Brecha del consumo

Editorial 28 de julio Por
El consumo no solo cae, sino que aumenta la diferencia entre ricos y pobres.
La diferencia en el consumo entre ricos y pobres es cada vez más amplia, pudiendo constatarse en que mientras crecen las ventas de inmuebles y automóviles, en cambio bajan las de alimentos. Una cuenta que arroja una ecuación más que clara, mostrando las consecuencias de una grieta que en este caso no es ideológica, pero si de cuestiones materiales, que son en definitiva las que después se encargan de profundizar la primera de las mencionadas.
La ampliación de distancia entre unos y otros es en el presente mayor que dos años atrás, ya que los grupos familiares han ido modificando claramente sus prioridades de compras, orientando las mismas hacia sus necesidades. En el caso de quienes invierten en bienes durables de cierto valor, es para defender sus ahorros de los efectos inflacionarios, mientras que los grupos de menores recursos deben destinar cada vez mayores porcentajes de sus ingresos para la alimentación, que es además uno de los rubros más castigados por la inflación.
Según una consultora, en cuanto a la canasta de alimentos, sobre cada 100 pesos los sectores bajos gastan 71 en ese rubro, en tanto que los altos llegan hasta 134 pesos, teniendo de tal manera que se gasta prácticamente el doble por persona. Una diferencia que se ahonda en caso de poner también dentro del análisis la edad de los hijos, ya que las familias de más alta y media condición económica tienen al menos un hijo de hasta 6 años en un 12% de las mismas, mientras que las de bajos ingresos la cantidad de hijos de esa edad se triplica llegando al 37% de las mismas.
Otro aspecto que diferencia a los sectores, es que las de altos y medios recursos es que las amas de casa tienen ocupaciones externas al hogar en un 60%, en tanto entre los de menores ingresos son 40% las amas de casa que trabajan, ya que a medida se baja en la pirámide social las familias van siendo más numerosas en integrantes, siendo las de 4 miembros nada menos que 1,3 millón de familias.
Pasando directamente al consumo, los núcleos familiares más pobres deben gastar en la canasta básica la mitad de sus ingresos, mientras que un tercio va para hogar y transporte, quedando apenas un 20% para otros gastos que pueden de tal manera afrontarse muy escasamente.
Es por estas razones que los aumentos de tarifas de servicios públicos, aunque indispensables para poder asegurar la continuidad de sus prestaciones, tuvo tan grande impacto negativo en los presupuestos familiares de menores ingresos. Es que los subsidios que se venían dando durante el anterior gobierno kirchnerista, que fueron aumentando exponencialmente en los últimos años, llegaron a un extremo que era inevitable comenzar a racionalizarlos, tal como aconteció, aunque ello pegó muy fuerte en los grupos de menores ingresos, incluso aún habiéndose dispuesto una tarifa social en la que fueron incorporándose millones de usuarios.
Justamente a esto es lo que refieren y apuntan como críticas al gobierno, aludiendo al ajuste, y también, al gobierno "para ricos", cuando en realidad no quedaba otra posibilidad, que aún no es definitiva. Es que en el caso de las tarifas públicas, con la recomposición realizada apenas se ha llegado a la mitad del costo de las mismas, por lo cual las pérdidas que deben enjugar las arcas fiscales continúan siendo enormes. Al punto que hoy, tanto por esto como por los pagos de intereses por la deuda, se tiene uno de los déficit de las cuentas públicas más altos de la historia.
Según los análisis que se hacen sobre esta ampliación de la diferencia entre ricos y pobres en cuanto al consumo, la brecha se amplió estos dos últimos años consecuencia de haber crecido mucho más el nivel alto y medio de las familias. Por lo tanto, la distancia no sólo se extendió entre los extremos, sino también en lo que se gasta, ratificado por los números que daban cuenta de una diferencia de 89% en 2015, pasando a ser de 16% en 2017.
Los vaivenes del consumo en este último tiempo, van más allá de la selección de los lugares de compra, como así también la modificación de hábitos respecto a las marcas, ya que existen muchos otros factores que deben ser considerados.

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