Déficit crónico

Editorial 16 de julio Por
Hace 7 años consecutivos que las cuentas externas se encuentran en rojo.
Desde hace varios años, más precisamente desde 2010, la cuenta corriente de la balanza de pagos registra fuertes rojos contables, significando que las adquisiciones de bienes y servicios del extranjero y los gastos y pagos que se generan por regalías, turismo, viajes, intereses y utilidades, son muy superiores a los dólares que ingresan al país por las exportaciones y otros ítems.
Consecuencia de esa situación el déficit de estos 7 años que se fue acumulando en la cuenta corriente está por encima de los 60.000 millones de dólares, suma que se fue cubriendo con endeudamiento. 
Vayamos a datos oficiales, difundidos por el INDEC, dando cuenta que en enero, febrero y marzo del presente año el saldo negativo fue de 6.871 millones de dólares, lo cual implicó recurrir a un endeudamiento de 6.768 millones de esa misma divisa, el cual fue 1.926 millones más abultados que el registrado en igual lapso de 2016. Es decir, que prácticamente todas las cuentas públicas se encuentran en un rojo furioso, y no sólo eso, sin perspectivas claras de poder ir logrando atenuarlas, ya que el déficit sigue prevaleciendo en todos los ítems habidos y por haber.
Uno de los rubros que da mayor explicación a ese rojo de casi siete mil millones del primer trimestre de 2017 es el correspondiente a servicios, que cubrió nada menos que 3.676 millones de dólares, lo cual se debe principalmente al pago de intereses, que van poniendo un límite al futuro endeudamiento, lo que por ahora no es un problema grave pero que podría llegar a serlo en caso de producirse una reversión en el flujo de capitales. Tales intereses, en especial los ligados a la deuda externa contraída en el período anterior continuarán creciendo ya que el programa financiero estipula pagos de intereses en futuros períodos en divisa extranjera.
Recordemos que la deuda externa, sumando pública y privada, pasó de 149.359 millones de fines de marzo de 2009 a 204.509 millones a igual fecha de 2017, siendo por lo tanto unos 55.000 millones más, en tanto que con los intereses pasa otro tanto, pues mientras en 2006 los servicios abonados eran por 2.698 millones en 2016 se incrementaron a 5.673 millones, es decir, un aumento superior al 100 por ciento. En el primer trimestre se abonó 1.910 millones, 62% más que igual lapso del año pasado, quedando más que claro que todo lo que signifique deuda y pago de servicios se encuentra en una vorágine alcista.
Frente a tal panorama, los saldos favorables del comercio exterior no fueron suficientes para cubrir toda la avalancha de dólares que se necesitaron para pagar fletes, transporte, viajes y turismo al exterior, más intereses de deuda y dividendos devengados por empresas extranjeras.
Como este año crecieron las importaciones y de contrajeron las exportaciones, tanto por volúmenes como precios, la perspectiva se verá aún más agravada para conseguir el financiamiento de todo ese gasto. Un dato elocuente: el capítulo rentas, que incluye los intereses, dividendos y utilidades devengados, pasó de 7.699 millones negativos en 2006 a 12.136 millones en 2016.
El tobogán por el que ha deslizado la Argentina en sus cuentas comenzó hace una década, ya que de tener un superávit del 3% del PBI en 2006 pasó a un déficit de casi 3% en 2016, y ahora, en lo que va del presente año, el rojo se ha profundizado. Es que el componente rentas siempre ha sido deficitario en todos estos años, aunque en determinado tiempo y consecuencia del aislamiento que la Argentina tenía en el exterior, el déficit venía reduciéndose lentamente, pudiéndose señalar que en 2006 era de 3,3% del PBI y en 2015 se ubicó en 1,9%, en tanto que ahora, con un esquema económico que apela al endeudamiento externo los pagos netos de intereses tendrán a su abultamiento, dinámica que se advierte con bastante claridad en la comparación con 2015.
Para afrontar medianamente los pagos de cuenta corriente se necesita que la economía crezca al menos 2,5%, una meta difícil de alcanzar tal como están dándose las actuales circunstancias. Es que los desequilibrios que se advierten no son otra cosa que el espejo del desahorro nacional que indefectiblemente deberá ser corregido, más tarde o más temprano.

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