Historia de la reliquia de Santa María Magdalena

Información General 06 de agosto Por
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Por Nicolás Faguer. - Cuenta la tradición cristiana medieval que Santa María Magdalena llegó por barco al sur de Francia en compañía de otras dos Marías, María Salomé y María de José (por lo cual el lugar llegaría a llamarse Saintes-Maries-de-la-mer), junto con Marta y su hermano Lázaro y otros cristianos de la primera hora, como San Maximín. Todos ellos iniciaron la primera evangelización de la Provenza. San Maximín se convertiría en el primer obispo del lugar y Santa María Magdalena se retiraría de la predicación después de algunos años para entregarse totalmente a la oración y a la penitencia en una gruta llamada “La Sainte Baume”.
Esa gruta se encuentra en una montaña que surge a los pies de un antiguo bosque que ya los romanos consideraban sagrado. El peregrino que hoy quisiera visitar el lugar tiene que hacerlo a pie, a través de árboles milenarios, primero, y luego ir ascendiendo las laderas de granito afiladas; todo lo cual suscita ya una impresión religiosa. Al llegar a los dos tercios de la montaña, encuentra una terraza pegada a la pared. Por un lado, podrá admirar la vista asombrosa sobre el bosque y el valle. Por otro, verá una gruta profunda. Allí se encuentra un altar que es testimonio de más de diez siglos de peregrinaciones. A su alrededor están los altares laterales y piedras sueltas que acompañaron ya a la santa. Y una de esas piedras ha sido ofrecida por los frailes dominicos de La Sainte Baume a la Fundación San Juan para la Capilla del Hospital de Rafaela dedicada a la santa.
Dice la tradición que al terminar su larga vida de penitencia, María Magdalena intuyó la venida de la muerte y bajó de su montaña para volver a la ciudad episcopal donde San Maximín la bendeciría antes de morir.
En esa misma ciudad, que se llama ahora Saint-Maximin-la-Sainte-Baume, se ha venerado desde siglos la tumba de la santa. Allí existen reliquias muy valiosas, a partir de las cuales se pueden hacer lo que técnicamente se llama “reliquias de segundo grado” o reliquias que hubieran estado en contacto con la original. Es lo que ocurrió con nuestro trozo de paño que testimonia siglos de contacto con la cabeza de María Magdalena. El padre Florian Racine, el párroco actual de la basílica de Santa María Magdalena en Saint-Maximin-la-Sainte-Baume (basílica que llegó a ser en la Edad Media el tercer lugar de peregrinación en occidente después de Roma y de Santiago de Compostela) regaló la reliquia a la Fundación San Juan para la Capilla María Magdalena del Hospital de Rafaela. Y con esos regalos, ella en cierto modo sigue peregrinando, yendo por otro mar hasta el “fin del mundo” (con las palabras del papa Francisco), llevando también allí su único mensaje: la buena nueva de la misericordia del Señor.

El autor es doctor en Literatura y radicado en París. El rafaelino Juan Manuel Sara (vive en Alemania) trajo recientemente una reliquia de Santa María Magdalena; está en custodia en la Abadía “Nuestra Señora de la Esperanza” hasta que la Capilla esté terminada su restauración y pueda exponerse al público.

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