Sobre los granos

Editorial 14 de julio Por
Un completo análisis sobre la situación granaria, bajo visión de un experto.
Horacio Busanello es el Ceo del grupo "Los Grobo", por lo tanto indiscutible desde el conocimiento para el análisis de todo lo que hace al sector agropecuario, y con mayor razón al rubro de los granos. Días atrás escribió un muy interesante artículo en Ambito Financiero repasando la actualidad del campo, destacando por ejemplo que el ciclo productivo de la campaña 2016/2017 ha sido "excelente" desde el punto de vista del volumen, habiendo tenido un impacto muy favorable las medidas dispuestas por el gobierno, consistentes  en la eliminación de restricciones para la comercialización del maíz y el trigo, como así también la eliminación de retenciones para ambos y el girasol, posibilitando el aumento del área sembrada de tales cultivos, desatando con mucha fuerza el potencial productivo del campo, además de lo expuesto, sin hacer mella en el área de la soja, que se mantuvo por sobre los 19 millones de hectáreas.
Se remarca en el análisis la sucedido con las abundantes lluvias que tuvieron un doble efecto, por un lado la afectación de la producción en las zonas inundadas, y por el otro, potenciando los rindes que fueron compensación de los sectores malogrados por el fenómeno hídrico, en los cuales no se pudo levantar la cosecha.
Todas las estimaciones se orientan a una cosecha récord entre 127 y 130 millones de toneladas, donde la cosecha gruesa estará por encima de los 100 millones de toneladas, donde la soja está enfilada a convertirse en la segunda cosecha mayor de la historia tras los 61 millones de toneladas que se habían alcanzado en 2014/2015. Cabiendo dejar en claro que ese a ese registro se llegará a pesar de la pérdida de 1,1 millón de hectáreas perdidas por las cuestiones climáticas apuntadas. En cuanto al maíz, se va hacia una marca récord entre 39 y 40 millones de toneladas.
Respecto a lo que recibirán los productores, cabe decir que el actual ciclo agrícola dista mucho del anterior de 2015/2016, cuando los costos de producción se afrontaron con un dólar de 9,50 pesos, mientras que los ingresos se liquidaron a una cotización de 15 pesos, con la añadidura de la quita de retenciones en trigo, maíz y girasol y reducción de las mismas en la soja.
Justamente esa situación fue lo que permitió estabilizar las finanzas de muchos productores que venían con serios problemas, renovando el optimismo para la campaña 2016/2017 con los resultados que se analizaron arriba. Aunque, apunta el comentarista, "vemos como los precios locales han dejado de ser atractivos para los productores", quienes "sufren por la excesiva oferta global de granos que ha puesto presión a la baja sobre los valores internacionales mientras que la abundancia de dólares, generada por el endeudamiento del Estado nacional y las provincias, ha hecho que la divisa americana se mantenga muy estable en los últimos doce meses. Por otra parte, el 70 por ciento del salto devaluatorio se vio rápidamente erosionado por el aumento de los costos locales y por las altas tasas de interés".
En cambio, se sostiene en el artículo en cuestión que las noticias positivas del sector vinieron por el lado de los muy buenos rindes, lo que combinado con la baja de los costos de insumos produjo una instancia sumamente favorable. Aunque no sea algo habitual, debe decirse que con esa baja de costos se produjo una transferencia de 600 millones de dólares a los productores, consecuencia de los 200 millones menos en los fertilizantes utilizados para el trigo y el maíz, en tanto que otros 400 millones fueron producto de la caída de precios de los fitosanitarios.
De todos modos, aún dentro de estas perspectivas, hubo que hacer números "finitos", por lo cual quienes hicieron un manejo profesional de sus explotaciones alcanzan una rentabilidad estimada entre 3 y 5 puntos del capital invertido, que es en definitiva un número muy alejado de los valores esperados en virtud de la gran cantidad de riesgos que se corren en esta clase de negocios.
Se puntualiza que quienes pagaron alquiler, están los que acordaron costos fijos y asumieron todos los riesgos, y los otros que pagan valores variables compartiendo riesgos con los dueños del campo. Para los primeros la rentabilidad ha sido esquiva, en tanto los segundos tuvieron una ganancia acotada dentro de márgenes esperados. 

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