¿Campaña o rejas?

Notas de Opinión 23 de julio Por
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VER PARA CREER. Cristina visitando un tambo. FIRMA: Roberto Actis
VER PARA CREER. Cristina visitando un tambo. FIRMA: Roberto Actis

Mientras la economía no reacciona más allá de los sostenidos gestos de optimismo desde el gobierno, que parecen más una expresión de deseos que otra cosa, y la corrupción continúa sin las sanciones que la gente esperaba, al menos para sus principales responsables, las elecciones están cada vez más cerca, y también más confusas, al menos en la provincia de Buenos Aires, donde parece que se juega todo. Al menos eso es lo que pretende el cristinismo más duro y por supuesto la propia ex presidenta, pues una victoria allí que la lleve al Senado, sería la llave que podría alejarla definitivamente de la justicia y la posibilidad de ver rejas desde el interior de una celda. Comparar con el símil del caso Menem, otro ex presidente que recorrió ese mismo camino.
¿Qué hacen mientras tanto los jueces? Veamos a Casanello, quien a pesar de haber sido dos veces conminado por la Cámara Federal para avanzar en la causa de la asociación ilícita para saquear al Estado con las obras públicas, sigue empeñado en profundizar sobre la evasión, un delito que sería bastante más liviano. Pero ¿de dónde salió el dinero?, sin dudas "no fue magia". Eso se va tirando hacia adelante, esperando el resultado de las elecciones. Ni más, ni menos.
Aunque Cristina Kirchner tiene también otra importante carta por jugar, esperando ser salvada en la Cámara por Eduardo Freiler, el juez que no pudo explicar cómo acumuló su gran fortuna y está acusado en el Consejo de la Magistratura, donde viene siendo salvado por el kirchnerismo. Pero en contrapartida, una bastante pálida, fue la detención del contador Víctor Manzanares, quien vino administrando -una forma de decir- la fortuna de la familia Kirchner en los últimos 20 años, cuando comenzó a aparecer esa irrefrenable atracción por las cajas fuerte, mejor dicho por su contenido. De todos modos, aunque tiene destino similar a Báez, Jaime, Pérez Gadín y Bolso López, por ahora el pacto de silencio se mantiene sin fisuras. Si aguantaron hasta ahora seguro que lo harán hasta el 22 de octubre. Después, según lo que digan las urnas, será lo que suceda. Como vemos, una elección clave, que juega muchas cosas además de las bancas.
Algo que ocurrió esta semana y pinta de cuerpo entero a la justicia, fue la sanción para Armando Gostanián y otros dos armenios que condujeron la Casa de la Moneda siendo Menem presidente, quienes tienen que devolver algo más de un millón de pesos por trapisondas hechas hace unos 20 años. Con estos tiempos de la justicia, ¿cuándo se conocerán las penas de los kirchneristas corruptos? Probablemente será cuestión de nuevas generaciones, mientras en Brasil va preso a quien le toque, y otro tanto sucede en Perú, donde al ex presidente Humala lo llevaron esposado junto a su esposa -en la misma prisión donde está Fujimori- y Toledo, otro ex mandatario, está prófugo.
La gente mientras tanto espera bastante ansiosa, por ejemplo que si hay algo que aclarar sea aclarado como corresponde, dando las pruebas necesarias. Los culpables presos, los inocentes libres, así de sencillo. Simplemente decir que es una persecución política es absurdo, no sirve, eso es sólo para la tribuna. Aunque para muchos jueces y fiscales, más aún siendo "legítimos" parece ser suficiente. Y además, que empiece a aparecer la plata saqueada, que fue muchísima. Con recuperar el bolso de López, el avión y algunas excavadoras de Báez, más otras menudencias, de ninguna manera alcanza.
Macri por su parte, nos pide "no resignarnos por la corrupción". Quienes estamos expectantes desde el llano, bien podríamos decirle al presidente que no hay resignación que valga, y que aún sabiendo que se debe respetar la división de poderes, recién ahora que las elecciones están muy cerca se observa una mayor decisión del gobierno nacional de avanzar contra los casos de corrupción. ¿O será porque Cristina creció más de lo imaginado?  De paso, ver a la ex presidenta de campaña visitando un tambo en Chivilcoy, y hablando bien de la gente de campo, parece cosa de Mandinga. Mejor dicho, deja en claro la pobrísima opinión que la ex tiene de la gente, para la cual ya sabemos de sobra cuál en su calificativo preferido, ese mismo que le endilgó a Parrilli, extensivo para todos y todas.

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