El canal del Bermejo

Locales 13 de julio Por
En este nuevo documento de la Agrupación Agua y Futuro se analiza cómo la falta de planificación y obras para ordenar los desplazamientos del agua impactan en la economía y en el plano social. El caso de la cuenca del río Bermejo.
“Cuando la política se transforma en una profesión, la Patria se convierte en un negocio”. José Ingenieros.

A poco más de una década de la Revolución de Mayo, Bernardino Rivadavia se ocupaba de los problemas que, ya sea por escasez o exceso, tenían como epicentro al agua en territorio bonaerense. En la gestión emprendida concluyó que, conforme lo que imponía la naturaleza, esto es, el decurso de las aguas según la conformación de los terrenos, la solución eran los canales. En concreto, canales navegables. Los proyectó de acuerdo a lo que había visto en Francia, donde los construían por sus ventajas en comunicación y riego. En síntesis, manejo y aprovechamiento del agua en su andar inmemorial camino de ríos y mares.
La historia agrega algo más. Se dice que propició la exploración del río Bermejo. En resumen, a casi dos siglos de aquellos días, Argentina, “Granero del mundo”, carece de un sistema ordenador de los desplazamientos de las aguas que, en volúmenes mayores a los normales, fluyen incontenibles desde sus cuencas inundando extensas planicies buscando el océano, destino final de millones de metros cúbicos de agua dulce que deberíamos preservar con inteligencia.
Ni Buenos Aires, la provincia separatista en su momento, cuenta con obras básicas para el escurrimiento de las aguas que bajan desde el oeste y se estancan en sus campos. Curiosamente, el último tramo del recorrido hacia el mar cercano, cerrando el paso al desplazamiento natural con ese destino. ¿Qué pueden esperar, entonces las provincias comprometidas aguas arriba sino lo que es motivo, hoy, de lamentos y recriminaciones del campo por el expuesto abandono de los gobiernos, nacionales y locales? Esencialmente, se trata, y no es poco, de los principios integradores e igualitarios sentados en 1853.

LA CUENCA DEL BERMEJO
Partiendo de este último punto, y tomando en cuenta los perjuicios que las inundaciones causan en lo social y en lo económico, encontramos que la irresponsabilidad administrativa del poder no solo conspira en contra de las regiones afectadas directamente, sino que impide el desarrollo de otras con un potencial productivo extraordinario. Es lo que ha venido ocurriendo, no obstante la extendida consciencia de ello. Esto explica el atraso y las nefastas consecuencias que llevaron a la pobreza a las provincias comprendidas, diferenciadas hoy de otras consideradas ricas.
La canalización de la cuenca del Bermejo (Salta y Bolivia) constituye un proyecto de enormes proporciones geopolíticas y alcances sociales y económicos incalculables para una vasta región de más de 120 mil kilómetros cuadrados que comprende territorios del sur boliviano y provincias del norte argentino. Existen dos proyectos, contemplándose en ambos desembocaduras en el Paraná, en nuestra provincia y en el Chaco.
Además de incorporar a la producción, a partir del riego sustentable, unas 800.000 hectáreas en su recorrido, se sumaría la capacidad de generación hidroeléctrica, estimada en 2.400 MW, superior a la potencialidad de El Chocón, de 1.200 MW.
Un tercer factor considerado son los costos del transporte de lo producido hacia los mercados por vía terrestre. Por la gravitación negativa en las economías regionales, la navegabilidad de los canales haría posible, más allá del beneficio en ese rubro, cambios significativos en campos diversos: la integración de las poblaciones afectadas, el intercambio de bienes materiales y culturales, así como el mejoramiento de las condiciones de vida y posibilidades de miles de argentinos que habitan regiones sometidas por la tácita negación de derechos elementales.
Un contexto de incalculables proyecciones en campos diversos de la producción, el trabajo digno y la cultura, así como la descentralización respecto de lo que afectare las capacidades autonómicas de los estados federados. En una perspectiva más amplia supondría, por ejemplo, la consideración de lo que implicaría acordar con Bolivia su salida al mar por vía del Paraná.
Juan José Guaresti, al referirse al tema de las postergadas obras de la canalización del Bermejo, dice que “impulsarían la creación genuina de capitales, que concluirían con nuestro inveterado carácter de deudor moroso internacional, a tasas de interés impagables”. Y agrega que el demorado emprendimiento para usos múltiples “cambiaría la geografía de nuestro país y también la mentalidad del `no se puede’, que sería sustituido por el valor de quienes dirían: ‘me atrevo”.



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