Las automotrices

Editorial 15/07/2017 Por
La actividad está recuperándose, pero falta competitividad.
La industria automotriz se expandió en el mes de junio 9,2% en cuanto a la fabricación de unidades, aunque el crecimiento fue de sólo 0,5% con relación a mayo, en tanto que para el semestre que va de enero a junio las exportaciones aumentaron 11% y las ventas en el mercado interno 19%. Además, en ese sexto mes del año los patentamientos fueron de 76.210 unidades, con una suba de 39,8% respecto con igual mes de 2016. Se trata sin dudas de todos números positivos del sector, el cual es esencial para el comportamiento general de la actividad industrial, que ha comenzado a revertir la tendencia negativa que se prolongó durante 15 meses consecutivos.
De todos modos, un informe elaborado por ADEFA respecto a la competitividad, es realmente dramático para el futuro, ya que los altos costos, ineficiencia, elevada presión tributaria, retraso cambiario y deficiente infraestructura, son algunos de los serios problemas con los cuales debe enfrentarse la industria en general, y en especial el sector automotriz. 
La competitividad es clave en este tiempo de globalización productiva, ya que para poder salir al mundo con éxito se deben reunir condiciones combinadas entre calidad y precio. Es por tal razón que la entidad que agrupa a los fabricantes de automotores, ante la delicada situación que atraviesan las empresas, viene reclamando al gobierno medidas para subsanar y revertir la situación referida, pero para poder presentar datos muy concretos y precisos, fue encargado un trabajo a la consultora Bain & Company, consistente en un análisis comparativo entre la Argentina  respecto de Brasil y México, los dos países con los cuales existe un más importante y directo contacto en materia de comercialización. Aunque también se han estudiado casos como los de España y Tailandia.
El resultado es realmente dramático, pues nuestro país es el peor de la región en competitividad, lo cual siembra de dudas el futuro de las exportaciones de automotores, salvo algunos casos especiales y excepciones hechas cuando se manejan algunas circunstancias adicionales en las operaciones.  
Los datos obtenidos son contundentes, ya que en nuestro país se producen 18 autos por trabajador, mientras que en Brasil esa cantidad es de 21,2 unidades con 17% de mayor productividad, en tanto en México la diferencia se amplía a 40,2 automotores por operario, logrando en este caso una ventaja productiva del 120%. Más allá de todas las consideraciones y justificaciones que puedan ser analizadas, los números son realmente drásticos y no dejan ninguna duda que de no corregirse esta situación, las posibilidades de comercialización en el exterior serán prácticamente nulas para las terminales argentinas. Y por lo tanto, la recuperación vislumbrada ahora, irá perdiendo fuerza en el corto plazo.
Si vamos a los precios, en la Argentina los automóviles son 25% más caros que en Brasil y 41% más costosos que en México. Y aquí también deben mencionarse los salarios, otro de los elementos que hace perder competitividad, pues en nuestro país un operario tiene un salario promedio 41% más abultado que en Brasil y 85% superior a México. En lo que hace al costo de producción, aquí es 25% más caro que en el vecino brasileño y 65% más que en tierra azteca. Otro dato más, siempre muy ilustrativo: por cada dólar que se paga en salario, aquí el 53% corresponde a cargas sociales, en tanto en Brasil ese rubro representa 46% y en México 27%, todo lo cual confluye para concluir la gran diferencia de competitividad existente.
Si a todo lo ya descripto añadimos los impuestos, entonces termina por presentarse un cuadro en extremo complicado, recordándose que aquí en la Argentina existe la presión tributaria más elevada de la región -sólo comparable con Uruguay- y entre las más altas del mundo, lo que significa que el valor de venta de un automotor construido aquí la mitad o aún algo más corresponde a la suma de la diversidad de impuestos que se le aplican. En Brasil los impuestos son un 20% más bajos, mientras que en México no se grava la producción y el único impuesto que pagan los automotores es el IVA.
La perspectiva de acuerdo con este informe de ADEFA, es más complicada de lo que se supone, en especial para encontrarle los correctivos necesarios.

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