Irresponsabilidad nuclear

Notas de Opinión 18/07/2017 Por
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FOTO ARCHIVO DOOMSDAY CLOCK. El reloj colocado a 150 segundos de las 12.
FOTO ARCHIVO DOOMSDAY CLOCK. El reloj colocado a 150 segundos de las 12.
Por Juan G. Tokatlian (*)

El régimen internacional en materia nuclear ha sido esencialmente asimétrico en su contenido y alcance y, para su aceptación y funcionamiento, se lo ha hecho descansar en un principio de legitimidad frágil: los Estados sin armamento nuclear se comprometen a no proliferar, las potencias nucleares a un desarme efectivo, y se asegura el derecho al uso pacífico de la tecnología nuclear. Ese régimen, con sus logros y contramarchas, sus acatamientos e incumplimientos está atravesando una coyuntura muy delicada. El pacto original y el relativo consenso que lo acompañó se han ido debilitando y erosionando; en especial, por el comportamiento de los países que poseen armas nucleares. Comparativamente, el inventario de ojivas nucleares es hoy menos cuantioso que el que existía a mediados de los ‘80; varias naciones (entre otras, Argentina y Brasil) desmantelaron sus programas nucleares con propósitos militares; se avanzó en la creación de zonas libres de armas nucleares (siendo América Latina y el Caribe, la primera); y se logró, en 2015, un acuerdo mediante el cual Irán renunció a desarrollar una bomba atómica a cambio de la eliminación de sanciones internacionales.
Sin embargo, desde los 70 ha aumentado de 5 a 9 el número de países con armas nucleares debido a una selectivamente tolerada proliferación clandestina; la Corte Internacional de Justicia, en una opinión consultiva de 1996, afirmó que no podía llegar “a la conclusión definitiva de que la amenaza o el empleo de armas nucleares es lícito o ilícito en una circunstancia extrema de legítima defensa”. Es menor el ritmo, en contraste con los 90 y comienzos del siglo XXI, en la reducción de los arsenales nucleares de Estados Unidos y Rusia; las revisiones quinquenales del Tratado de No Proliferación Nuclear muestran más estancamiento que progreso; los países con dispositivos nucleares están embarcados en procesos de modernización de dichos armamentos; no se ha podido establecer una garantía jurídicamente vinculante por medio de la cual los países con armas nucleares no puedan usar tales armas contra los que no las poseen; y los países nuclearizados y sus aliados han boicoteado el establecimiento de una convención para la Prohibición de Armas Nucleares.
Hoy se estima que existe un inventario superior a 15.000 ojivas nucleares (Rusia, 7.000; Estados Unidos, 6.800; Francia, 300; China, 260; Gran Bretaña, 215, Paquistán, 140; India, 110; Israel, 80; y Corea del Norte, 10). En ese contexto, se han potenciado las fricciones y disputas que involucran naciones con armamento nuclear. Los roces entre Washington y Beijing se han incrementado en distintos frentes comerciales, diplomáticos y geopolíticos. La OTAN y Rusia parecen orientados conflictivamente en un curso de acción peligroso.
En Medio Oriente, la situación es explosiva. Ha aumentado la escalada de tensiones entre la India y Paquistán. Las pruebas misilísticas de Corea del Norte han elevado el nivel de pugnacidad. Si se observan las retóricas de altos funcionarios civiles y militares en las capitales de los países con armas nucleares se podrá detectar cómo se ha cruzado un umbral al punto de que se contempla, en clave punitiva, preventiva, de amenaza frontal o de retaliación eventual, el recurso a dicho armamento. Distintas voces, informes y pronunciamientos provenientes desde la sociedad civil internacional han advertido sobre el riesgo de perpetuar y ahondar el actual estado de antagonismo y competencia.
En realidad, se han incrementado notablemente las posibilidades de que se produzca un choque catastrófico desde el punto de vista humanitario que, a su turno, derive potencialmente en una confrontación amplia y descontrolada entre distintos actores poderosos. Esto puede ocurrir de modo deliberado, accidental o involuntario. Por eso es imperioso que distintos ámbitos, mediante la combinación de mecanismos bilaterales y multilaterales, procuren el manejo de escenarios críticos generando al menos una distensión inicial; distensión que debiera llevar a evaluar seriamente y resolver gradualmente las causas profundas que alimentan las contiendas vigentes.
En esa dirección, se presenta una gran oportunidad para que la Argentina y Brasil, conjuntamente, con lucidez y discreción, aporten, gracias a sus credenciales en el frente nuclear, a la búsqueda de alternativas diplomáticas por sobre las opciones militares.
Si los países nucleares apuestan por el estilo bravucón, el lenguaje pendenciero, la provocación suicida, y la manipulación arbitraria asistiremos a una grave crisis de ribetes internacionales. No al azar la más prestigiosa revista en la materia, el Bulletín of Atomic Scientists que confeccionó el “reloj del fin del mundo” (Doomsday Clock) en 1947 y que colocó una manecilla a 17 minutos de las 12 cuando culminaba la Guerra Fría, ubicó ahora la manecilla a 2 minutos y medio de las 12: la hora letal.

(*) Profesor plenario de la Universidad Di Tella.

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