Planeta caliente

Editorial 08 de agosto Por
Una investigación concluye en serias advertencias por la suba de la temperatura.
No hay buenas noticias respecto al enorme deterioro que está sufriendo nuestro planeta Tierra desde que comenzó el recalentamiento global, con toda una serie de nefastas consecuencias, como inundaciones, principio de desaparición de los casquetes polares, modificación del clima y transformación de amplias regiones en desérticas, lo cual impacta fuertemente en la desaparición de especies de la fauna y flora. Es decir, y sin avanzar demasiado en las explicaciones, la gravedad es enorme y las consecuencias a medida vayan pasando los años -tal vez no demasiados- imprevisibles.
En el Acuerdo de París, del cual se acaba de alejar Estados Unidos una vez bajo la presidencia de Donald Trump, se había acordado mantener por debajo de los 2 grados el calentamiento terráqueo hacia el final del presente siglo, pero un profundo estudio científico concluyó que alcanzar esa posibilidad cuenta con sólo un 5% de posibilidades, siendo lo más probable que la temperatura se eleve dentro de márgenes que pueden oscilar entre 2 y 4,9 grados.
La investigación fue realizada por científicos de la Universidad de Washington, quienes concluyeron que lo más factible es que el promedio de alza de temperatura sea de 3,2 grados, y de tal manera fue publicado en la revista Nature Climate Change. Sobre los objetivos establecidos, la chance de aumentar sólo 1,5 grados es de apenas 1% y de llegar a 2 grados de 5%, y además, como para empeorar todavía más la perspectiva futura, dice el estudio que de no detenerse las emisiones de gases con efecto invernadero, para el año 2100 las temperaturas podrían ser 1,3 grados superiores a los pronósticos.
Por otro lado, es decir, para no sepultar las esperanzas, se consigna que reducir el calentamiento "es posible" siempre y cuando se realice un esfuerzo importante y sostenido en los próximos 80 años. Es que la investigación, además de tomar sólo a los gases, incorporó las tendencias de la población mundial en los últimos 50 años, tomando en cuenta producto bruto interno, crecimiento de la población, llegándose a un parámetro que calcula la emisión de dióxido de carbono por cada dólar producido en la actividad económica.
Se concluye que la población del planeta podría llegar cerca de los 11.000 millones de personas en 2100, aunque los investigadores llegaron a la conclusión que estos tendría un impacto bastante moderado, ya que la gran expansión demográfica ocurrirá especialmente en Africa, donde se utilizan muy pocos combustibles fósiles.
Lo sensato sería que la temperatura de la Tierra no aumente más de 1,5 grados, debido a las catástrofes severas que experimentarán muchos países en el aspecto medio ambiental. Si se pasa esa línea, los daños por inundaciones, calor extremo y catástrofes medio ambientales serán mucho más graves, en determinados casos casi sin poder predecir su magnitud y volumen.
Los científicos también ingresan en el terreno de lo por ahora desconocido, no desechando la posibilidad de que sea creada una tecnología revolucionaria que llegue a cambiar toda esta perspectiva y termine por encontrar una solución al problema del recalentamiento que se viene dando sostenidamente desde hace varias décadas. En tal sentido se puntualiza que los avances obtenidos en los últimos 50 años en robótica, informática, internet e inyección electrónica de combustible, junto a los automóviles híbridos, consiguieron una mejora del carbono en 2%.
Tomando un modo muy gráfico de explicar la situación, se señala que la comunidad científica mundial fijó como umbral el tope de 2 grados para evitar un cambio climático peligroso. Para comprenderlo mejor, se lo compara con el límite de velocidad de un automóvil, que yendo por debajo de esa cifra si bien no hay garantía de no sufrir accidentes la posibilidad es mucho menor, mientras que en cambio superando esa barrera, los peligros son muchísimo mayores.
Hoy la principal preocupación del mundo entero -a excepción de Estados Unidos que se marginó- está enfocada en la intensidad de las emisiones de carbono, ya que la velocidad que se logre para su reducción es crucial para determinar el calentamiento global.
Como las selvas han comenzado a deteriorarse, el deterioro del planeta también se ha acelerado, aumentando el nivel de los mares e incrementándose las tormentas, cada vez más fuertes.

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