Los campos de la Depresión del Salado ayudan a enfriar el planeta

SUPLEMENTO RURAL 13/07/2017 Por
Un estudio de la FAUBA comparó dos manejos ganaderos en la región y determinó que el pastoreo adaptativo en pastizales naturales puede elevar 100% la producción de carne, con altos márgenes brutos y una particularidad: baja la concentración de gases de efecto invernadero en la atmósfera.
FOTO FAUBA GESTION PECUARIA. El pastoreo adaptativo en pastizales naturales mejora sustancialmente la producción de carne.
FOTO FAUBA GESTION PECUARIA. El pastoreo adaptativo en pastizales naturales mejora sustancialmente la producción de carne.
Por Pablo A. Roset

(SLT-FAUBA). - En los últimos 20 años en la Argentina, la agricultura continua expulsó a la ganadería de las mejores tierras hacia otras menos aptas para realizar cultivos. Allí, la carga animal se elevó y la actividad pecuaria se intensificó en base a insumos derivados del petróleo. En este marco, una investigación de la Facultad de Agronomía de la UBA (FAUBA) en la Depresión del Salado mostró que haciendo un uso racional de los pastizales y con mínimos subsidios energéticos se puede producir el doble de carne por hectárea, mejorar la fertilidad del suelo, lograr altos rindes económicos y, contrariamente a la bibliografía en el tema, bajar la concentración de gases de efecto invernadero (GEI) en la atmósfera, responsables del calentamiento global.
“Analicé las consecuencias de la intensificación ganadera en la Cuenca del Salado y los beneficios de implementar un sistema de manejo adaptativo del pastoreo, que consiste en separar la superficie forrajera en diferentes ambientes para luego manejarlos según los requerimientos de las especies vegetales más importantes en cada uno, casi sin aportes de energía fósil. Mis resultados mostraron que la producción de carne puede pasar de 100 a 200 kg/ha sólo usando el ingenio, e incluso mejorando el balance de GEI”, sostuvo Elizabeth Jacobo, docente de la materia Agroecología y de la cátedra de Forrajicultura de la FAUBA.

GANADERIA VS. CALENTAMIENTO GLOBAL
“Una forma que las instituciones proponen para reducir la emisión de GEI y mitigar el calentamiento global es intensificar la producción ganadera. Sin embargo, yo creo que sólo se mira una pata del problema, que son las emisiones, y se deja de lado la fijación de CO2 de la atmósfera. Si bien es verdad que los animales liberan menos metano y óxido nitroso en sistemas a base de pasturas implantadas y maíz, los pastizales naturales pueden fijar cantidades muy grandes de dióxido de carbono en el suelo”, dijo Elizabeth al sitio de divulgación científica Sobre la Tierra.
Para la investigadora, la clave está en realizar un balance entre la emisión y la fijación de GEI en ambos sistemas. “Mis cálculos indican que en los sistemas de pastoreo adaptativo bien manejados, haciendo un uso racional de los pastizales naturales, los suelos pueden captar hasta 1 tonelada de carbono por año. La resultante de esto es un balance negativo de GEI en la atmósfera, algo inédito en la bibliografía hasta el momento”.
Jacobo destacó que este valor de fijación, que estimó con la metodología del IPCC (Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático), es coherente con los registrados en otros ecosistemas naturales templado-húmedos de Europa, similares a los de la Depresión del Salado. “El manejo adecuado del pastoreo hace que las especies de pastos se mantengan vigorosas y que la cobertura del suelo sea alta, y esto genera un aporte permanente de carbono al suelo a través de las raíces. Hasta ahora no se sabía en qué medida el manejo adaptativo podía aumentar la materia orgánica de los suelos”.

PRESCINDIR DEL PETROLEO
“Bien usados, los sistemas naturales muy productivos, como los del Salado, son eficientes; me refiero a la relación entre la velocidad a la que se consume la energía fósil y cuánta de ella termina contenida en el producto animal. Lo novedoso de mi trabajo son los valores a los que se puede aumentar la producción de carne aportando muy poca energía. Sólo manejando el pastoreo y haciendo un pequeño reemplazo del pastizal en los suelos buenos se pueden alcanzar valores de hasta 200 ó 210 kg de carne/ha”, explicó Jacobo, quien en 2016 publicó estos resultados en la revista científica Agriscientia.
La docente señaló que las conclusiones de su trabajo son válidas para las sub-regiones más importantes de la Depresión del Salado, donde el pastizal natural cubre aún el 80% de la superficie. En este sentido, agregó: “Esta es un área clave para el país. Ecológicamente, abarca el pastizal templado-húmedo menos transformado del país; económicamente, posee el 20% de todo nuestro stock ganadero, y en términos sociales incluye un 47% de pequeños y medianos productores, con menos de 250 vacas”.

EL SIGNO PESOS, PRESENTE
“Como dije antes, producir sin insumos puede duplicar la producción de carne. Pero también es cierto que agregar insumos puede aumentarla hasta casi 300 kg/ha. Lo novedoso de mi estudio es que este incremento no resulta en un mayor margen bruto (el dinero que le queda al productor luego de realizar la actividad). ¿Por qué? Porque la venta de esos 100 kg/ha adicionales que el productor logró en los sistemas intensivos no alcanza para cubrir el costo de los insumos que usó para producirlos. La intensificación suele terminar en malos resultados económicos para los productores”, reveló Elizabeth.
Jacobo añadió que realizó estos análisis económicos para diferentes años, con buenos y malos precios ganaderos. “La campaña 2013-2014 tuvo buenos precios para la producción pecuaria. En ese momento, los márgenes brutos de un productor que producía 200 kg de carne/ha sin insumos y el que producía 300 con insumos eran prácticamente iguales. Sin embargo, cuando analicé campañas con precios malos para la actividad, como la del 2008-2009, encontré que quienes producían con altos insumos tenían márgenes brutos negativos. Claramente, en ese momento habrían quebrado”.
Por último, la docente se refirió a la creencia popularizada entre los productores de que cuidar el capital natural, los pastizales en este caso, se contrapone a la obtención de beneficios económicos. “Nos preocupa. Por eso, estamos pensando con otros docentes la posibilidad de realizar en primavera, junto con los productores que participaron de mi estudio y otros interesados, unos talleres para reflexionar sobre por qué el modelo de intensificación convencional es el que avanza, mientras que los manejos alternativos permanecen desconocidos. Yo creo que la naturaleza nos impone un límite y debemos respetarlo para no apartarnos del camino más virtuoso”.

(*) El artículo fue publicado por Sobre La Tierra -SLT-, el servicio de Prensa y Divulgación Científica y Tecnológica de la Facultad de Agronomía de la UBA. 

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