hugo Fux comentaba y Luis Garetto cubría los vestuarios. En la parte técnica aportaban Jorge Oreglia, Nelson Carrizo, Daniel Petrabissi, Walter Spinassi y los muchachos de la línea.
Curiosamente, o no tanto, han pasado treinta años de aquello y casi es historia. Siempre se nos escaparán nombres y personajes, pero no puede quedar afuera el encuentro con Carlos Monzón, primero en la redacción de LA OPINION (del cual y de sus fotos, hace tres décadas que nos servimos) y el segundo en la vereda de la Confitería Danhe’s Tragos, en la primera cuadra del bulevar Santa Fe, donde el campeón de todos los tiempos dejó una sentencia aún inapelable.
Luego de una disertación sobre perfumes franceses y las marcas que usaban sus amigos Alain Delon, Nino Benvenuti o Belmondo, Monzón -fiel a su estilo pícaro y con calle a cuestas- dejó por un instante su andar parisino para contestarnos sobre las actividades de su pupilo. “¿Tito…? Fue a rezar. No es malo que un boxeador lo haga, pero siempre le irá mejor si pasa por el gimnasio antes…”.
Usted, amigo lector, ¿cree que el campeón lo dijo así? Tiene razón. Fue parecido, pero para el caso vale lo mismo. Tito sigue siendo el mismo y Monzón, aún hoy, un campeón inalcanzable.
Me olvidaba. El perfume era “Azzaro”.

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