En busca de… Angeles Caso, escritora y periodista

La Palabra 08 de julio Por
Con todas las letras Nació en Gijón, Principado de Asturias, en España, donde vive en su zona de montaña. Estudió Historia del Arte y se desempeña profesionalmente como escritora, historiadora, historiadora del arte, traductora y editora. Actualmente prepara como escritora y editora “Grandes maestras”, el segundo tomo de una colección sobre mujeres artistas a lo largo de la historia. En esta charla comparte con LA PALABRA sus vivencias.
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1 / 2 - archivo Angeles Caso - Letras: el ámbito que eligió Angeles Caso como profesional

LP - ¿A qué jugabas de niña suponiendo lo que ibas a ser de grande? 

A.C. - A escribir cuentos. Desde los ocho años. Mi padre era catedrático de literatura y me transmitió no solo el amor por leer, sino también por escribir. Empecé a esa edad. 

LP - ¿Y qué sucedió cuando tuviste que decidir qué estudiar? 

A.C. - No sé por qué, pero lo tuve muy claro desde pequeña. Quería ser escritora, pero no quería estudiar Literatura. No quería teorizar demasiado sobre el hecho de escribir. Así que decidí estudiar Historia del Arte, mi otra pasión. 

LP - ¿Cómo definirías a la humanidad con la que compartimos este tiempo? ¿Qué te interesa y moviliza de ella? 

A.C. - No tengo muy buen concepto de la especie humana, lo lamento. No comprendo nuestra capacidad para destruir, teniendo como tenemos tanta capacidad para construir. Al mismo tiempo, los seres humanos me parecen terriblemente frágiles, y eso me inspira mucha compasión. Detesto a la especie, pero empatizo con los individuos. Y por ambas razones, trato de ser una humana comprometida en mejorar un poco el mundo en el que vivo. 

LP - ¿Con qué compromiso acompañás desde tu lugar a las mujeres en su lucha diaria? 

A.C. - Mi compromiso con las mujeres es constante y muy profundo. Cada día que pasa me vuelvo más feminista, porque cada vez comprendo mejor la terrible discriminación en la que vivimos. Siempre estoy ahí para ese combate, disponible y con ganas de pelea. 

LP - ¿Qué recibiste de tus padres y de tus hijos? 

A.C. - De mis padres, y de mi padre en particular -que ya no está-, muchas de las mejores cosas que hay en mi vida: además de su cariño, el amor a los libros, al arte, a la música, a la naturaleza. Todo eso me ha hecho disfrutar enormemente de la vida. Y también un profundo sentimiento ético. De mi hija, la única que tengo, mucha alegría y mucha libertad. 

LP - El desafío de trabajar con el pensamiento. ¿Cómo lo asumís? 

A.C. - La verdad es que no lo veo como un desafío. Creo que es mi manera de estar en el mundo. No puedo evitar reflexionar constantemente sobre lo que me rodea. Lo cual no me impide percibir y sentir, que conste. Creo que mantengo un buen equilibrio entre percepción, sentimiento y pensamiento. 

LP - Escribir. Publicar. Editar. ¿Qué te quita el sueño de todo esto? 

A.C. - A día de hoy, lo mucho que han cambiado las cosas en España respecto a los libros. En los últimos cinco años, los lectores españoles se han decantado abiertamente por un tipo de literatura muy fácil, e incluso de subliteratura. Los escritores “serios”, más complejos, hemos perdido muchísimos lectores. Eso se enmarca en un proceso que a mí me parece muy preocupante: todo lo que tenga que ver con la cultura, en España, está siendo arrasado. Desde el punto de vista cultural, en cinco años hemos retrocedido décadas. Es fácil decir que la culpa es de los políticos, que quieren silenciarnos. Y es así. Pero creo que mis conciudadanos tienen también mucha responsabilidad por permitirlo. 

LP - Cuando uno escribe un libro o un artículo periodístico. ¿Termina por ser casi un sabio que transfiere consejos y experiencias al lector modificando su existencia a partir de ese momento? 

A.C. - No creo, no... Mi pretensión como escritora no llega a tanto, la verdad. Yo no me atrevo a dar consejos a nadie. Lo único que intento hacer es reflexionar sobre la condición humana. Si mis reflexiones le sirven para algo a alguien, me doy por satisfecha. 

LP - ¿Cuándo llorás? ¿Le das importancia cuando sucede? 

A.C. - Antes lloraba mucho más que ahora. A medida que he ido cumpliendo años, he aprendido a no darle importancia a muchas cosas, e incluso a reírme de ellas. El sentido del humor me parece cada vez más importante. Así que ya solo lloro por cosas realmente muy graves. Pero llorar me parece muy bueno, muy liberador, siempre y cuando no abuses de ello, claro. 

LP - ¿Qué esperás de tu vida? 

A.C. - Otra cosa que he aprendido con los años es a esperar poco. Poder seguir viviendo en el monte, cerca de los árboles. Leer y escuchar música. Disfrutar de la gente a la que quiero. ¡Y poder pagar mis facturas! No mucho más. 

LP - Momentos destacados de tu trayectoria que seleccionarías para recordarlos. 

A.C. - Elijo tres: el primero, cuando empecé a escribir mi primera novela, con mucho entusiasmo y mucha ingenuidad respecto al mundo literario. El segundo, cuando me dieron en China un premio muy importante, en el año 2010. Al principio no le di importancia, pero luego descubrí que en la lista de premiados había varios autores a los que yo admiro muchísimo, y algunos Premios Nobel. Entonces me hizo mucha ilusión, porque estaba claro que el jurado chino había valorado simplemente mi obra, sin saber nada sobre mí. Eso me animó mucho como escritora. El tercero, lo que ocurrió el año pasado, cuando varias editoriales rechazaron publicar mi ensayo “Ellas mismas. Autorretratos de pintoras”, y conseguí editarlo yo misma gracias al apoyo de mil quinientas cincuenta personas e instituciones. Como escritora, como historiadora del arte y como feminista, fue una gran alegría. 

LP - ¿Cuál desearías que fuera tu aporte comunitario que trascienda? 

A.C. - No sé... Quizá esa revisión de la historia del arte en la que llevo trabajando toda mi vida. 

LP - Una anécdota con final feliz para compartir con los lectores. 

A.C. - Hace unos meses, decidí reeditar en mi editorial, La Letra Azul, una hermosa novela muy olvidada de una escritora, Dolores Medio. Se titula Nosotros, los Rivero, y tuvo el importante Premio Nadal en 1952. Cuando la releí hace poco, llegué a la conclusión de que la censura franquista le había cortado muchas cosas. Pero no había ninguna prueba al respecto y la autora, en vida, nunca quiso confirmarlo. Pues bien, he conseguido encontrar en un archivo del gobierno el original, con todos los fragmentos que le obligó a quitar la censura. Así que voy a editarla, dentro de unos meses, tal cual la escritora la concibió. Creo que ella estaría muy contenta. 

LP - Algo más que desees agregar. 

A.C. - Sí: ¡me encanta el acento argentino! El navegador de mi coche habla con acento argentino. Se lo puse yo entre las diversas opciones que había, por lo mucho que me gusta. 

por Raúl Vigini

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